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miércoles, 10 de junio de 2015

Tarta de queso estilo "Lestedo" para la iniciativa #comequesoquesabeabesos


Un mes más, ya está aquí el reto de este mes de La Cocina Typical Spanish, y como siempre, viene pisando fuerte, esta vez con un ingrediente que me encanta, y que ya he usado bastantes veces en el blog.


Sí, se trata del queso. Me alegré mucho cuando supe de la iniciativa de junio, que en esta ocasión venía, además, acompañada de una sorpresita…


¡Un pedazo de sorteo por cortesía de Quesería Camino la Ermita! Se trata de un lote de quesos fabuloso que seguro que está de muerte (ayyy que se me hace la boca agua sólo de pensarlo...)


No sé si lo he comentado alguna otra vez en el blog, pero me considero una absoluta fanática del queso. A día de hoy no he probado ninguno que no me haya gustado: fresco, mozzarella, gouda, emmental, maasdam, parmesano, grana padano, manchego, torta del casar, tetilla, San Simón, arzúa-ulloa, de cabra, de oveja, gorgonzola, brie, camembert... Todos me encantan. Absolutamente todos. 

Además creo que es un alimento súper versátil, que tanto se deja tomar sólo, con unas gotas de aceite por ejemplo, y acompañado de un buen pan, o haciendo de acompañamiento de cualquier plato como la pasta, la carne… En fin, que me parece un acierto tener siempre un poco de queso en nuestra despensa o nevera, merece muuuucho la pena (aunque luego se resienta la dieta, qué le vamos a hacer).


Sin embargo, hoy no os he traído una receta en la que use ninguno de los quesos que he mencionado arriba. En realidad, he optado por un tipo de queso mucho más cotidiano y, para muchos, menos “gourmet”: el queso crema (vale, philadelphia de toda la vida, pero es que me gusta ser cuidadosa con el tema de las marcas). 

Se entiende mi elección teniendo en cuenta que os traigo un plato dulce… y dejadme que os diga que delicioso. Se trata de una tarta de queso, pero no una tarta de queso cualquiera. En realidad, esta tarta tiene mucha más tradición de la que puede parecer a simple vista. Y es que en eso consisten los retos de La CocinaTS, en homenajear la cocina de nuestro país con recetas de nuestra tierra. 

Y esta tarta de queso nada tiene que ver con la típica “cheesecake” americana. De hecho, tampoco tiene nada, pero nada, que envidiarle. Se trata de una tarta de queso al estilo “Lestedo”. La empresa “Lestedo” se encuentra en Lestedo, Boqueixón, muy cerca de Santiago de Compostela, y lleva haciendo estas tartas de queso desde hace muchísimos años. Son muy típicas de esta zona y están deliciosas, por lo que han conseguido que su fama llegue a todos los rincones de Galicia. Para muestra, un botón:

Fuente: http://www.tartaslestedo.com/image/galeria/tn_tartas-51.jpg
Creo que me ha quedado muy del estilo, ¿no? Estética aparte, lo que sí estaba era deliciosa, madre mía. De hecho, ya os lo advierto: si estáis en plena operación bikini, absteneos de hacerla, será imposible resistirse… Y para los demás, aquí os dejo la receta.


Receta de Tarta de queso tipo “Lestedo” 
Ingredientes para un molde de 18 cm
- Un paquete de galletas María o similar
- 120 gr de mantequilla
- 400 ml de nata para montar (35% materia grasa)
- 100 gr de azúcar
- 1 sobre de gelatina de limón
- 1 vaso de agua
- 250 gr de queso crema
- 350 gr de mermelada de fresa
- 2 hojas de gelatina neutra (cola de pescado)

En primer lugar, trituramos las galletas, bien con un robot de cocina o, como hice yo, a mano. El truco es sencillo: meted las galletas en una bolsa de plástico, a poder ser grueso, y golpeadlas hasta que queden hechas polvo (literalmente), con un rodillo o, si no tenéis, una botella de vidrio. En un recipiente apto para el microondas fundimos la mantequilla, y la añadimos a nuestras galletas trituradas. Mezclamos bien hasta que obtengamos una especie de “migas” bien jugosas y forramos con esta masa nuestra base para la tarta. Engrasamos bien los laterales del molde con la mantequilla que nos sobre, o bien con un spray desmoldante, e introducimos todo en el congelador, para que la base se endurezca.

A continuación, añadimos el agua en un cazo pequeño y lo llevamos al fuego. Cuando rompa a hervir, añadimos la gelatina, bajamos la temperatura y removemos bien hasta que se haya disuelto por completo. Retiramos del fuego y dejamos templar unos 10 minutos.

En un recipiente o bol amplio, montamos la nata, que debe estar bien fría, añadiendo poco a poco el azúcar en forma de lluvia. Es conveniente que no lo echéis todo de una sola vez, para que la nata se monte con más facilidad. Reservamos.

En otro recipiente, echamos el queso crema y removemos un poco con ayuda de una espátula o lengua, para que no esté demasiado duro. Añadimos la gelatina que habíamos dejado templar y mezclamos todo muy bien hasta obtener una masa homogénea. 

Por último, añadiremos la mezcla de queso y gelatina a la nata montada, con mucho cuidado para que no se nos baje. Para eso, recomiendo que lo mezcléis todo con ayuda de una espátula o lengua haciendo movimientos envolventes. 

Sacamos nuestro molde del congelador y añadimos la mezcla anterior. Lo llevamos a la nevera y dejamos que cuaje durante 24 horas. 

Al día siguiente, haremos la cobertura. Para ello, pondremos a hidratar la gelatina en un cuenco con agua fría durante 10 minutos aproximadamente, y en otro recipiente echaremos la mermelada. La calentamos en el microondas en intervalos de 15 en 15 segundos hasta que se haya licuado (podemos añadir una o dos cucharadas de agua si es demasiado espesa), y cuando esté lista le añadimos la gelatina, removiendo sin parar hasta que se haya integrado. Dejamos templar 5 minutos la mezcla, y a continuación la esparcimos por la superficie de nuestra tarta de queso. La metemos de nuevo a la nevera unas 4 horas, y estará lista para ser degustada. 


Como veis, una tarta sencilla, económica y deliciosa. Si queréis triunfar en alguna cena, comida o cualquier celebración que tengáis, apostad por esta receta. En casa de mi abuela no dejaron ni las migas… Un éxito total. 

Ahora me retiro, que tengo que seguir trabajando y el tiempo apremia. Disfrutad de la tarta a mi salud, y no olvidéis echar un vistazo a los platos que han preparado mis compañeros del reto pulsando en este enlace.

Nos vemos pronto, con una receta nueva que seguro que os gustará…

Un besiño!

Información nutricional de la tarta de queso tipo "Lestedo"
Calorías totales: 4662 kcal
Calorías por ración (14 raciones): 333 kcal/ración

lunes, 1 de junio de 2015

Una despedida muy especial... ¡con un toque dulce! mikados caseros


La entrada de hoy me hace especial ilusión. 


