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viernes, 6 de noviembre de 2015

Cupcakes de calabaza para un reencuentro


El otro día me acordé de cuando era pequeña y llegaba el Día de Todos los Santos. Recuerdo que, año tras año, mi madre me vestía bien elegante y hacíamos el “tour” por los cementerios de los alrededores, visitando los panteones familiares, charlando con la gente, y recordando a los que ya no están.

Días después llegaba al cole y apenas hablaba del tema con mis compañeros. A ellos les aburría bastante ese día. Pero a mí me gustaba. Le fui cogiendo cariño a nuestro ritual anual: me gustaba pasear con mis hermanas y que me enseñaran las distintas calles de los cementerios; explicarme historias de la gente que estaba enterrada allí; ver las flores que traía la gente, unas más frescas que otras; buscar botellas de agua para regar las plantas escondidas entre los setos; buscar las lápidas más antiguas; y un largo etcétera. Además, era casi un día de fiesta, en el que nos reuníamos con la familia y solíamos pasar la tarde en casa de mi abuela, comiendo castañas asadas, rosca… vamos, un día cuanto menos interesante.


Hoy aún me gusta pasear por el cementerio. Hay gente a la que le parece una costumbre macabra. Yo creo que son lugares tranquilos, donde además suele haber mucha historia oculta, al menos aquí en Galicia, donde los cementerios de los pueblos y villas pequeñas tienen mucho que contar dada su antigüedad. 

Pero lo cierto es que ya hace tiempo que dejamos de lado nuestras costumbres del Día de Difuntos. Poco a poco, Halloween se va imponiendo a las tradiciones de siempre, y nuestros peques tienen más ganas de chuches, sustos y calabazas terroríficas que de ir al cementerio con sus mayores. En cierta forma, los entiendo. Están saturados de las modas americanas, y para qué negarlo, siempre es divertido disfrazarse con los amigos/primos y decorar la casa como si estuviera  encantada. En el piso de mi hermana, se lo tomaron tan en serio que había telarañas sintéticas hasta en el café. ¡Y que no se le ocurriese a nadie mover un solo adorno de su sitio, mi sobrino los tenía tan controlados que era imposible cambiarlos de sitio ni un centímetro!


Así que entre arañas de plástico, murciélagos de fieltro y calabazas luminosas pasamos este fin de semana, en el que además impartí un taller para niños de dulces terroríficos. ¡Fue todo un éxito! Los niños estaban encantados (y algo saturados de azúcar también), y nos lo pasamos genial.


Entre tanto, se me antojó comprar una calabaza en un ultramarinos del pueblo que vende fruta y verdura local, cultivada en esta zona de forma natural. Justo me cuadró que el día que por fin pude ir a buscar una, se le habían terminado la mayoría y en lugar de dejar que me llevase una de las tres que quedaban, me recomendó esperar a que llegasen más (es lo bueno de las tiendecillas de pueblo, que llegas a tener esa confianza con los dueños sobre la calidad de los productos, algo que no te ofrecen la mayoría de los supermercados). 

Sin embargo, no podía permitirme esperar demasiado, ya que tenía una cita pendiente el lunes y necesitaba la calabaza cuanto antes.


Resulta que, por fin, mi amiga Jeny y yo conseguimos fijar una fecha para reencontrarnos después de ¡casi 6 meses sin vernos!, y tenía tantas ganas de que nos pusiéramos al día que qué menos que hornear algo para la ocasión. Y como no, tenía que preparar la receta del bizcocho de calabaza que tanto le gusta a la señorita, porque al fin y al cabo hasta hace no mucho ostentaba el título de catadora oficial de mis postres, jeje.

Pero como no quería repetirme, pensé en variar un poco la idea del bizcocho de calabaza, y decidí convertirla en una receta de cupcakes. Como salieron muy ricos (así lo demostraron las consecuentes críticas de los catadores de los mismos), decidí traeros la receta para que, ahora que está de temporada, os decidáis a sorprender a los vuestros con unos deliciosos cupcakes de calabaza, que sea o no Halloween, están buenííííísimos. ¡Palabra de “calabazadicta”!


