miércoles, 10 de junio de 2015

Tarta de queso estilo "Lestedo" para la iniciativa #comequesoquesabeabesos


Un mes más, ya está aquí el reto de este mes de La Cocina Typical Spanish, y como siempre, viene pisando fuerte, esta vez con un ingrediente que me encanta, y que ya he usado bastantes veces en el blog.


Sí, se trata del queso. Me alegré mucho cuando supe de la iniciativa de junio, que en esta ocasión venía, además, acompañada de una sorpresita…


¡Un pedazo de sorteo por cortesía de Quesería Camino la Ermita! Se trata de un lote de quesos fabuloso que seguro que está de muerte (ayyy que se me hace la boca agua sólo de pensarlo...)


No sé si lo he comentado alguna otra vez en el blog, pero me considero una absoluta fanática del queso. A día de hoy no he probado ninguno que no me haya gustado: fresco, mozzarella, gouda, emmental, maasdam, parmesano, grana padano, manchego, torta del casar, tetilla, San Simón, arzúa-ulloa, de cabra, de oveja, gorgonzola, brie, camembert... Todos me encantan. Absolutamente todos. 

Además creo que es un alimento súper versátil, que tanto se deja tomar sólo, con unas gotas de aceite por ejemplo, y acompañado de un buen pan, o haciendo de acompañamiento de cualquier plato como la pasta, la carne… En fin, que me parece un acierto tener siempre un poco de queso en nuestra despensa o nevera, merece muuuucho la pena (aunque luego se resienta la dieta, qué le vamos a hacer).


Sin embargo, hoy no os he traído una receta en la que use ninguno de los quesos que he mencionado arriba. En realidad, he optado por un tipo de queso mucho más cotidiano y, para muchos, menos “gourmet”: el queso crema (vale, philadelphia de toda la vida, pero es que me gusta ser cuidadosa con el tema de las marcas). 

Se entiende mi elección teniendo en cuenta que os traigo un plato dulce… y dejadme que os diga que delicioso. Se trata de una tarta de queso, pero no una tarta de queso cualquiera. En realidad, esta tarta tiene mucha más tradición de la que puede parecer a simple vista. Y es que en eso consisten los retos de La CocinaTS, en homenajear la cocina de nuestro país con recetas de nuestra tierra. 

Y esta tarta de queso nada tiene que ver con la típica “cheesecake” americana. De hecho, tampoco tiene nada, pero nada, que envidiarle. Se trata de una tarta de queso al estilo “Lestedo”. La empresa “Lestedo” se encuentra en Lestedo, Boqueixón, muy cerca de Santiago de Compostela, y lleva haciendo estas tartas de queso desde hace muchísimos años. Son muy típicas de esta zona y están deliciosas, por lo que han conseguido que su fama llegue a todos los rincones de Galicia. Para muestra, un botón:

Fuente: http://www.tartaslestedo.com/image/galeria/tn_tartas-51.jpg
Creo que me ha quedado muy del estilo, ¿no? Estética aparte, lo que sí estaba era deliciosa, madre mía. De hecho, ya os lo advierto: si estáis en plena operación bikini, absteneos de hacerla, será imposible resistirse… Y para los demás, aquí os dejo la receta.


Receta de Tarta de queso tipo “Lestedo” 
Ingredientes para un molde de 18 cm
- Un paquete de galletas María o similar
- 120 gr de mantequilla
- 400 ml de nata para montar (35% materia grasa)
- 100 gr de azúcar
- 1 sobre de gelatina de limón
- 1 vaso de agua
- 250 gr de queso crema
- 350 gr de mermelada de fresa
- 2 hojas de gelatina neutra (cola de pescado)

En primer lugar, trituramos las galletas, bien con un robot de cocina o, como hice yo, a mano. El truco es sencillo: meted las galletas en una bolsa de plástico, a poder ser grueso, y golpeadlas hasta que queden hechas polvo (literalmente), con un rodillo o, si no tenéis, una botella de vidrio. En un recipiente apto para el microondas fundimos la mantequilla, y la añadimos a nuestras galletas trituradas. Mezclamos bien hasta que obtengamos una especie de “migas” bien jugosas y forramos con esta masa nuestra base para la tarta. Engrasamos bien los laterales del molde con la mantequilla que nos sobre, o bien con un spray desmoldante, e introducimos todo en el congelador, para que la base se endurezca.