Como blogger, me encanta bucear todos los días por la blogosfera para descubrir recetas nuevas, otros blogs, o bien darle un repaso a los que ya conozco y de los que soy seguidora. Tengo mi lista de seguimiento llenísima en ese sentido, y muchas veces no alcanzo a visitarlos todos en semanas, pero aun así me encanta tenerlos a mano en cualquier momento.

Sin embargo, hay algunos blogs muy puntuales que son casi un must en mi día a día bloguil. Son esos cuyas recetas nunca (o casi nunca) fallan, cuyos textos da gusto leer, y con unas fotos espectaculares que dan ganas de ponerse a darle lametazos a la pantalla del portátil. Podría citar muuuchos ejemplos, pero hoy prefiero centrarme en uno en concreto: Tengo un plan B. Un blog chulísimo cuya creadora, Beatriz, además de ser una máquina como cocinera y repostera, y de tener una mano con la cámara de fotos admirable, nos cuenta en cada receta un pedacito de su día a día, con total sinceridad y mucho sentido del humor. Basta con leer sus posts para conocerla un poquito más y ver que es una blogger genial.


Por eso, cuando Aisha de La cocina de Aisha, decidió organizar un evento blogger para rendirle homenaje a Bea ahora que se marcha a los EEUU, no pude decir que no. 

Así que aquí estoy, poniendo mi granito de arena en esta despedida blogger colectiva que hoy le queremos dar a Bea, porque es una máquina, porque se lo merece y porque va a vivir una aventura maravillosa al otro lado del charco, ¡eso seguro!


Por eso, he tirado de inspiración y he cogido prestada la idea de una receta de su blog, la de mikados caseros, la he tuneado y traído para vosotros. He tenido que cambiar los ingredientes porque la receta de Bea lleva huevo y yo no tenía, pero aun así veréis que salen muy ricos. Bea los decora con frutos secos y sprikles con ayuda de sus niñas, lo que es una idea genial si tenéis hijos, sobrinos, o en general cualquier pequeñajo que ande por la casa. 

La receta es sencilla y pueden ayudaros los peques perfectamente, tanto a hacer los palitos de masa como a bañarlos con chocolate (eso sí, vigilad que no os hagan como mi sobrino, que reparte una cucharada para la masa, otra para él, y en nada te das cuenta de que no queda chocolate en el cuenco…). Yo he prescindido de la decoración porque, al ser la primera vez que los hacía, quise ser todo lo fiel que podía al aspecto original de los mikado. Y creo que ha dado resultado, ¿no molan un montón?


Y encima, están riquísimos, os lo aseguro. Si no me creéis, probad a hacerlos, os dejo la receta.

Mikados de chocolate caseros
Ingredientes para 30 unidades
- 130 gr de harina de trigo
- 20 gr de mantequilla a temperatura ambiente (mantequilla pomada)
- 20 gr de azúcar glass
- 50 ml de agua
- 1 pizca de sal
- Chocolate negro de cobertura (chocolate para postres)

Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo.

En primer lugar, mezclamos con ayuda de una batidora de varillas, o un robot amasador, la mantequilla con el azúcar, hasta obtener una mezcla cremosa. 

Tamizamos y añadimos la mitad de la harina, y seguimos mezclando bien. Añadimos el agua, sin dejar de batir, y cuando la masa tenga un aspecto más o menos homogéneo, echamos el resto de la harina tamizada, la sal y mezclamos bien. Podemos cambiar las varillas por una espátula en este punto para terminar de mezclarla.

Pasamos la masa a una superficie ligeramente enharinada. Amasamos unos minutos, añadiendo un poco más de harina si es necesario. No debe pegársenos nada a las manos. De todos modos, es mejor que vayáis añadiendo la harina en pequeñas cantidades, para no pasaros (y que no os queden ladrillo-mikados). Cuando la masa sea lisa y nada pegajosa, la estiramos en nuestra superficie de trabajo con ayuda de un rodillo hasta que tenga un grosor de aproximadamente medio centímetro, y cortamos tiras del mismo grosor (más o menos 1 cm). Amasamos cada una para darles forma de bastón, y las vamos colocando sobre papel de horno. 

Cuando las tengamos todas (lleva algo de tiempo, no os lo voy a negar), pasamos la lámina de papel sulfurizado a una rejilla, y horneamos los palitos durante 10 minutos, o hasta que se doren.

En un cuenco apto para microondas, fundimos el chocolate troceado. Yo he usado chocolate negro pero podéis elegir el que más os guste (o el que más guste a vuestros peques). Debe quedar todo fundido y bastante líquido.

Sacamos los bastones del horno cuando ya estén en su punto y los dejamos enfriar sobre una rejilla. Cuando estén templados, iremos bañándolos uno a uno en el chocolate (nos podemos ayudar de una cuchara para que nos resulte más fácil). Los colocamos sobre el papel de horno y los dejamos enfriar en la nevera durante unos 20 minutos. Cuanto más los dejéis enfriar, más aguantará después el chocolate sin derretirse en nuestras manos (y menos os pringaréis).

Los comemos sin remordimientos.


Veis que se trata de una receta sencilla, rápida, rica y vistosa. Vamos, todo un acierto, como todo lo que hace Bea en su blog. No dudéis en visitarlo y disfrutar de sus creaciones, merecen muchísimo la pena.

Así que aquí me despido: Bea, muchísima suerte en tu nueva aventura, espero que tengas un viaje maravilloso y que todo te vaya genial al otro lado del océano. Y que nos sigas deleitando, aunque sea en la distancia, de tus fantásticas recetas. ¡¡Te mandamos todas las bloggers un beso enorme!!

Y me despido también de vosotros, hasta mi próxima entrada, que me parece que será muuuy dulce…

Un besiño!

Información nutricional de los mikados de chocolate caseros
Calorías totales: 1032 kcal
Calorías por ración (30 raciones/palitos): 34,4 kcal/palito

sábado, 10 de enero de 2015

Croquetas de marisco light, o croquetas milagro (#croqueteandoTS)


Bueno, hoy toca entrada-express básicamente porque esta semana estoy a tope de trabajo y apenas he podido sacar tiempo para nada que tuviera que ver con la cocina. Quería hacer una entrada para enseñaros todo lo que me han traído los Reyes este año, casi al 100% regalitos gastronómicos, pero me da que va a tener que quedar para otro día. 


Y es que se me termina el plazo para que presente el reto de La Cocina TS, en el que este mes la receta estrella ha sido la de las croquetas. Y la verdad, apenas he tenido tiempo para dedicárselo. ¿Alguna vez os ha pasado eso de que preparáis una receta con días de antelación, compráis todos los ingredientes expresamente para cocinarla, usáis toda la cacharrada necesaria, y al final sale un desastre, o directamente no os sale nada a derechas? Pues oye, a mí hoy todo lo contrario. Iba a tirar la toalla, pensando que ya no tendría tiempo para prepararlas, y al final, en el único cuarto de hora libre que he tenido en el día, me puse a improvisar una receta de croquetas lights a partir de varias ideas que había visto en internet, ¡y salieron! ¡Y no sólo eso, estaban buenas, muy buenas! Vamos, que ha sido un milagro corquetil en toda regla. Así que con ellas participo en el reto de este mes de La Cocina Typical Spanish.


