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viernes, 10 de abril de 2015

Un libro y un dulce, con "denominación de orixe"


Siempre he sido un poco ratón de biblioteca. Me enseñaron a leer con tres años, y desde entonces no he podido parar. Empecé con cuentos y sobre todo poesías, de la mano de Gloria Fuertes sobre todo, y de los libros de fábulas que heredé de mis hermanas mayores. Después me pasé al cómic: Mortadelo y Filemón y Zipi y Zape se convirtieron en mis compañeros de aventuras durante gran parte de mi infancia, junto con 13, Rue del Percebe, Carpanta, Las hermanas Gilda y El botones sacarino (recordad, me crié con dos hermanas criadas en los años 80), aunque estos últimos nunca consiguieron apasionarme tanto como los personajes estrella de Ibáñez y Escobar. Luego me pasé a la novela, y aunque nunca le hice ascos a ningún género en especial (bueno, sí, a la novela romántica, pues nunca he leído ninguna, la verdad), me atraían especialmente las historias de intriga y detectivescas (soy fan de Conan Doyle hasta la muerte) y las novelas históricas. Y hoy el 90% de mis lecturas son especializadas, fundamentalmente en historia, y desde hace un año también en didáctica y educación, pero sigo intentando dejar un espacio para disfrutar con alguna novela que cae en mis manos o, por supuesto, un buen cómic (sí, soy muy friki en este sentido).


Con el paso de los años, fui desarrollando la pasión que hoy tengo por la cocina. Empecé por los postres y, aunque siguen siendo los platos que mejor se me dan y sobre los que más práctica tengo, ahora también disfruto muchísimo con todo tipo de recetas.


Pronto mi estantería se llenó de nuevos libros, pero todos apuntaban en una misma dirección: la comida, tanto la tradicional como la más contemporánea, y abarcando todas las cocinas del mundo que estén a mi alcance. 


Pero tanto en literatura como en cocina, hay un elemento más que me caracteriza, y muchos lo conocen: la presencia de mis raíces, mi tierra, Galicia. Desde pequeña he leído muchas obras de literatura gallega, y actualmente la comida tradicional de Galicia ocupa un lugar especial en mi recetario, sobre todo gracias a mi madre y a mi abuela, que han conseguido conservar durante muchísimos años el legado culinario de mi familia y de mi zona. 


En resumen: cocinar y leer van de la mano en mi día a día (y si no me creéis preguntádselo a mi madre, que ya no sabe cómo hacerme sitio en la estantería para tanto libro de cocina). 

Así que cuando vi la propuesta para este mes de La Cocina Typical Spanish, #entrelibrosandaelguiso, no me pude resistir y me lancé a la búsqueda de una buena obra que me inspirase para una nueva creación. 


Quería que fuese, por supuesto, una obra española, ya que de lo que se trata es de reivindicar la literatura y la cocina de nuestro país, pero además me hacía ilusión que tuviese algún vínculo con Galicia. Así que no tardé mucho en decidirme por la obra de Camilo José Cela, gallego de nacimiento, gran literato, y que refleja en muchas de sus obras la sociedad y el entorno de nuestra querida “terriña”. 


La obra escogida, en concreto, ha sido “La familia de Pascual Duarte”, publicada en 1942. Y muchos ya estaréis pensando: ¿qué tiene que ver esto con Galicia, si en la novela Pascual Duarte, el protagonista, es extremeño? Pues tiene que ver, porque en la boda de este personaje, se describe un banquete en el que Cela, no sé si intencionadamente o por casualidad, incluye varios ejemplos de platos y preparaciones culinarias muy típicas en Galicia. Os dejo con el fragmento concreto para que lo entendáis mejor: 

Cuando acabó la función de iglesia -cosa que nunca creí que llegara a suceder- nos llegamos todos, y como en comisión, hasta mi casa, donde, sin grandes comodidades, pero con la mejor voluntad del mundo, habíamos preparado de comer y de beber hasta hartarse para todos los que fueron y para el doble que hubieran ido. Para las mujeres había chocolate con tejeringos, y tortas de almendra, y bizcochada, y pan de higo, y para los hombres había manzanilla y tapitas de chorizo, de morcón, de aceitunas, de sardinas en lata... Sé que hubo en el pueblo quien me criticó por no haber dado de comer; allá ellos.
La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela (convite de la boda de Pascual y Lola)


De todos estos manjares, el elegido ha sido nada más y nada menos que la bizcochada, un postre que se hace aquí en Galicia y que resulta muy sencillo de preparar y muy sabroso. Es un bizcocho sin levadura, que además no lleva demasiada harina, pero sí una cantidad considerable de huevos, que lo hacen muy esponjoso. El limón es el que da ese toque de sabor tan fresco y que acompaña estupendamente un buen café tanto en el desayuno como después de una buena comida. Aunque podemos hacer variaciones añadiendo, como he probado yo, algo de zumo de naranja o un toque de vainilla, ya os digo desde este momento que no es necesario cambiarle nada para obtener un postre delicioso que hará las delicias de todos. 