A continuación, añadimos el agua en un cazo pequeño y lo llevamos al fuego. Cuando rompa a hervir, añadimos la gelatina, bajamos la temperatura y removemos bien hasta que se haya disuelto por completo. Retiramos del fuego y dejamos templar unos 10 minutos.

En un recipiente o bol amplio, montamos la nata, que debe estar bien fría, añadiendo poco a poco el azúcar en forma de lluvia. Es conveniente que no lo echéis todo de una sola vez, para que la nata se monte con más facilidad. Reservamos.

En otro recipiente, echamos el queso crema y removemos un poco con ayuda de una espátula o lengua, para que no esté demasiado duro. Añadimos la gelatina que habíamos dejado templar y mezclamos todo muy bien hasta obtener una masa homogénea. 

Por último, añadiremos la mezcla de queso y gelatina a la nata montada, con mucho cuidado para que no se nos baje. Para eso, recomiendo que lo mezcléis todo con ayuda de una espátula o lengua haciendo movimientos envolventes. 

Sacamos nuestro molde del congelador y añadimos la mezcla anterior. Lo llevamos a la nevera y dejamos que cuaje durante 24 horas. 

Al día siguiente, haremos la cobertura. Para ello, pondremos a hidratar la gelatina en un cuenco con agua fría durante 10 minutos aproximadamente, y en otro recipiente echaremos la mermelada. La calentamos en el microondas en intervalos de 15 en 15 segundos hasta que se haya licuado (podemos añadir una o dos cucharadas de agua si es demasiado espesa), y cuando esté lista le añadimos la gelatina, removiendo sin parar hasta que se haya integrado. Dejamos templar 5 minutos la mezcla, y a continuación la esparcimos por la superficie de nuestra tarta de queso. La metemos de nuevo a la nevera unas 4 horas, y estará lista para ser degustada. 


Como veis, una tarta sencilla, económica y deliciosa. Si queréis triunfar en alguna cena, comida o cualquier celebración que tengáis, apostad por esta receta. En casa de mi abuela no dejaron ni las migas… Un éxito total. 

Ahora me retiro, que tengo que seguir trabajando y el tiempo apremia. Disfrutad de la tarta a mi salud, y no olvidéis echar un vistazo a los platos que han preparado mis compañeros del reto pulsando en este enlace.

Nos vemos pronto, con una receta nueva que seguro que os gustará…

Un besiño!

Información nutricional de la tarta de queso tipo "Lestedo"
Calorías totales: 4662 kcal
Calorías por ración (14 raciones): 333 kcal/ración

viernes, 5 de junio de 2015

Alta cocina de raíces gallegas: mousse de queso de tetilla, espuma de membrillo y reducción de licor café


Confesión número I…

Los que me conocen de verdad, saben lo mucho que me gusta comer fuera de casa y probar sitios nuevos, comidas de todas partes del mundo, y tendencias de todo tipo. Soy muy amiga de pedir el menú del día, por eso de probar cosas fuera de carta y fundamentalmente productos de temporada. Y premio, por encima de todo, un buen servicio: amabilidad, respeto y educación. Bueno, por encima de todo no; a la par que el sabor de la comida y la higiene. No soy una súper gourmet, pero sí que es cierto que, como es algo que me gusta y que aprecio mucho, cuando como fuera me vuelvo el doble de observadora. Sea cual sea el lugar.

Sin embargo, bien por mi condición de estudiante y por mi bolsillo ajustado (gracias a los recortes en los programas de becas…), no me permito demasiados lujos en cuanto a locales visitados. Para que o hagáis una idea: en mi lista de cosas que quiero hacer antes de morir (sí, tengo una de esas), está el visitar un restaurante con estrella michelín y disfrutar de un menú degustación completo. Lo que se traduce por: ¡tiremos la casa (y de paso la dieta) por la ventana!