Ya sé que muchos pensaréis: jo, croquetas, con lo ricas que están, ¿cómo ibas a dejar pasar esta oportunidad? Pues qué queréis que os diga, a mí las croquetas bien hechas me gustan, pero soy bastante especialita: no me gusta que el relleno sepa todo a bechamel; tampoco que chorreen de aceite; y creo que se pueden contar con los dedos de una mano las veces en mi vida que he podido probar unas croquetas de jamón buenas de verdad (y creedme, he probado muchas). A esto sumadle que la bechamel me destroza el estómago, y que debo de comer como mucho dos veces al año alimentos fritos, pues ya tenemos un veredicto: croquetas+Lucía en la cocina= fracaso total. Y encima, no había manera de encontrar recetas que fueran realmente ligeras. ¿¿Veis como es un milagro que haya llegado esta entrada al blog?? 


Espero que os animéis a probarlas: son croquetas de marisco muy ligeras, porque no están hechas ni con nata ni con mantequilla, y no llevan harina tostada. Tampoco están fritas: son croquetas al horno. Así que las calorías se reducen considerablemente, como podréis deducir. He elegido este relleno básicamente porque, como buena gallega que soy, me gusta el sabor a mar en cada plato e intento transmitir eso en mi receta, aunque sea con ingredientes comprados como ha sido el caso. Es una receta con la que podéis salir del paso si andáis algo apuradillos o no tenéis ganas de complicaros mucho la vida y conseguir de forma fácil unas croquetas ricas de verdad.

Os voy a dejar ya con la receta, porque estoy a tope de trabajo (auguro una noche laaarga frente al ordenador) y encima este fin de semana voy a estar poco o nada disponible: a la vuelta os contaré por qué :)

Receta de croquetas de marisco lights (media docena)
- 250 ml de leche semidesnatada (un vaso lleno)
- 2 cucharadas de café de fécula de maíz (maicena)
- ½ cucharadita de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharadita de cebolla molida
- ½ cucharadita de ajo picado
- 1 pizca de nuez moscada
- 3 palitos de surimi
- 4 cucharadas de salvado de avena
- 1 cucharada de semillas de lino dorado

En primer lugar, preparamos nuestra “falsa bechamel”. En un cazo, echamos el aceite, el ajo y la cebolla y los tostamos ligeramente. Disolvemos en la leche fría las dos cucharadas de maicena, y lo vertemos en el cazo. Lo cocemos todo a fuego alto, sin dejar de remover, hasta que comience a espesar. Echamos también la nuez moscada (al gusto, a mí con una pizca me fue suficiente). Ahora, paciencia: no dejéis de remover si queréis que espese. Si no lo hacéis, la masa seguirá siendo líquida y será imposible dar forma a las croquetas. Tardará en coger la consistencia adecuada unos 15 minutos. Podéis mantener el fuego fuerte y si veis que se os tuesta mucho la crema en la base, lo bajáis a fuego medio unos minutos, y luego lo volvéis a subir. Alternad las temperaturas pero procurad no apartar del fuego la mezcla en ningún momento. Cuando esté lista, la retiramos del calor. Picamos bien finitos los palitos de marisco o surimi, y los añadimos a la mezcla. Removemos para integrarlo bien y reservamos. En cuanto se temple, lo metemos a la nevera durante aproximadamente media hora. 

Precalentamos el horno a 200º.

En un plato o un bol amplio, echamos el salvado de avena junto con las semillas de lino. Sacamos la masa de la nevera y con la ayuda de dos cucharas damos forma a la masa (podemos hacer bolitas, o más aplanadas, eso al gusto de cada uno). Las rebozamos bien, y las colocamos sobre un papel de horno en una rejilla. Las metemos al horno unos 10-12 minutos, con calor arriba y abajo y ventilador. Si vemos que transcurrido ese tiempo no se han tostado mucho por la superficie, podemos poner el grill, pero vigiladlas bien para que no se os pasen.
Sacamos del horno y servimos.

Sé qué no tienen una súper pintaza pero de verdad os digo que están muy buenas. Y yo soy muy exquisita con el sabor de las croquetas. La corteza queda muy crujiente, y al no freírse no quedan nada grasientas, lo que potencia todavía más su sabor.

Si queréis ver qué otras recetas se han preparado para el reto de este mes, no dudéis en ver el recopilatorio pulsando aquí.

Os animo, como siempre, a que las preparéis y me contéis qué tal os han salido. Ahora os dejo que tengo que entregar un trabajo antes de que me empiece a caer de sueño frente al portátil... Aiinsss qué duro es el mes de enero para el estudiante universitario... 

Volveré pronto y con muchas cosas que contar, os lo prometo, además de alguna sorpresilla de año nuevo que os contaré en primicia. 

Un besiño enorme!

Información nutricional de las croquetas de marisco:
Calorías totales: 242 kcal
Calorías por ración (6 croquetas/raciones): 40,3 kcal/ración

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Galletas para despedir el año!


¡Hola a todos! Esta es mi última entrada del año, siiii, ¡¡adios 2014, hola 2015!! Y qué mejor despedida le puedo hacer yo a este año tan importante en mi vida, que regalándole mis últimas horas en él horneando estas deliciosas galletas glaseadas, decoradas especialmente para la ocasión, por supuesto. 


Es que este año ha sido muy intenso, y muy importante en mi vida, por tantísimas cosas que si me pusiera a escribirlas tendríamos aquí entrada para leer durante todo el 2015. Tanto en el terreno personal, como en el profesional, ha sido un auténtico torbellino, y un año de muchísimas emociones. De risas y llantos, de despedidas y bienvenidas. Pero en general ha sido un buen año, y viendo cómo está el mundo, no me puedo quejar, nada en absoluto.


Esta entrada va a ser breve, más que nada porque es tarde y quiero que la podáis disfrutar antes de que den las campanadas. Y porque no creo que necesitéis mucho más que saber que estoy encantada con el nuevo rumbo que está tomando el blog, y que es en gran medida por vosotros, los que lo leéis, que estáis ahí aunque no os vea, pero que sé que lo apoyáis de corazón. Y para todos los que habéis ido comentando en los últimos posts, me encanta poder comunicarme con vosotros y hablar de lo que más nos gusta: la cocina.

Por eso, esta entrada también os la quiero dedicar, para daros las gracias por estar ahí detrás, leyéndome y viendo mis creaciones. Sin vosotros el blog no sería lo mismo. Gracias de corazón. 

Y ya que estamos haciendo declaraciones, aunque a lo mejor no lo lea, quiero agradecer a mi hermana todo su apoyo en la cocina, por su experiencia en los fogones, sus maravillosas recetas y su paciencia. Y a mi madre por todo su apoyo y amor, que haga lo que haga está ahí siempre dándome ánimos. A mi cuñado, tanto de lo mismo (y que me deja usar su súper cámara de fotos, sin la que el blog estaría muuuucho peor, creedme!). Y a mis amigos, especialmente a Jeny, que además de gran catadora de postres es una genial compañera en todo. Gracias a todos chicos por este año genial que me habéis dado :). ¡Este brindis os lo dedico a vosotros!