Cupcakes de calabaza especiados con frosting de queso
Ingredientes para 8 cupcakes
- 2 huevos
- 80 gr de “dark brown sugar” o azúcar muscovado (si no tenéis, podéis substituirlo por azúcar moreno normal).
- 30 gr de azúcar normal
- 1 cucharada de sirope de agave
- 20 gr de aceite de oliva suave
- 85 gr de calabaza rallada
- 130 gr de harina de trigo
- 10 gr de levadura química
- Ralladura de limón al gusto (una cucharada aproximadamente)
- Media cucharada (tbsp) de “pumpkin pie spice”, que es una mezcla de especias para la tarta de calabaza (se puede substituir por media cucharadita de canela, una pizca de jengibre, una pizca de cardamomo, una pizca de clavo).
- Una cucharadita de extracto de vainilla

Ingredientes para la crema de queso 
- 80 gr de mantequilla a temperatura ambiente
- 80 gr de queso crema (no light) muy frío
- 190 gr de azúcar glass (icing sugar)

En primer lugar, batimos el aceite con los dos tipos de azúcar y el sirope de agave con ayuda de unas varillas. Añadimos los huevos, uno a uno, y los incorporamos a la mezcla batiendo con velocidad para que la masa coja volumen. Añadimos la calabaza rallada e integramos bien la mezcla.

En un bol aparte, tamizamos la harina junto con la levadura y las especias. La añadimos a la masa en tres tandas, integrándola con la ayuda de una lengua o espátula con movimientos envolventes, procurando que no pierda volumen. Así los cupcakes nos quedarán mucho más esponjosos.

Por último, añadimos la ralladura de limón y el extracto de vainilla, mezclamos bien y dejamos reposar unos minutos. Mientras, preparamos las cápsulas para los cupcakes, las metemos en un molde apto para el horno, y las llenamos con la masa por la mitad, o hasta 2/3 de su capacidad, no más. 

Horneamos a 180º, con calor arriba y abajo, durante 20 minutos. Sacamos los cupcakes del horno y los dejamos enfriar por completo sobre una rejilla.

Ahora pasaremos a preparar la crema. Necesitamos que la mantequilla esté en punto de pomada, a temperatura ambiente, por lo que tendréis que haberla sacado de la nevera unas horas antes. Dependiendo del lugar en el que viváis, tardará más o menos. En el piso de mi hermana, está lista en una hora; en mi casa, sin embargo, tengo que sacarla por la mañana si quiero tenerla lista a mediodía. 

Una vez tengamos la mantequilla ablandada, la echamos en un bol amplio cortada en trozos, y tamizamos encima el azúcar glass o icing sugar. Batimos con una batidora de varillas a máxima potencia. Es importante que la mezcla se integre bien.

Añadimos el queso crema, que debe estar lo más frío posible, y seguimos mezclando a máxima velocidad. Debe quedar una consistencia cremosa, pero no líquida.

Pasamos la crema a una manga con una boquilla (yo he usado una 1M de Wilton, con forma de estrella abierta), y decoramos los cupcakes. Espolvoreamos un poco de canela por encima.


Es una receta sencilla, rica y de temporada. Aprovechad ahora que las calabazas están a buen precio y son fáciles de encontrar en el supermercado, y si podéis conseguirlas ecológicas, mejor que mejor. 

Si os preocupa que os sobre calabaza, no hay problema. Yo lo que hago es asarla en el horno, sin dejar que se dore, y después la guardo en bolsas de plástico con autocierre, procurando que apenas entre aire dentro, en el congelador. Os aguantarán unas cuantas semanas sin problema, y después os servirá para salteados, cremas, postres, y muchas otras recetas riquísimas y sanas.


Espero que os animéis a prepararla y que me escribáis con vuestras impresiones, me encanta leeros siempre, aunque no pueda contestar con toda la rapidez que me gustaría. Y si os lleváis la receta a vuestros blogs, que me parece una idea maravillosa, no os olvidéis de citar mi entrada y avisarme, ¡¡me encantará ver los resultados!!