La receta original que os traigo está extraída del libro La Cocina Gallega, de Álvaro Cunqueiro, otro de los grandes de la literatura gallega, excelente narrador y creador de historias, con una imaginación desbordante y una calidad extraordinaria para mi gusto. Así que, como veis, ¡hasta la receta misma tiene que ver con los libros!


Os dejo dos versiones de la receta, en las que únicamente varían los ingredientes utilizados, por dos razones:
  • He querido traer al blog una receta apta para celíacos, y por eso he adaptado los ingredientes proponiendo así una versión sin gluten.
  • Hice esta bizcochada en dos ocasiones; en una de ellas me ceñí a la receta original, y en la otra probé a añadirle algo de naranja y vainilla, y también gustó mucho. Podéis probar cuál os gusta más, ya que ambas tienen exactamente la misma preparación.


Aquí os dejo la receta, animaos porque es sencilla y deliciosa. 


Receta de Bizcochada gallega (versión tradicional)
Ingredientes para un molde de 18 cm:
- 6 huevos medianos
- 250 gr de azúcar blanco
- 150 gr de harina de trigo
- 1 limón ecológico

Receta de bizcochada gallega (versión sin gluten y aromatizada)
Ingredientes para un molde de 18 cm:
- 6 huevos medianos
- 250 gr de azúcar blanco
- 50 gr de harina de arroz
- 50 gr de harina de maíz
- 50 gr de harina de espelta integral
- Medio limón ecológico
- 3 cucharadas de zumo de naranja natural
- 2 cucharaditas de agua de azahar
- 1 cucharada de extracto de vainilla

Precalentamos el horno a 200º.

En primer lugar, cascamos los huevos y separamos las yemas de las claras. 

Exprimimos el zumo de limón y rallamos la piel. En un bol, mezclamos las yemas con el azúcar, y añadimos el zumo y la ralladura. Batimos bien hasta que la mezcla blanquee.

En otro recipiente amplio, montamos las claras a punto de nieve. Cuando formen picos firmes, las incorporaremos a la mezcla de yemas y azúcar. Integramos bien la mezcla con ayuda de una espátula o lengua, con movimientos envolventes.

Tamizamos la harina y la añadimos poco a poco a la mezcla, integrándola también con movimientos envolventes para evitar que se nos bajen las claras. 

OPCIÓN 2: Añadimos dos cucharadas de zumo de naranja, el agua de azahar, el extracto de vainilla, y mezclamos.

Forramos con papel de horno un molde redondo de unos 18 cm, o bien podemos engrasarlo con mantequilla y harina, para evitar que se nos pegue el bizcocho. Echamos dentro nuestra masa, y lo metemos al horno durante unos 45 minutos, hasta que la superficie se haya dorado bien y al pincharlo con un palillo éste salga limpio.

Desmoldamos y dejamos enfriar.


Como habréis comprobado, una receta sencilla, rápida y rica, pero rica de verdad. Os animo a que la hagáis en casa, y la compartáis con vuestros familiares y amigos, que es lo típico aquí en Galicia con un dulce como este. 

El bizcocho es bastante grande y da para bastantes raciones. En mi familia, lo solía preparar mi bisabuela, que lo horneaba en una olla (era como se hacía tradicionalmente), y con el desayunaba toda la familia. Vosotros si queréis podéis reducir las cantidades fácilmente, por ejemplo usando 3 huevos en lugar de 6 y dividiendo las cantidades de los demás ingredientes a la mitad. También he probado a hacerlo y no supone ningún problema, ya que el bizcocho sale bueno igualmente. 


No os entretengo más, que seguro que estáis impacientes por conocer qué han cocinado mis compañeras de reto. Para ello sólo tenéis que clicar aquí, y ver el recopilatorio de recetas estupendas que os proponen, ¡no os las perdáis!

Nos vemos pronto, que os tengo que contar mi aventura castellana y mi aventura asturiana de estos últimos meses (¡me puse las botas, viva la cocina española!).

Un biquiño!