Sin mucho más que decir, que ya he dicho suficiente, os dejo con la receta, de unas galletas muy festivas para despedir el año y dar la bienvenida a uno nuevo que viene. Son galletas de mantequilla sin gluten, y por lo tanto aptas para celíacos, con un glaseado de frambuesa riquísimo que no dejará indiferente a nadie.


Receta de galletas de mantequilla glaseadas (sin gluten)
- 100 gr de harina de arroz*
- 90 gr de harina de espelta*
- 60 gr de harina de maíz*
- 100 gr de azúcar blanco
- Una pizca de sal
- 175 gr de mantequilla pomada
- Una yema de huevo

*Ver anotaciones finales

En un bol, mezclamos las harinas, junto con el azúcar y la sal. Hacemos un hueco en el medio, como si fuese un volcán, y echamos la yema de huevo. Amasamos bien (podemos hacerlo a mano o con la amasadora, yo lo hice a mano). Echamos la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente, y la integramos bien hasta que obtengamos una masa lisa y compacta. 

Partimos la masa a la mitad, y hacemos dos bolas con cada cacho. Estiramos cada una sobre un papel de horno, hasta que tenga un grosor de unos 4 milímetros, y las metemos al frigorífico durante una hora aproximadamente. Transcurrido ese tiempo, las sacamos y con un cortador circular, o un vaso de cristal, cortamos círculos con la masa del mismo tamaño. Las ponemos sobre un papel sulfurizado y las metemos al horno, precalentado a 180º con calor arriba y abajo, durante 15-18 minutos. Las galletas aumentan un poco su tamaño, pero no pierden demasiado la forma, aunque recomiendo no usar esta receta para cortadores demasiado complejos, sólo para formas básicas. Transcurrido ese tiempo, o cuando veamos que se empiezan a dorar por los bordes, las sacamos y las dejamos enfriar sobre una rejilla. No las manipuléis hasta que no se hayan enfriado, o se os romperán. 

En total, salen unas 25 galletas de buen tamaño.


Receta para el glaseado de frambuesa
- Una clara de huevo
- 1/3 tsp de crémor tártaro*
- 200 gr de azúcar glass
- Aroma de frambuesa

*Ver anotaciones finales

En un bol amplio, echamos la clara de huevo y el crémor tártaro. Los mezclamos con la ayuda de una batidora de varillas hasta que empiecen a espumar. 

En otro bol, tamizamos el azúcar glass. Lo vamos añadiendo a cucharadas a la mezcla anterior, sin dejar de batir a velocidad media. Cuando lo hayamos echado todo, añadimos unas tres gotas de aroma de frambuesa, y mezclamos bien.

Separamos dos cucharadas soperas de este glaseado, que será nuestra glasa de delineado, es decir, con la que dibujaremos los bordes de nuestra galleta con la ayuda de una manga y una boquilla de nuestra elección. Al resto de nuestro glaseado le iremos añadiendo unas cucharadas de agua fría y mezclaremos bien, para licuarlo y que nos sirva para el relleno.

Dejamos secar unas 8 horas (dependiendo de la humedad de vuestra casa). Decoramos como más nos guste.


Para la decoración: con la ayuda de un sténcil, pintamos la superficie de la galleta con un pincel. Yo he usado colorante dorado líquido de Rainbow Dust y lo he diluido un poco con alcohol para repostería de Sugarflair. Lo dejamos secar unos 20 minutos, y ya tenemos listas nuestras galletas.

*Ver anotaciones finales

Consejos/Variaciones:
  • Aunque esta receta está adaptada para celíacos, y por tanto no tiene gluten, los que no tengáis esta intolerancia podéis hacerla igualmente usando harina normal. Bastará con usar 250 gr de harina de trigo blanca en lugar de la mezcla de harinas que os pongo en la receta, que por cierto es una adaptación de las "Cookies lluvia de color", del libro Cookies y pastas paso a paso, de María Ballarín (pág. 18).
  • El crémor tártaro ayuda a que las claras no suban y se consiga la consistencia adecuada en el glaseado. Yo he usado 1/3 de teaspoon, es decir, sobre 1,5 ml. Si no lo tenéis, no pasa nada, podéis prescindir de él. Simplemente id añadiendo el azúcar a las claras sin haber batido éstas con anterioridad, y podéis obtener igualmente buenos resultados.
  • Yo he usado una boquilla bastante más ancha de lo que quería, porque no fui capaz de encontrar la que uso en estos casos, que suele ser una número 3 o 4 de Wilton. Vosotros usad la que mejor os funcione, aunque pensad que cuanto más ancha sea, más glaseado usaréis para el delineado, y puede que luego no os llegue para el relleno.
  • En cuanto al stencil, para los que no lo hayáis usado nunca, o incluso si nunca lo habéis visto, es una plantilla que se usa en repostería, tanto para galletas como para fondant, y la verdad es que da buenos resultados si la usas bien (se nota que yo aún soy novata, jeje). El mío tiene un reloj dibujado, me costó 3,95€ y lo compré aquí
  • Es MUY IMPORTANTE que no manipuléis las galletas una vez han salido del horno. Dejadlas que se enfríen del todo, porque si no se os romperán en las manos nada más tocarlas. Esto ocurre porque tiene una elevada proporción de grasa (mantequilla en este caso) para la harina que lleva, pero le da también una textura muy rica a la hora de comerlas, ya veréis.
  • La receta del glaseado la he adaptado de esta de El rincón de Bea, y en ella os explica todo lo que necesitáis saber para conseguir una buena glasa.
  • La decoración es opcional, podéis comeros las galletas tal cual, o cambiar el glaseado (colorearlo, añadir sprinkles o nonpareils, etc), ya sabéis, ¡imaginación al poder! 


Bueno, ahora sí que me despido. Os deseo a todos un feliz año nuevo, que el que venga sea mejor que el que se va, y que nos traiga a todos muchas alegrías y salud para disfrutarlas con nuestros seres queridos.

Bueno, vale, sí. ¡¡¡Y muchas nuevas recetas con las que disfrutar de la cocina!!!

¡¡¡FELIZ AÑO 2015 A TODOS!!!

Un besazo (el último y más especial del año)

Lucía

Información nutricional de las Galletas de mantequilla con glaseado de frambuesa:
Calorías totales: 3379 kcal
Calorías por ración (25 galletas/raciones): 135,16 kcal

sábado, 13 de diciembre de 2014

Porque hoy es día de fiesta: Lussekatter o bollos suecos de Santa Lucía


En mi casa siempre hemos sido partidarios de celebrar los Santos. A ver, tampoco hacemos un fiestón ni nada parecido, pero sí que nos regalamos algún detallito y hacemos algún postrecillo especial para la ocasión. De todo mi entorno, soy la única persona que tiene esta costumbre en la familia, por lo que sé que a muchos os podrá extrañar. Pero para mí, qué queréis que os diga, es algo tan común como celebrar el cumpleaños.