Por hoy os dejo, tengo que comer pronto para marcharme a dar una clase, y después volver a casa a cambiarme antes de marchar en bus a Santiago, porque… ¡¡¡voy a ver un desfile!!! Me hace un montón de ilusión, porque es mi amiga María (sí, sí, la misma que es responsable del diseño del logo del blog) la que va a presentar su propia colección de ropa como parte del proyecto final de su carrera. Es una artistaza, así que no me importa adelantarme a las críticas de mañana cuando digo que va a ser todo un éxito. Y por supuesto no voy a perdérmelo. 

Ah, y pronto espero poder traeros al blog una nueva crítica gastronómica, esta vez sobre el último restaurante que visitamos Jeny y yo hace unos días en Santiago. Sólo diré que quedamos bastante satisfechas con la calidad de la comida, el sabor y el trato que tuvimos. Más detalles en mi próxima entrada, ¡que me tengo que poner las pilas, hoy va a ser una tarde intensa!

Un besazo!

Información nutricional de los cupcakes de calabaza con crema de queso
Calorías totales: 2897 kcal
Calorías por ración (8 raciones/cupcakes): 362 kcal/ración

jueves, 20 de noviembre de 2014

Bizcocho de calabaza sin gluten


No suele ser lo normal en mí, pero me da la impresión de que este mes está pasando demasiado rápido. Y no será por despiste, que al fin y al cabo estoy harta de poner el día que es en los apuntes cada tarde. Pero es que no me cabe en la cabeza que estemos ya a 20 de noviembre.


¿¿Pero a dónde ha ido el resto del mes?? Si en una semana termino las clases ya, madre mía! Bueno, a ver, aclaración: termino con las clases teóricas, pero empiezo el período de prácticas, hacia las que tengo una mezcla de sentimientos que van desde la impaciencia, al nerviosismo y algo de temor. No por las prácticas en sí, sino porque es algo nuevo que siempre he tenido quizás demasiado idealizado en mi cabeza, y no sé… siempre pueden decepcionarme (o encantarme todavía más, quién sabe).
El caso es que aquí estoy yo ultimando preparativos y dejando a punto todos los trabajos que puedo para cuando llegue diciembre pueda dedicarme casi al 100% al Prácticum. Y claro, buscando huequecillos para relajarme y darle a la vena cocinillas.


Algunos estaréis pensando que esta receta tiene truco. Y no vais mal encaminados. Esta receta no es nueva, muchos la conoceréis de sobra, de hecho, ya que es la más visitada de todo el blog. Probablemente recordaréis este bizcocho de calabaza súper esponjoso que publiqué hace ya dos años (cómo pasa el tiempo, jolín). Y aquí he de hacer una confesión: este postre es una de mis elaboraciones estrella. Está rico, es muy versátil ya que tanto sirve como base para una tarta formal como para un desayuno de los buenos, y encima es bastante sencillo. Vamos, que los que no lo habéis hecho no sé qué estáis esperando, ahora que aún se puede encontrar alguna calabaza en el mercado.


Pero este bizcocho no es exactamente igual, y por eso merece una nueva entrada en el blog. Como ya dije en una entrada anterior, mi amiga Jeny me regaló hace casi un mes una preciosa calabaza de su huerta, natural 100%, de tamaño mediano, que en un principio sólo quería para una o dos recetas. Menuda sorpresa cuando me encuentro que la calabaza era prácticamente toda carne, vamos, que había allí materia aprovechable para alimentar a un regimiento. Pues allá fui yo, me embarqué en una nueva receta de galletas y después guardé dos raciones para hacerme unos revueltos con setas que estaban… en fin, riquísimos se quedan cortos. Y me quedaban aún dos raciones, así que, aprovechando que todavía no había postre para la comida del domingo en casa de mi abuela, decidimos repetir el tan alabado bizcocho de calabaza. Peeeero (siempre hay un pero últimamente…) no me valía esa receta, porque como os comenté ya, mi tío es celíaco y no puede por tanto tomar nada que contenga, entre otras cosas, harina de trigo. Como para los diabéticos ya se iba a encargar mi abuela de hacer una tarta de manzana, y esta receta tampoco lleva lácteos (mi madrina tiene intolerancia a la lactosa), lo vi claro: a adaptar se ha dicho! Pues justamente, dicho y hecho: os presento el nuevo bizcocho de calabaza sin gluten, apto para celíacos e intolerantes a la lactosa.