Información nutricional de la Bizcochada gallega
Calorías totales: 1975 kcal
Calorías por ración (25 raciones): 395 kcal/ración

martes, 23 de diciembre de 2014

¡Calentando motores prenavideños! Receta de Pandoro di Verona


¿Qué, cómo marcha la cosa? ¿Todo a punto para la cena de Nochebuena y la posterior comilona de Navidad? En mi casa está la cosa que echa humo, pero no por nada malo, sino porque andamos a cien con los preparativos! Además los niños no tienen cole, y aprovechando que estos días el tiempo ha decidido ponerse de nuestro lado con un sol radiante, que seguramente poco durará, estamos de aquí para allá de una a otra actividad. Me encanta esta época, porque siempre hay algo que hacer :)

Aun así, sigo a tope de trabajo. Pero a tope de verdad. Este viernes mismo es la fecha tope para enviar uno de los muchos estudios para el máster, y sigo redactando la memoria de prácticas. Además de estudiar, que el 8 tengo examen. Vamos, que si alguien piensa a estas alturas que puedo aburrirme… ¡desde luego que se equivoca!


Pero estoy contenta, las cosas sean dichas eh. Porque a pesar de estar hasta arriba de chollo esta época no deja de sorprenderme año tras año. Lo siento, pero soy de ese grupo de gente a la que les flipa la Navidad. Y digo lo siento porque como veis contagio ese sentimiento en el blog, y sé que habrá gente a la que le parezca algo cansina (veeenga… que total sólo dura dos semanitas de nada…). Conste que sí hay algo que no me hace ilusión, aunque al resto sí, y son las super cenas/comidas/megabanquetes que se organizan en estas fechas. A mí es obvio que me gusta cocinar, y me encanta preparar canapés, los dulces y todo eso. Pero creo que llegado a un punto nos pasamos. Y mucho. ¡¡¡Pero si en casa de mi abuela tenemos turrones, polvorones y hojaldrinas hasta marzo!!! Yo, que soy más de cenar ligerito y comer bien, pero sano, acabo hecha polvo las primeras semanas de enero.

El caso es que llevo ya unos cuantos días mentalizándome con la que se me viene encima y he decidido este año tomar conciencia e intentar controlar la situación en la medida de lo posible. Hemos reducido cantidades dentro de un margen razonable (por supuesto, hablo de las cosas de las que nos encargamos nosotros, porque del resto… ¡ay de quien se le ocurra meter mano en la cocina de mi abuela!), y hemos procurado ir a lo seguro, cosas que gustan a todos y que después no estemos rogando con ellas hasta Semana Santa (que nos veo venir…). Por supuesto, esto es lo de siempre: una cosa es el plan, otra el resultado… Ya os contaré en qué acaba. 


Y es que no hay fiesta en la que no surjan imprevistos. Uno de ellos es el reto de Bake the World de este mes, en el que por supuesto participo. Porque, ¿quién podría resistirse a preparar un hermoso y rico Pandoro en estas fechas? Sí, queridos, esta es la propuesta de Clara y Virginia este mes, y sin dudarlo dos veces me he puesto manos a la obra con esta nueva creación. Y digo nueva porque lo es para mí, no había oído hablar de este dulce hasta principios de noviembre, cuando comencé a verlo por la red, y me pareció una alternativa genial al típico Panettone al que casi ya estamos acostumbrados. Pero lo que de verdad me cautivó fue su forma, estrellada, taaan navideña a la que no podía resistirme, de verdad. En mi casa se dieron cuenta, y no tardaron en aprovechar la ocasión de mi Santo, el 13 de diciembre, para regalarme el molde de aluminio original con el que hacer este dulce. 

Aunque he de confesar que esta receta ha dado lugar a más de un momento de desesperación por mi parte. El prefermento se salió por los bordes del bol, después el segundo levado llevó más tiempo que el que había previsto y tuve que enviar a mi madre a casa a que lo metiera a la nevera (no me vuelve a pasar lo del pan del jamón, el sobrefermento es cosa del pasado amigos!), y después descubro que el tercer levado puede durar hasta ¡¡12 horas!! Esto, sin duda, ha sido lo peor: metí la masa en el molde a las 15:45h, y tenía que mandar las fotos y la entrada antes de las 23:59h!!!! ¡No tenía 12 horas para esperar! Vamos, que lo he pasado un poco mal por momentos, pero sólo un poquito. Y creo que el resultado ha merecido la pena, ¿no creéis?