Y como en cuestión de festividades me gusta estar al día, no podía dejar pasar la oportunidad para traer al blog un poquito de esa felicidad que nos inunda a todos cuando celebramos algo. Y es que hoy, 13 de diciembre, ¡es mi santo!


¡Sí! Hoy es Santa Lucía, y desde muy pequeñita se convirtió para mí en un día muy especial, era una especie de antesala de la Navidad. Y siempre me ha encantado poder celebrarlo en familia. Pero no sólo es importante por eso, ya que el 13 de diciembre es para muchas culturas un momento esencial del año, al coincidir según el calendario Juliano, con el solsticio de invierno, siendo así el día más corto del año a partir del cual se alargan los días. Y es que ya se dice aquí en Galicia: Santa Lucía, saca da noite e mete no día (Santa Lucía, saca de la noche y mete en el día). Para muchos países nórdicos, este hecho es importantísimo: pensad que el día por lo general tiene muy pocas horas de luz para ellos en invierno, y a partir de esta fecha se consideraba que empezaban a aumentar, así que es una fecha que respetan mucho, y que por supuesto celebran.

Yo, como ya he dicho, os he traído al blog mi pequeño homenaje particular al día de Santa Lucía, haciendo para la ocasión unos Lussekatter o bollos de Santa Lucía, típicamente suecos. Resulta que buscando información en internet, me encontré con una leyenda muy bonita que os resumo: se dice que hace muchos años, ocurrió un milagro en Suecia, una noche próxima a la Navidad, en una época de mucha hambre. Se apareció de repente una niña con luces en el pelo, y repartió dulces entre los niños. Desde entonces, en Suecia se celebra una fiesta anual y las niñas se visten de Santa Lucía, pues asociaron a este milagro su figura, hacen bollos de azafrán y beben vino caliente especiado. ¡Incluso organizan un desfile y todo!


Estos bollitos suecos de azafrán, Lussekatter, Lussebuller, Lussekuse o cómo prefiráis llamarlo (tiene como veis muchos nombres distintos), están hechos sin azúcar y la receta es bastante sencilla de hacer. Sólo necesitáis un poquillo de paciencia en los leudados, y por lo demás estará rodado. La masa es sencilla de manejar y no me ha dado ningún problema, así que de verdad os la recomiendo. He adaptado la receta de esta y he hecho algunas modificaciones, espero que os guste, y celebréis horneando a gusto el día de Santa Lucía.


Receta de Lussekatter, bollos de Santa Lucía o bollos de azafrán
- 1 tsp de hebras de azafrán
- 175 ml de leche
- 50 gr de queso quark
- 50 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 2 huevos
- 30 gr de sirope de agave
- 490 gr de harina de trigo todo uso
- ½ tsp de sal
- 12 gr de levadura fresca
- Un puñadito de pasas

En un cazo, calentamos la leche con el azafrán y el sirope de agave. Llevar casi a ebullición removiendo continuamente para integrar bien el agave. Apartamos del fuego y dejamos templar. Después, añadimos la levadura fresca desmenuzada y esperamos 5-10 minutos. 

En un bol, mezclamos la harina y la sal. Hacemos un hueco en el medio y añadimos la leche, el queso, un huevo entero y medio huevo batido (el otro medio lo reservaremos para barnizar después nuestros panecillos). Mezclamos todo bien, ya sea con ayuda de una batidora o robot de cocina (recomiendo usar palas, no varillas), y cuando veamos que la mezcla se hace una bola, amasamos sobre una superficie ligeramente enharinada, o, como hice yo, seguimos amasando en el robot de cocina con el accesorio de gancho. Es una masa que debe quedar jugosa, pero no pegajosa.

Engrasamos con aceite otro bol, donde echaremos nuestra masa para dejar que levede, cubierta con papel film, de 1 a 2 horas hasta que doble de tamaño (yo la dejé 1 hora y 40 minutos, pero dependerá de la temperatura de vuestra casa y de la humedad). Cuando veamos que ha crecido, la echamos sobre un papel sulfurizado y la desgasificamos dándole pequeños golpecitos a la masa. Con un cuchillo o una rasqueta, cortamos piezas del mismo peso (yo hice 10 en total, pero os recomiendo que hagáis más, porque salen unos bollos muy grandes; cortad unas 14 o 15). Estiramos la masa en tiras de unos 30 centímetros, y las enrollamos. Colocamos los bollitos en papel de horno sobre una bandeja, con suficiente separación entre ellos, porque crecen bastante. Cubrimos la bandeja con un plástico o papel film y las dejamos levedar de nuevo de 30 minutos a 1 hora (yo los dejé 35 minutos), hasta que doblen de nuevo su tamaño.

Precalentamos el horno a 205º. Barnizamos los bollos con el huevo batido que habíamos reservado, ponemos una pasa en el centro de cada espiral, y las metemos en el horno, de 12 a 15 minutos, según lo doradas que las queramos. 

Dejamos enfriar y servimos.


Son unos bollitos muy agradecidos, que admiten combinaciones tanto dulces como saladas, y que permiten alterar el grado de dulzor en la medida en que queramos. Además, son preciosos, ¿no creéis? 

En mi casa sorprendieron, la verdad. Encima, al no llevar azúcar refinado, su índice glucémico es mucho menor, por lo que resulta apto para las personas con diabetes (siempre con moderación). Así que os animo, como siempre, a que los probéis, y me contéis cómo os han salido. De verdad que son bastante sencillos, es una de las masas más manejables con las que he trabajado, y permiten tantas posibilidades y variaciones... vamos, que no os extrañe volver a verla por el blog, con algún que otro cambio de sabor, porque esta la repito fijo!

Me despido no sin antes desearos a todos un muy feliz día de Santa Lucía, y que tengáis un fin de semana estupendo.

Uno no, ¡¡muchos besiños!!

PD: me han regalado un montón de detallitos para cocinar, entre ellos un molde de pandoro (sí, de pandoro; sí, estoy que no quepo en mí de felicidad), unos mini moldes redondos para hacer mini tartas, washi tape nuevo y gas para mi soplete nuevo (preparad el paladar para una buena crème brûlée, porque se postula como una muy próxima receta del blog... ¡estad atentos!). 

Información nutricional de los Lussekatter (Bollos de Santa Lucía) o bollos de azafrán:
Calorías totales: 3187'5 kcal
Calorías por ración (10 raciones/bollos): 318,75 kcal

domingo, 7 de diciembre de 2014

Christmas is coming! Apfeltaschen o empanadillas de manzana (FoodBloggers Ttm)


Desde que empezó diciembre, mi sobrino pequeño nos manda a todos en casa a cantar villancicos por la noche antes de ir a cama. No es una opción: coge su batuta (improvisada, por supuesto), nos pone a todos en fila, y ale, a cantar todos. ¡Y ojito con equivocarse! Que como alguien diga una palabra más o termine a destiempo, hay que empezar de nuevo. En resumen: estoy del “arre borriquito” hasta el moño, y aun no estamos a mediados de mes.