Bizcocho de calabaza (sin gluten ni lactosa)
-          3 huevos
-          200 gr de azúcar
-          70 gr de aceite de oliva suave (echar en hilo)
-          250 gr de calabaza rallada (pelada y sin pepitas)
-          45 gr de harina de garbanzo
-          155 gr de harina de arroz
-       16 gr de levadura (se podría usar un sobre de Royal pero no es apta para intolerantes a la lactosa; los que no tengáis este problema, podéis usar la que prefiráis)
-          Ralladura de medio limón
-          Una cucharada de canela
-          Una cucharadita de extracto de vainilla

Precalentamos el horno a 180º. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso.Si tenemos la calabaza entera, realizamos cortes profundos con la ayuda de un cuchillo en toda la superficie, llegando hasta el centro más o menos, e introducimos la calabaza en el horno para que se ase y después sea más sencillo quitarle la piel. La dejamos unos 20-30 minutos, dependiendo del horno, y después la dejamos templar. Cuando la temperatura sea la adecuada para que podamos manejarla sin riesgos, le quitamos la piel y la cortamos en rodajas. La pesamos y nos quedamos con 250 gr. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso. La rallamos y reservamos.

En un bol, batimos a velocidad baja los huevos, de uno en uno. Añadimos poco a poco el azúcar, sin dejar de batir, y cuando esté integrado echamos el aceite en hilo. Cuando la mezcla sea homogénea, echamos la calabaza rallada, poco a poco.

En otro bol, tamizamos la harina y la levadura juntas, y la añadiremos a la mezcla anterior en varias tandas. Integramos la masa siempre a velocidad baja, para que no se nos apelmace. Por último, añadimos la ralladura de limón, la canela y la vainilla.
Preparamos un molde apto para hornear, yo he utilizado uno redondo de 18 cm de diámetro, pero si usáis uno más pequeño os saldrá igual, aunque tened en cuenta que tendrá algo más de altura y tendréis que vigilarlo bien en el horno para que se os haga completamente por dentro. Horneamos 30 minutos, y transcurrido ese tiempo comprobamos con una brocheta o palillo que se haya hecho por dentro. Es muy importante que no abráis la puerta del horno si no han pasado mínimo 15 minutos desde que metisteis el bizcocho, porque se os puede hundir. Una vez esté hecho, lo dejamos enfriar en el molde. Desmoldamos y servimos.



 Y este es el resultado. Apetecible, no? En casa de mi abuela gustó mucho, y como era grande y había más postres, de lo que me sobró dieron buena cuenta mis compañeros de clase, especialmente Jeny, que recibió una porción con todas las de la ley (no iba a ser menos, teniendo en cuenta que el fruto de todo esto era su calabaza). Un éxito, queridos, un éxito.

Y con esto me despido. Próximamente, me tendréis publicando una receta para un proyecto nuevo al que me he sumado, probablemente muchos lo conozcáis pero para los que no... me guardo la sorpresa...

Un besiño!


Información nutricional:
Calorías totales: 2230 kcal
Calorías por ración (20 raciones): 111 kcal

lunes, 10 de noviembre de 2014

Galletas de calabaza súper sanas! (sin huevo, leche ni lactosa)



Estos días he estado bastante a tope con el máster. La verdad es que no esperaba que fuesen a llevar un ritmo tan forzado de trabajos y demás, pero tampoco he de decir que me extrañe… El caso es que llevaba tiempo con mono de hornear algo, pero no tenía ni tiempo, ni demasiada inspiración. Lo único que sabía era el ingrediente estrella: la calabaza


Si hay algo que de verdad me guste del otoño es la gastronomía asociada a esta época del año. Empieza la temporada de naranjas y mandarinas, hay calabazas por todas partes, boniatos, setas… se me hace la boca agua sólo de pensarlo… Aunque no me puedo quejar, estos días he podido probar un poco de todo, pero me faltaba algo, a pesar de haber sido Halloween… y ese algo era una calabaza, estaba claro.