Conste que también me ha servido para hacer algo que sabéis que me encanta, y es indagar sobre la historia y cultura que rodean este postre. Hay webs maravillosas que lo explican, así que no voy a aburriros contándoosla. Lo que sí os diré es que he descubierto que en Verona, aunque suele ser un postre que está presente en la mayoría de los hogares por Navidad, no es típico prepararlo en casa. Resulta que, siendo un dulce tan laborioso, hay una serie de pastelerías ya conocidas en la ciudad que están especializadas en la elaboración del mismo y la gente suele encargarlos allí. Creo que esto nos da una idea del nivel de dificultad del mismo, jeje. A ver, no os asustéis: complicado, lo que se dice complicado, no es. Al menos no si sigues los pasos, y conoces bien los tiempos. En mi caso, he decidido dejaros todos los pasos en la receta lo más claros posibles, indicando el tiempo de cada uno, aunque no es típico que yo haga eso en el blog, pero lo creo necesario para planificar bien el pandoro.

Me parece un postre maravilloso para sorprender a la familia por Nochebuena. Yo desde luego es lo que tengo pensado hacer, no sé vosotros. Y además, como esta receta da para dos pandoros, he congelado la mitad de la masa para hornearla en Navidad. ¿Cómo lo veis?


Bueno, que sé que el tiempo es oro (y en estas fechas más), y no quiero enrollarme más. Os dejo con la receta, explicada paso a paso para que podáis lanzaros sin problema a probarla y os salga a la primera.

Receta de Pandoro (adaptada de esta de Unodedos)
INGREDIENTES
Ingredientes para el prefermento:
- 15 gr de levadura fresca
- 60 ml de agua templada
- 10 gr de azúcar
- 1 yema de huevo
- 50 gr de harina de fuerza

DÍA 1
21:00h Echamos en un bol el agua tibia, donde disolveremos la levadura desmenuzada. Dejamos que repose 5 minutos. En otro recipiente amplio, echamos la harina, y añadimos la mezcla de agua y levadura. Mezclamos bien con la ayuda de una espátula. Añadimos el azúcar y lo integramos a la mezcla. Batimos un poco la yema de huevo y la integramos también. Removemos para asegurarnos que la mezcla es homogénea. La dejamos reposar de 10 a 15 minutos (si en vuestra cocina tenéis una temperatura más bien templada, con 10 minutos será suficiente), hasta que veamos que empieza a burbujear. Tapamos con papel film y lo metemos en la nevera hasta el día siguiente.

DÍA 2
Ingredientes para la primera masa (primo impasto):
- El prefermento del día anterior
- 5 gr de levadura fresca
- 25 gr de azúcar
- 1 huevo mediano
- 200 gr de harina de fuerza
- 30 gr de mantequilla pomada

09:00h En un vaso, echamos dos  cucharadas de agua tibia (unos 30 ml), y disolvemos en ella la levadura. Añadimos esta mezcla a la del prefermento anterior, y la integramos bien con ayuda de una espátula o lengua. Añadimos primero el azúcar, y mezclamos bien. A continuación, batimos el huevo y lo echamos a la mezcla integrándolo con movimientos envolventes. Por último, vamos añadiendo la harina poco a poco. En este punto es mejor dejar la espátula y amasar o bien a mano (como hice yo) o bien en nuestro robot de cocina con el accesorio de gancho. Cuando veamos que la masa ya tiene una textura homogénea, añadimos la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente, y la integramos a nuestra mezcla. Engrasamos un bol con aceite y echamos en él nuestra masa, la tapamos con film o con un paño y dejamos que repose aproximadamente una hora a temperatura ambiente.

Ingredientes para la segunda masa (secondo impasto):
- La primera masa
- 2 huevos medianos
- 1 cucharada y media (tbsp) de vainilla en pasta
- 2 cucharaditas (tsp) de agua de azahar
- Una pizca de sal
- 115 gr de azúcar
- 200 gr de harina de fuerza
- 140 gr de mantequilla a temperatura ambiente

10:30h Llegados a este punto, yo decidí cambiar el bol de trabajo, por lo que eché la masa que ya había preparado en el bol de la batidora o robot de cocina, con el accesorio de gancho. Añadimos en la masa previa los huevos batidos en primer lugar; cuando se hayan integrado, añadimos la vainilla y el agua de azahar; una vez se hayan integrado, añadimos la sal, luego la azúcar, y cuando la masa sea homogénea, echamos la harina poco a poco, y sin dejar de batir a velocidad media. Yo lo tuve amasando en el robot durante unos 10 minutos, hasta obtener una masa suave y elástica. Lo echamos en un bol, engrasado previamente, y lo dejamos que fermente hasta que doble su tamaño (a mí me tardo una hora y media). Cuando haya subido, podemos hacer dos cosas: o bien seguir con el proceso, o, como fue mi caso, meter la masa a la nevera y continuar más tarde. 