Deduciréis, por tanto, que en mi casa el espíritu navideño ya ha empezado a hacer mella en todos. Y no me quejo: la Navidad es mi época favorita del año, la mejor fiesta de todas. Desde siempre. Así que, en el fondo, me gusta esto de empezar ya a pensar en recetas festivas, en galletas especiadas, en chocolate a la taza y roscón de Reyes.


Así que no me he quejado ni un poquitín cuando he visto las propuestas del Reto Foodbloggers Trotamundos para este mes, pues nos transportan nada más y nada menos que a Alemania, un país en el que hace tiempo que pienso automáticamente cuando alguien dice “compras” y “Navidad” en una misma frase. Y es que es ver en la televisión o en internet las imágenes de esos mercadillos navideños alemanes y me derrito por dentro. 

Si ya flipé el año que estuve en París la víspera de Navidad, con el mercado de los Campos Elíseos (que tuve que ver corriendo por motivos de horario, snif, snif), no quiero imaginar cuando tenga la oportunidad de viajar a Alemania en Navidad… aiiiiins, me sale una sonrisa sólo de pensarlo. 


Por eso, hoy os traigo una receta típicamente alemana, las apfeltaschen, que básicamente son una versión más individual del típico apfelstrudel, o pastel de manzana. Las apfeltaschen son empanadillas rellenas de manzana horneadas con almendra y pasas, aunque admite multitud de versiones, por lo que he podido ver en la red. Ya sabéis que yo soy dada a adaptar mucho las recetas, sobre todo para aligerarlas en carga calórica y para ajustarlas según las necesidades especiales de los que me rodean. Por eso, esta receta no lleva azúcar. Ni pizca. Y por tanto puede ser apta para diabéticos. 


Tengo que agradecer a Leila de La nueva cocina de Leila por ser la anfitriona del reto de este mes, y proponernos unas recetas tan fantásticas. Y también a Aisha de La cocina de Aisha, y Mon, de April’s kitch por administrar una comunidad tan genial como es la de Foodbloggers Trotamundos, y aceptarme en ella, por supuesto.



Sin más, os dejo con la receta. En mi casa ha gustado mucho, espero que a vosotros también. ¡A ver qué os parece!


Receta de Apfeltaschen (Empanadillas de manzana)
- 1 plancha de hojaldre
- 1 manzana red delicious (o del estilo, también vale la royal gala)
- Medio limón
- 1 cucharadita de edulcorante líquido (yo he usado aspartamo, pero la stevia vale también)
- 2 cucharaditas de harina de almendras
- 3 cucharadas de almendras laminadas
- 2 cucharadas de pasas
- 1 cucharada de naranja confitada en dados o picada
- 1 cucharadita de canela en polvo
- 2 cucharaditas de extracto de vainilla

Pelamos la manzana y la cortamos en dados muy pequeños (brunoise), procurando que sean más o menos del mismo tamaño, las echamos a un cuenco y añadimos el zumo de medio limón para evitar que se oxiden. Removemos bien y añadimos enseguida el edulcorante líquido (también se pueden añadir unas gotas de miel, aunque si se padece diabetes es mejor evitar aumentar demasiado el índice glucémico). Añadimos la harina de almendras, la almendra laminada, las pasas, la naranja confitada (si la tenemos en rodajas, habremos de cortarla en cubitos pequeños) y removemos muy bien la mezcla, procurando que todos los ingredientes queden bien integrados. Por último, añadimos la canela y la vainilla, y con ayuda de una cuchara removemos de nuevo para mezclar bien los sabores. Tapamos la mezcla con papel film y metemos a la nevera durante aproximadamente una hora (yo la dejé casi dos pero con una es suficiente). Así aseguraremos que la manzana absorba todos los aromas y quedará un relleno mucho más sabroso.

Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo. Sacamos el hojaldre de la nevera y la extendemos en una superficie lisa. Cortamos la plancha de masa de la forma que más nos guste: yo he hecho cuadrados grandes y con el hojaldre que me sobró hice rectángulos más pequeñitos, pero esto va según el gusto de cada uno. ¡Creatividad a tope!

Sacamos la mezcla de la nevera. En cada cuadrado que hemos recortado, echamos una cucharada generosa de la mezcla. Debemos llenar bien la superficie del hojaldre dejando libres los extremos, pero sin miedo a echar demasiado (pensad que en el horno la masa se va a inflar mucho y no queremos que la proporción de masa supere a la del relleno). Así que sed generosos con el relleno, lo agradeceréis después. Cerramos cada empanadilla con otro cuadrado de igual tamaño, sobre el que haremos unos tres o cuatro cortes para que la masa respire en el horno. 

Colocamos las empanadillas en un papel sulfurizado, y las metemos al horno durante 20-22 minutos, o hasta que adquieran un tono dorado.

Consejos/Variaciones:
  • Si no sois diabéticos y queréis un relleno más dulce, podéis añadir una cucharada de azúcar moreno a la mezcla, le da un toque tostado muy rico y no enmascara demasiado el sabor de la manzana.
  • OPCIONAL: antes de meter las empanadillas al horno, podéis barnizarlas con un almíbar ligero. Os recomiendo calendar en un vasito unas cucharadas de agua y unos 20 gr de azúcar moreno. Removéis bien hasta que se haya disuelto y dejáis templar. Con ayuda de una brocha de cocina, pincelamos las empanadillas hasta haber cubierto de almíbar toda la masa y la metéis al horno. El aspecto no variará demasiado pero sí le aportará un sabor un poco más dulce a la masa de hojaldre.
  • Estas empanadillas permiten introducir numerosas variaciones en el relleno, pudiendo alterar la cantidad de especias, frutos secos o deshidratados en la medida en que prefiramos. Si os gusta mucho la canela, no hay problema en que en lugar de una cucharadita echéis dos o tres, y en lugar de pasas podemos poner arándanos, por ejemplo. ¡Vamos, que las adaptéis como más os gusten! :)

Recomiendo tomarlas templadas, cuando el relleno está todavía calentito, y el exterior crujiente. Pero no las comáis recién salidas del horno, el hojaldre podría estar todavía algo crudo y os puede sentar mal. Es mejor esperar a que se seque bien, la textura es infinitamente mejor.


Probadla y me contáis, ¡yo creo que no defrauda! Ahora os dejo, voy a aprovechar que tengo un puentecillo por delante para adelantar trabajo y así sacar tiempo libre para seguir horneando ;) En unos días, más y mejor, ¡nos vemos!

Un besiño!

Información nutricional de las empanadillas de manzana o Apfeltaschen
Calorías totales: 1238 kcal
Calorías por ración (6 empanadillas/raciones): 206 kcal

jueves, 20 de noviembre de 2014

Bizcocho de calabaza sin gluten


No suele ser lo normal en mí, pero me da la impresión de que este mes está pasando demasiado rápido. Y no será por despiste, que al fin y al cabo estoy harta de poner el día que es en los apuntes cada tarde. Pero es que no me cabe en la cabeza que estemos ya a 20 de noviembre.