Algunos recordareis que hace dos años publiqué en el blog una receta de bizcocho de calabaza súper esponjoso (y riquísimo, para qué lo vamos a negar), que la verdad ha tenido mucho éxito. Este año quería hacer algo diferente, aunque no tenía muy claro si hacer algo dulce o salado. El caso es que había visto un par de recetas por la red de galletas que me habían gustado y decidí probar.


Peeeero me faltaba lo más importante: la calabaza. Después de romperme la cabeza durante una semana (la compro aquí, allá, ecológica, etc), fue mi queridísima Jeny quién me regaló una, cultivada en su casa, así que es natural, pero natural de verdad (y está dando unos resultados maravillosos, como veréis en futuras recetas…).

Así que me puse manos a la obra y horneé estas galletas. Tienen un sabor suave, no son demasiado dulces, y las he especiado ahora que empezamos a acercarnos a la Navidad. Son bastante sanas porque no llevan ningún ingrediente refinado y además contienen mucha fibra. Además, no llevan leche por lo que son ideales para intolerantes a la lactosa, y aunque llevan una mezcla de harinas diferentes, se puede adaptar para celíacos, tal y como detallo en la receta. Por último, si bien tienen algo de azúcar, el índice glucémico puede disminuir si usamos algún sustitutivo, como indico abajo.

Os dejo con la receta, ¡espero que os guste!

Galletas de calabaza (aptas para intolerantes a la lactosa y al huevo, con adaptación para celíacos, diabéticos y veganos)

- 45 gr de aceite de oliva suave
- 40 gr sirope agave, 10 gr miel y 25 gr azúcar caña integral (o 75 gr de sirope de agave)
- 130 gr de puré de calabaza
- Una pizca de jengibre
- 1 cucharadita de canela
- 25 gr de harina integral de avena, 120 gr de harina de arroz y 135 gr de harina de espelta (o 280 gr harina de arroz si sois celíacos)
- 1 cucharadita de bicarbonato
- 1 cucharadita de vinagre de manzana
- 1/3 cucharadita extracto de vainilla

Precalentamos el horno a 180º, con calor arriba y abajo y con ventilador.

En un bol, mezclamos el aceite con el sirope de agave, la miel y el azúcar hasta que quede todo bien integrado. Añadimos la calabaza y el vinagre y mezclamos bien. En otro bol, mezclamos los ingredientes secos: las harinas, las especias, y el bicarbonato. Añadimos esta mezcla a la de los ingredientes líquidos y con ayuda de una espátula lo mezclamos todo muy bien.

Hacemos bolitas de masa, las aplastamos y las colocamos sobre un papel sulfurizado en una rejilla para horno. Decoramos con pipas de calabaza y horneamos de 15 a 20 minutos, dependiendo de lo blandas o tostadas que las queramos (yo las tuve 18 minutos).

A mí me han salido 24 galletas.


La receta la he adaptado siguiendo las indicaciones de los siguientes blogs:

Como veis, una receta sencilla y bastante sana. Además, es perfectamente adaptable para aquellos que padezcáis alguna intolerancia, y muy saludables para los niños, ahora que empiezan con las meriendas del cole. 

Os detallo abajo la información nutricional. Os animo a que las hagáis, y mandéis fotos! Y por favor, si tenéis cualquier duda, dejadla en los comentarios, os responderé lo más pronto posible. Ahora os dejo, que tengo que comer prontito para coger el bus. En breve, nueva receta en el blog, quizás salada... pero no prometo nada :)
Un besiño!



Información nutricional de las galletas de calabaza:
Calorías totales: 1680 kcal
Calorías por ración (24 raciones): 69 kcal 

viernes, 9 de noviembre de 2012

Bizcocho de calabaza ¡super esponjoso!

    
    ¡Pero qué orgullosa que estoy de mi nueva creación! Lo sé, sé lo que estáis pensando, que hacer un bizcocho de calabaza no tiene ninguna ciencia, que no es ningún logro del otro mundo, pero es que tenéis que entenderme, nunca lo había hecho antes sin ayuda, y además, ¡por fin puedo decir que la receta es mía!