13:30h Enharinamos una superficie limpia, y en ella echamos nuestra masa. La desgasificamos y con ayuda de un rodillo le damos forma de rectángulo, estirándola bien (hasta obtener un rectángulo de aproximadamente 55 x 30 centímetros, o un grosor de medio centímetro como máximo). Vamos a empezar el proceso de hojaldrado. Cortamos la mantequilla en láminas y la colocamos en el centro de nuestro rectángulo de masa. Doblamos las esquinas cara el centro, asegurándonos que la mantequilla queda “encerrada” en su interior. La estiramos de nuevo para integrarla, y la doblamos en tres partes, como un libro, llevando cada extremo de la masa al centro. La envolvemos en film transparente y la metemos en la nevera media hora. Transcurrido este tiempo, la sacamos y repetimos la acción anterior dos veces más, dejando reposar siempre la masa 30 minutos entre cada vez. En total, desde que empezamos el proceso de hojaldrado, debe haber pasado como mínimo 1 hora y media. 

15:15h Sacamos la masa de la nevera tras el último reposo, estiramos la masa y la dividimos en dos partes. Una de ellas podemos usarla más tarde o bien congelarla, como yo hice, para otro día (aunque no puedo asegurar que se logren los mismos resultados). La otra, la vamos a bolear: vamos a coger los extremos y llevarlos al centro formando una bola, sin apenas amasar, ya que queremos que conserve la estructura hojaldrada. Engrasamos nuestro molde con mantequilla, y espolvoreamos con azúcar glas. Echamos la bola de masa en el molde, con la cara lisa hacia abajo. Tapamos el molde y lo dejamos reposar de nuevo, para que fermente, hasta que triplique su tamaño y la masa asome por fuera del borde. Puede tardar de unas 6 a 9 horas. En mi caso, estuvo listo a las 6 horas y media (de ahí mi miedo a no poder publicarla a tiempo…).

21:45h Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo y ventilador. Lo horneamos sobre una rejilla que pondremos en el segundo nivel más bajo (aunque yo, la próxima vez, la colocaré directamente en el fondo del horno, pues considero que en mi caso puedo conseguir mejores resultados; en vuestros hornos, dependerá mucho, aconsejo que os guiéis por el color dorado de la base). Lo horneamos así 10-12 minutos, y transcurrido este tiempo, bajamos la temperatura del horno a 150º y lo dejamos unos 20 minutos más. Si veis que se dora demasiado en la base, poned sobre ella papel de aluminio apto para el horno, pero aseguraros de que hayan pasado mínimo 15 minutos desde que lo introdujisteis el molde. 

22:15h Apagamos el horno y sacamos el molde. Dejamos que el pandoro repose en el molde unos 5 o 10 minutos, y transcurrido este tiempo lo echamos sobre una rejilla. Debería desmoldarse sin problema, si lo habéis engrasado lo suficiente simplemente se deslizará hasta la rejilla. Dejamos enfriar. A la hora de servirlo, lo espolvorearemos de azúcar glas.


Tiempo total: 24 horas
Previsión de tiempo de trabajo: 2 días

Bueno, lo sé, es una receta larga y trabajosa. Pero la recomiendo porque merece la pena el resultado, la verdad. Yo cuando lo vi hecho casi me emociono. Que digo casi, ¡¡me emocioné muchísimo!! Estoy deseando que sea Nochebuena para sorprender a la familia. Ya os contaré sus impresiones (y actualizaré con la foto de la presentación, así que estad atentos!), pero eso sí, en futuras entradas, que por ahora me voy a dar un descansito de unos días para disfrutar de la Navidad como Dios manda.

Que tengáis una semana maravillosa y disfrutéis al máximo de estas fiestas con vuestras familias, pareja y amigos. ¡Un saludo a todos!

Biquiños y… BO NADAL!!!!

Información nutricional del Pandoro
Calorías totales: 3841 kcal
Calorías por ración (15 raciones/pedazos): 256 kcal

jueves, 20 de noviembre de 2014

Bizcocho de calabaza sin gluten


No suele ser lo normal en mí, pero me da la impresión de que este mes está pasando demasiado rápido. Y no será por despiste, que al fin y al cabo estoy harta de poner el día que es en los apuntes cada tarde. Pero es que no me cabe en la cabeza que estemos ya a 20 de noviembre.


¿¿Pero a dónde ha ido el resto del mes?? Si en una semana termino las clases ya, madre mía! Bueno, a ver, aclaración: termino con las clases teóricas, pero empiezo el período de prácticas, hacia las que tengo una mezcla de sentimientos que van desde la impaciencia, al nerviosismo y algo de temor. No por las prácticas en sí, sino porque es algo nuevo que siempre he tenido quizás demasiado idealizado en mi cabeza, y no sé… siempre pueden decepcionarme (o encantarme todavía más, quién sabe).
El caso es que aquí estoy yo ultimando preparativos y dejando a punto todos los trabajos que puedo para cuando llegue diciembre pueda dedicarme casi al 100% al Prácticum. Y claro, buscando huequecillos para relajarme y darle a la vena cocinillas.