¿¿Pero a dónde ha ido el resto del mes?? Si en una semana termino las clases ya, madre mía! Bueno, a ver, aclaración: termino con las clases teóricas, pero empiezo el período de prácticas, hacia las que tengo una mezcla de sentimientos que van desde la impaciencia, al nerviosismo y algo de temor. No por las prácticas en sí, sino porque es algo nuevo que siempre he tenido quizás demasiado idealizado en mi cabeza, y no sé… siempre pueden decepcionarme (o encantarme todavía más, quién sabe).
El caso es que aquí estoy yo ultimando preparativos y dejando a punto todos los trabajos que puedo para cuando llegue diciembre pueda dedicarme casi al 100% al Prácticum. Y claro, buscando huequecillos para relajarme y darle a la vena cocinillas.


Algunos estaréis pensando que esta receta tiene truco. Y no vais mal encaminados. Esta receta no es nueva, muchos la conoceréis de sobra, de hecho, ya que es la más visitada de todo el blog. Probablemente recordaréis este bizcocho de calabaza súper esponjoso que publiqué hace ya dos años (cómo pasa el tiempo, jolín). Y aquí he de hacer una confesión: este postre es una de mis elaboraciones estrella. Está rico, es muy versátil ya que tanto sirve como base para una tarta formal como para un desayuno de los buenos, y encima es bastante sencillo. Vamos, que los que no lo habéis hecho no sé qué estáis esperando, ahora que aún se puede encontrar alguna calabaza en el mercado.


Pero este bizcocho no es exactamente igual, y por eso merece una nueva entrada en el blog. Como ya dije en una entrada anterior, mi amiga Jeny me regaló hace casi un mes una preciosa calabaza de su huerta, natural 100%, de tamaño mediano, que en un principio sólo quería para una o dos recetas. Menuda sorpresa cuando me encuentro que la calabaza era prácticamente toda carne, vamos, que había allí materia aprovechable para alimentar a un regimiento. Pues allá fui yo, me embarqué en una nueva receta de galletas y después guardé dos raciones para hacerme unos revueltos con setas que estaban… en fin, riquísimos se quedan cortos. Y me quedaban aún dos raciones, así que, aprovechando que todavía no había postre para la comida del domingo en casa de mi abuela, decidimos repetir el tan alabado bizcocho de calabaza. Peeeero (siempre hay un pero últimamente…) no me valía esa receta, porque como os comenté ya, mi tío es celíaco y no puede por tanto tomar nada que contenga, entre otras cosas, harina de trigo. Como para los diabéticos ya se iba a encargar mi abuela de hacer una tarta de manzana, y esta receta tampoco lleva lácteos (mi madrina tiene intolerancia a la lactosa), lo vi claro: a adaptar se ha dicho! Pues justamente, dicho y hecho: os presento el nuevo bizcocho de calabaza sin gluten, apto para celíacos e intolerantes a la lactosa.

Bizcocho de calabaza (sin gluten ni lactosa)
-          3 huevos
-          200 gr de azúcar
-          70 gr de aceite de oliva suave (echar en hilo)
-          250 gr de calabaza rallada (pelada y sin pepitas)
-          45 gr de harina de garbanzo
-          155 gr de harina de arroz
-       16 gr de levadura (se podría usar un sobre de Royal pero no es apta para intolerantes a la lactosa; los que no tengáis este problema, podéis usar la que prefiráis)
-          Ralladura de medio limón
-          Una cucharada de canela
-          Una cucharadita de extracto de vainilla

Precalentamos el horno a 180º. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso.Si tenemos la calabaza entera, realizamos cortes profundos con la ayuda de un cuchillo en toda la superficie, llegando hasta el centro más o menos, e introducimos la calabaza en el horno para que se ase y después sea más sencillo quitarle la piel. La dejamos unos 20-30 minutos, dependiendo del horno, y después la dejamos templar. Cuando la temperatura sea la adecuada para que podamos manejarla sin riesgos, le quitamos la piel y la cortamos en rodajas. La pesamos y nos quedamos con 250 gr. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso. La rallamos y reservamos.

En un bol, batimos a velocidad baja los huevos, de uno en uno. Añadimos poco a poco el azúcar, sin dejar de batir, y cuando esté integrado echamos el aceite en hilo. Cuando la mezcla sea homogénea, echamos la calabaza rallada, poco a poco.

En otro bol, tamizamos la harina y la levadura juntas, y la añadiremos a la mezcla anterior en varias tandas. Integramos la masa siempre a velocidad baja, para que no se nos apelmace. Por último, añadimos la ralladura de limón, la canela y la vainilla.
Preparamos un molde apto para hornear, yo he utilizado uno redondo de 18 cm de diámetro, pero si usáis uno más pequeño os saldrá igual, aunque tened en cuenta que tendrá algo más de altura y tendréis que vigilarlo bien en el horno para que se os haga completamente por dentro. Horneamos 30 minutos, y transcurrido ese tiempo comprobamos con una brocheta o palillo que se haya hecho por dentro. Es muy importante que no abráis la puerta del horno si no han pasado mínimo 15 minutos desde que metisteis el bizcocho, porque se os puede hundir. Una vez esté hecho, lo dejamos enfriar en el molde. Desmoldamos y servimos.



 Y este es el resultado. Apetecible, no? En casa de mi abuela gustó mucho, y como era grande y había más postres, de lo que me sobró dieron buena cuenta mis compañeros de clase, especialmente Jeny, que recibió una porción con todas las de la ley (no iba a ser menos, teniendo en cuenta que el fruto de todo esto era su calabaza). Un éxito, queridos, un éxito.

Y con esto me despido. Próximamente, me tendréis publicando una receta para un proyecto nuevo al que me he sumado, probablemente muchos lo conozcáis pero para los que no... me guardo la sorpresa...

Un besiño!


Información nutricional:
Calorías totales: 2230 kcal
Calorías por ración (20 raciones): 111 kcal

viernes, 14 de noviembre de 2014

Desayuno saludable para diabéticos (Día Mundial de la Diabetes)



Bueno, sé que en la anterior entrada sugerí que la próxima receta sería algo salado pero algo me ha hecho cambiar de opinión en el último momento. Y es que hoy es un día muy especial, pues se celebra en todo el mundo el Día de la Diabetes (World Diabetes Day), y como algunos ya sabéis, es un tema con el que estoy muy sensibilizada por motivos personales.



En mi familia hay bastantes personas diabéticas, empezando por mis abuelos. La diabetes es una enfermedad que ha estado presente en mi vida desde que yo recuerde, aunque nunca le di demasiada importancia, quizás porque lo veía como algo cotidiano y que, al fin y al cabo, no me afectaba personalmente. Hace años, la cosa cambió, cuando pensamos que mi madre podría estar desarrollando diabetes tras recibir los últimos análisis. Y es que se trata de un problema de salud mucho más común de lo que pensamos, en el que además el factor hereditario juega un papel esencial.

Desde aquel día en mi casa las cosas cambiaron: dejamos de lado casi por completo los azúcares refinados, redujimos la ingesta de glucosa muy significativamente, y empezamos a investigar sobre la alimentación natural y saludable para prevenir la diabetes.



Y es que este es el concepto esencial que busco transmitir hoy: la prevención. Está demostrado en incontables estudios que los hábitos alimenticios pueden no sólo mejorar la salud de las personas diabéticas, sino retrasar la aparición de la enfermedad misma, y minimizar sus efectos.

Este año, desde la International Diabetes Federation han querido transmitir este mensaje, y por ello han decidido que el tema de este año y el que viene sea Healthy Living and Diabetes, o lo que es lo mismo, vida saludable y diabetes. Asimismo, han propuesto una iniciativa en la que el desayuno se convierte en el aspecto principal a resaltar de esta alimentación saludable. Por eso, he decidido contribuir con mi entrada a la iniciativa, para ayudar a difundir y concienciar sobre un tema como este.



Mi propuesta es un desayuno saludable individual, apto tanto para diabéticos como para los no diabéticos, que he organizado en función de la lógica siguiente:

  •  La limonada: con ella quiero resaltar la importancia de los cítricos en general. Tanto por su efecto anti-oxidante, como por su efecto anti-inflamatorio, las frutas cítricas resultan muy saludables para la mayoría de las personas. Además, contribuyen a ralentizar la absorción de azúcares a nivel intestinal, por lo que son idóneas para tratar la hiperglucemia. El limón, además, tiene casi el doble de vitamina C que una naranja, y contiene también vitaminas del grupo B, vitamina E, y es muy rico en minerales como el potasio, magnesio, calcio, hierro y fósforo, entre otros.
  • La fruta: el consumo de hasta tres raciones de fruta al día puede reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2, y además contienen fructosa en lugar de glucosa, que metaboliza de forma diferente y no se acumula en la sangre ni altera la glucemia de forma tan radical como el azúcar. El kiwi tiene muy pocas calorías, carbohidratos y azúcares, pero sí grandes cantidades de vitamina C y fibra, que contribuyen a controlar los niveles de glucosa en sangre. El plátano, por su parte, al ser una fruta rica en fibra y potasio contribuye con bastante éxito a disminuir la presión arterial, combatiendo los efectos del sodio.
  • Los cereales: sobre todo si son integrales, resultan fantásticos por su aporte en fibra, e hidratos de carbono, necesarios para dotar al cuerpo de energía. En el desayuno son idóneos como un primer aporte energético que nos ayudará a mantenernos activos de forma sana, y además contienen vitaminas del grupo B. Los copos de avena integrales y la espelta hinchada no llevan azúcares añadidos, así que son perfectos para el desayuno.
  • Los frutos secos: por su contenido en ácidos grasos omega 3 (poliinsaturados), en vitaminas del grupo B, vitamina E, proteínas y minerales, los frutos secos son un alimento de lo más completo. Se ha demostrado que pueden llegar a reducir en un 50% el riesgo de padecer infartos, de padecer diabetes tipo 2 porque controlan la glucemia, y reducen el colesterol. Es mucho mejor tomarlos al natural, ni fritos ni salados, como es el caso de las almendras y las nueces de nuestro desayuno.
  • El yogur: sobre todo los yogures desnatados naturales, son muy beneficiosos para prevenir la diabetes tipo 2. Tienen un alto contenido en vitamina K y sus bacterias probióticas resultan muy favorables para mejorar los procesos intestinales.
  • El té verde: además de contener flúor, magnesio, o vitaminas A y B, el té verde ha demostrado ser un gran aliado contra la diabetes, retardando su desarrollo, mejorando el metabolismo de los lípidos y reduciendo los niveles de glucosa en sangre.



Dicho todo esto, os dejo con la receta de mi desayuno individual especialmente pensado para diabéticos.

Desayuno completo para prevenir y controlar la diabetes
Limonada
-          250 ml de agua natural
-          Zumo de un limón (a poder ser ecológico)
-          Endulzante líquido (stevia u otros edulcorantes)
Vertemos el agua fresca en un vaso, exprimimos en él el limón, y añadimos por último el edulcorante, en las cantidades que consideremos según el grado de dulzor que prefiramos. Yo añado una cucharada.

Yogur con fruta fresca, cereales y frutos secos
-          Un yogur natural desnatado (puede ser edulcorado)
-          Un plátano
-          Un kiwi
-          Dos cucharadas de espelta inflada
-          Una cucharada de copos de avena integral
-          Un puñadito de almendras crudas y nueces de pecán (o los frutos secos que más os gusten)
Echamos en un bol profundo el yogur, que podemos endulzar con stevia o sacarina si queremos darle más dulzor, y echamos la espelta inflada por encima. Cortamos en rodajas el plátano y los colocamos sobre la espelta, y hacemos lo mismo con el kiwi. Repartimos la avena sobre la fruta, y en el centro los frutos secos, enteros o en pedacitos.

Té verde
-          Té verde (una variedad que nos guste; el mío tenía además mango deshidratado)
En una taza, echamos agua muy caliente y dejamos infusionar el té de 4 a 6 minutos. Tomamos templado.

Yo aconsejo empezar tomando la limonada, ya que es muy recomendable para limpiar el organismo y además nos ayuda a abrir el apetito esas mañanas de madrugón que parece que no nos entra nada en el estómago. Personalmente, me gusta seguir con el yogur y terminar con el té verde, bien calentito, pero por supuesto esto ya es cuestión de gustos. Es un desayuno sano y completo, que puede adaptarse tanto para celíacos (cambiando la avena por copos de otro cereal, como teff o trigo sarraceno) como para intolerantes a la lactosa y veganos (substituyendo el yogur por un yogur de soja). Y encima, tiene un aporte calórico de unas 300 kcal (he calculado unas 294 kcal en total), por lo que es asimilable para cualquier dieta.

Espero que de verdad probéis este desayuno y, si no, al menos espero haber podido aportar mi granito de arena para concienciar sobre la diabetes. Si alguien quiere ampliar la información, os dejo abajo unos enlaces de interés.

Cualquier duda o sugerencia, por favor dejádmela en los comentarios, me encantaría saber vuestras opiniones.

En breve volveré con otra recetilla, aunque no puedo prometer si será salada, dulce… quién sabe.


Un besiño!

Enlaces sobre la diabetes y la alimentación:
http://www.fundaciondiabetes.org/sabercomer/
http://www.idf.org/sites/default/files/healthy-eating-and-diabetes-es.pdf
http://www.idf.org/sites/default/files/healthy-unhealthy-breakfast-es.pdf
http://www.diabetes.bayer.es/blog/diabetes/%C2%BFpuedo-comer-toda-clase-de-frutas-si-tengo-diabetes/
http://www.diabetesbienestarysalud.com/
http://frutasparadiabeticos.com/
http://www.canaldiabetes.com/