Algunos estaréis pensando que esta receta tiene truco. Y no vais mal encaminados. Esta receta no es nueva, muchos la conoceréis de sobra, de hecho, ya que es la más visitada de todo el blog. Probablemente recordaréis este bizcocho de calabaza súper esponjoso que publiqué hace ya dos años (cómo pasa el tiempo, jolín). Y aquí he de hacer una confesión: este postre es una de mis elaboraciones estrella. Está rico, es muy versátil ya que tanto sirve como base para una tarta formal como para un desayuno de los buenos, y encima es bastante sencillo. Vamos, que los que no lo habéis hecho no sé qué estáis esperando, ahora que aún se puede encontrar alguna calabaza en el mercado.


Pero este bizcocho no es exactamente igual, y por eso merece una nueva entrada en el blog. Como ya dije en una entrada anterior, mi amiga Jeny me regaló hace casi un mes una preciosa calabaza de su huerta, natural 100%, de tamaño mediano, que en un principio sólo quería para una o dos recetas. Menuda sorpresa cuando me encuentro que la calabaza era prácticamente toda carne, vamos, que había allí materia aprovechable para alimentar a un regimiento. Pues allá fui yo, me embarqué en una nueva receta de galletas y después guardé dos raciones para hacerme unos revueltos con setas que estaban… en fin, riquísimos se quedan cortos. Y me quedaban aún dos raciones, así que, aprovechando que todavía no había postre para la comida del domingo en casa de mi abuela, decidimos repetir el tan alabado bizcocho de calabaza. Peeeero (siempre hay un pero últimamente…) no me valía esa receta, porque como os comenté ya, mi tío es celíaco y no puede por tanto tomar nada que contenga, entre otras cosas, harina de trigo. Como para los diabéticos ya se iba a encargar mi abuela de hacer una tarta de manzana, y esta receta tampoco lleva lácteos (mi madrina tiene intolerancia a la lactosa), lo vi claro: a adaptar se ha dicho! Pues justamente, dicho y hecho: os presento el nuevo bizcocho de calabaza sin gluten, apto para celíacos e intolerantes a la lactosa.

Bizcocho de calabaza (sin gluten ni lactosa)
-          3 huevos
-          200 gr de azúcar
-          70 gr de aceite de oliva suave (echar en hilo)
-          250 gr de calabaza rallada (pelada y sin pepitas)
-          45 gr de harina de garbanzo
-          155 gr de harina de arroz
-       16 gr de levadura (se podría usar un sobre de Royal pero no es apta para intolerantes a la lactosa; los que no tengáis este problema, podéis usar la que prefiráis)
-          Ralladura de medio limón
-          Una cucharada de canela
-          Una cucharadita de extracto de vainilla

Precalentamos el horno a 180º. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso.Si tenemos la calabaza entera, realizamos cortes profundos con la ayuda de un cuchillo en toda la superficie, llegando hasta el centro más o menos, e introducimos la calabaza en el horno para que se ase y después sea más sencillo quitarle la piel. La dejamos unos 20-30 minutos, dependiendo del horno, y después la dejamos templar. Cuando la temperatura sea la adecuada para que podamos manejarla sin riesgos, le quitamos la piel y la cortamos en rodajas. La pesamos y nos quedamos con 250 gr. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso. La rallamos y reservamos.

En un bol, batimos a velocidad baja los huevos, de uno en uno. Añadimos poco a poco el azúcar, sin dejar de batir, y cuando esté integrado echamos el aceite en hilo. Cuando la mezcla sea homogénea, echamos la calabaza rallada, poco a poco.

En otro bol, tamizamos la harina y la levadura juntas, y la añadiremos a la mezcla anterior en varias tandas. Integramos la masa siempre a velocidad baja, para que no se nos apelmace. Por último, añadimos la ralladura de limón, la canela y la vainilla.
Preparamos un molde apto para hornear, yo he utilizado uno redondo de 18 cm de diámetro, pero si usáis uno más pequeño os saldrá igual, aunque tened en cuenta que tendrá algo más de altura y tendréis que vigilarlo bien en el horno para que se os haga completamente por dentro. Horneamos 30 minutos, y transcurrido ese tiempo comprobamos con una brocheta o palillo que se haya hecho por dentro. Es muy importante que no abráis la puerta del horno si no han pasado mínimo 15 minutos desde que metisteis el bizcocho, porque se os puede hundir. Una vez esté hecho, lo dejamos enfriar en el molde. Desmoldamos y servimos.



 Y este es el resultado. Apetecible, no? En casa de mi abuela gustó mucho, y como era grande y había más postres, de lo que me sobró dieron buena cuenta mis compañeros de clase, especialmente Jeny, que recibió una porción con todas las de la ley (no iba a ser menos, teniendo en cuenta que el fruto de todo esto era su calabaza). Un éxito, queridos, un éxito.

Y con esto me despido. Próximamente, me tendréis publicando una receta para un proyecto nuevo al que me he sumado, probablemente muchos lo conozcáis pero para los que no... me guardo la sorpresa...

Un besiño!


Información nutricional:
Calorías totales: 2230 kcal
Calorías por ración (20 raciones): 111 kcal

viernes, 9 de noviembre de 2012

Bizcocho de calabaza ¡super esponjoso!

    
    ¡Pero qué orgullosa que estoy de mi nueva creación! Lo sé, sé lo que estáis pensando, que hacer un bizcocho de calabaza no tiene ninguna ciencia, que no es ningún logro del otro mundo, pero es que tenéis que entenderme, nunca lo había hecho antes sin ayuda, y además, ¡por fin puedo decir que la receta es mía! 

miércoles, 31 de octubre de 2012

Bizcocho de dos chocolates (hipercalórico!!!)




Está demostrado que a veces los postres van por su cuenta. Da igual que sigas todos los pasos, añadas los ingredientes medidos hasta el último miligramo... ellos siempre tendrán su última palabra. Ya ocurrió con la anterior receta, y por lo que veo se está convirtiendo en tendencia entre nuestros queridos "bizcochos". Y es que juro que no hacemos nada raro, en serio, pero a veces hay factores con los que no cuentas; en el caso de la coca de caquis era la fructosa, y en esta ocasión ha sido el chocolate blanco. Sí, el de Nestlé, de repostería, para derretir. No sabemos cómo ni por qué, pero ha convertido un bizcocho en brownie, así porque sí. 


¿Y por qué sabemos que fue el chocolate blanco? Pues porque el día anterior, para el cumple de mi sobrino, mi hermana utilizó exactamente los mismo ingredientes para hacer un bizcocho de chocolate, que quedó esponjoso, con volumen... mmm... estaba riquísimo (lo sé, no tengo foto, es que no duró mucho... no me matéis!!). ¿Dónde radicaba la diferencia? Que no llevaba chocolate blanco, sólo habíamos utilizado la tableta de chocolate negro, y salió riquísimo. 
Y claro, teniendo en cuenta que la coca de caquis no iba a llegar para la sobremesa del domingo (ya que nuestra familia, además de extensa, es de buen comer, por así decirlo), decidimos añadir una versión más ampliada de nuestro exitoso bizcocho de chocolate, pero esta vez utilizando chocolate blanco, que la verdad no habíamos probado antes.



Y así quedó. Apariencia de brownie, ¿verdad? Bueeeno, el caso es que estaba riquísimo de sabor, pero rico de verdad.
E hipercalórico, también.

En fin... mejor me voy a callar, y os dejo la receta. Comprobadlo vosotros :-)

- 125 gr de chocolate negro para derretir (nosotras utilizamos el de marca Nestlé)
- 125 gr de chocolate blanco para derretir (lo mismo de antes, marca Nestlé)
- 150 gr de mantequilla
- 5 huevos (claras y yemas por separado)
- 40 gr de Maizena
- 16 gr de levadura (un sobre de Royal de toda la vida)



 Primero, dividimos la mantequilla a partes iguales y la repartimos en dos cuencos (es decir, 75 gr aproximadamente en cada uno). Dividimos en onzas el chocolate, y echamos el blanco en un cuenco y el negro en el otro. Derretimos al baño maría (nosotras lo hicimos  en dos cazuelas dentro de otras, vamos, al método más rudimentario, pero efectivo ehh!!)




Mientras, batimos las claras a punto de nieve. Cuando estén listas, añadimos la maizena y la levadura.

Esta sería una textura idónea, fijaos en la imagen inferior que es realmente esponjosa.


Es el momento de retomar los fogones. Comprobamos el estado del chocolate, siempre procurando mover la mezcla para que no se queme ni se formen grumos. Cuando consideremos que está completamente derretido, removemos bien para que se integre del todo el chocolate con la mantequilla.



 Una vez hecho todo esto, añadimos el chocolate a la mezcla de las claras con la maizena y la levadura, y mezclamos bien (sin darle damasiada caña ehh!!). Por último, añadimos las yemas de una a una, que iremos integrando poco a poco a nuestra mezcla.

¡Y esto es todo! Vale, si, un poco desastre si que fue, pero ¡ojo! el sabor es muy bueno; al fin y al cabo, no podríamos esperar menos del chocolate, mmm...

Os animo a que lo practiquéis en casa, y si conseguís que os suba, por dios, ¡hacédnoslo saber! Y ya sabéis, si no queréis arriesgar, modificad sólo el apartado del chocolate: en lugar de añadir 250 gr de un tipo y 250 gr de otro, id a lo seguro: 500 gr de chocolate negro, y queda perfecto. Esponjoso, suave, dulce... ai, que ya tengo hambre otra vez...

En fin, nos vemos muy pronto... ¡¡¡que ya es Halloween!!!
¡Un biquiño!



jueves, 25 de octubre de 2012

Coca de caquis (crónica de un bizcocho rebelde)


Sí, como lo oís, puede que me encuentre ante el primer bizcocho rebelde de la historia. Se suponía que esta receta sería la de un bizcocho normal, esponjoso, con cuerpo, apto para tomar solo o empapado en café; vamos, un bizcocho de los de toda la vida. Peeero no, porque este bizcocho decidió poner sus propias normas y se declaró en huelga (el pan de cada día, vamos), y decidió no subir, por lo que me obliga a renombrarlo como una coca de caquis, más que como un bizcocho. 



Supongo que todos conoceréis lo que es una coca, pero por si acaso os lo resumo rápidamente: la "coca" típica es de origen catalán, y puede referirse tanto a variantes dulces como saladas. Su característica esencial son sus dimensiones, ya que suele ser muy plana; de hecho, según cuentan, su origen viene del aprovechamiento que hacían las amas de casa de la masa del pan que había sobrado porque no habría aumentado de volumen. Así, en vez de tirarla, la volvían a amasar, la endulzaban y servían de postre.



Hasta aquí todo bien, pero es que.... ¡¡es que no tenía que ser una coca, tenía que ser un bizcocho!! Y es que la razón de todo este desengaño político en el mundo bizcochil tiene un nombre: la fructosa. Sí, ese sustituto del azúcar procedente de las frutas y la miel. Y es que no he mencionado hasta ahora que en mi familia hay muchas personas con diabetes, por lo que nos vemos obligadas a modificar en numerosísimas ocasiones nuestras recetas originales para adaptarlas y hacer opciones sin azúcar.

Bueno, que me estoy enrollando mucho, ahí os va la receta... ¡Coca de caquis apta para dabéticos!

Ingredientes:
- 50 gr de fructosa
- 100 gr de almendra en polvo (nosotros mezclamos almendra en polvo y almendra picada, para darle más juego al asunto)
- 50 gr de harina
- 50 gr de mantequilla
- 16 gr de levadura (1 sobre de levadura Royal de los de toda la vida, vamos)
- 4 claras de huevo
- 1 caqui

Primero, montamos las claras hasta que estén a punto de nieve. 

Aunque en la foto podéis ver que lo hemos batido con un robot de cocina, sirven las batidoras normales de toda la vida
Las claras listas (a puntito de nieve!!)

 Cuando estén casi listas, añadimos, sin dejar de batir, la fructosa, la almendra, la harina y la levadura. Batimos hasta que la mezcla esté bien incorporada.



Derretimos la mantequilla en el microondas, y una vez lista la añadimos a la mezcla. 


Picamos el caqui en pequeños pedacitos, que queden todo lo planos posibles. Preparamos un molde colocando en la base papel vegetal para hornear. Encima, colocamos el caqui troceado y repartimos los pedazos por toda la base. Mientras, precalentamos el horno a 200º.


Añadimos la mezcla sobre la base de caquis, y la extendemos con la ayuda de una espátula, hasta que quede bien nivelada (más o menos, no pasa nada si no queda del todo igual por toda la superficie). Mientras, precalentamos el horno a 200º.




Hasta que os quede algo así:



Lo metéis en el horno, y lo dejáis unos 30 minutos, aproximadamente (es orientativo, depende del horno). Procurar hornearlo sobre una rejilla, para que fluya el calor de manera más homogénea.

Y....

... ¡¡¡¡¡¡tachááááán!!!!!!


Mmmm... ¡riquísimo! Cortadlo en pequeñas raciones, nosotros hicimos sobre 25 cuadraditos. Son ideales para tomar en la sobremesa.
¡Ah! Y por si alguien está interesado, son unas 60 kcal por ración, aproximadamente.


Esperamos que os animéis a probarla en casa, y para quienes no puedan tomar azúcar, es ideal. Un saludo, nos vemos próximamente con una receta más achocolatada, no digo más, jijijiji. Un biquiño!