No sé, sonará superficial pero es una de las cosas que más me gustaría en el mundo, poder probar alta cocina contemporánea y disfrutar de un momento único, si puede ser bien acompañada.


Confesión número II…

A esto hay que sumarle que me gustan los programas de cocina. Tanto los de recetas, como los monográficos, documentales, etc. Antes me gustaba mucho Masterchef, pero las últimas ediciones españolas, para mi gusto, van cuesta abajo y sin frenos. Top Chef también suelo seguirlo, pero sigue teniendo un aire de reality que, la verdad, no va conmigo.

Sin embargo, curiosamente todos mis amigos siguen este último programa (aunque no son tan foodies como yo), y nos lo pasamos genial comentándolo después; de hecho, creo que disfrutamos más el momento post-programa que el programa mismo. Y así, hablando y hablando del tema, surgió una figura en nuestras conversaciones: la de Yayo Daporta. Este cocinero, gallego como una servidora, fue juez en la última edición  de Top Chef, y lo cierto es que me cayó bastante bien. Así que mayor fue mi sorpresa cuando me puse a investigar por la red y comprendí que, además de aparentemente un buen jurado culinario, es un grandísimo cocinero, con una trayectoria espectacular en los fogones, y un restaurante precioso en su tierra natal, Cambados (Pontevedra). 


Y así, sin quererlo ni beberlo, un buen día que organizamos una comida con los amigos, surgió la idea de hacer todos una escapada este verano a Cambados para visitar su restaurante. Yo no me lo podía creer, más que nada porque mis amigos no suelen hacer este tipo de planes, pero obviamente me convertí ipso facto en la abanderada y defensora principal de la idea. ¡Y sigo haciéndolo! De hecho, en nuestro último encuentro volví a sacar el tema (no vaya a ser que el plan vaya quedando en el olvido…), y más de uno seguía interesado. 

En nada me vi estudiando su carta, los menús que tienen, y leyendo opiniones y recomendaciones en la red sobre qué pedir cuando lo visite. Es que me puede la ilusión, qué le vamos a hacer.


Pero lo que nunca, nunca había imaginado, era que pronto me tendría que enfrentar a una prueba que me acercaría todavía más a la cocina de Yayo.

Sí, señoras y señores, se trataba del reto mensual de Cooking the Chef. Imaginad mi cara en el momento en que abro mi correo el 6 de mayo y me encuentro con que nuestro chef misterioso para el mes de junio es, nada más y nada menos, que mi queridísimo Yayo Daporta. Bailar frenéticamente fue lo más light que hice en ese momento.


Tiré de archivo y empecé a releer su carta, a ver qué podía elegir para tal ocasión. Tenía claro que, siendo un chef gallego, con restaurante en Galicia, y con platos que, por lo general, hacen numerosos guiños a nuestra tradición gastronómica, tenía que escoger una receta que representase a Galicia, y que al mismo tiempo me transmitiese algo a mí, bien un recuerdo o un sentimiento familiar. Algo que me motivase. Y lo encontré.


Una receta dulce, curiosamente, que me trasladó automáticamente a mi infancia, cuando veía a mi abuela y a mi madre picando aquel queso de tetilla o un arzúa-ulloa bien tiernos con membrillo. Por aquel entonces, lo aborrecía. Sí, es para matarme, pero es que…

Confesión número III…

… hasta los 17 no probé nunca ni la mermelada ni el membrillo. Desde pequeña asumí que no me gustaban y, por cabezonería, ni se me ocurrió probarlos. Y cuando lo hice… en fin, no sé si alegrarme de haberme dado cuenta a tiempo de lo ricos que están, o apenarme por mi consecuente aumento de kilos a base de pan con membrillo y queso. Pero es que están taaaan ricos… 


En Galicia, es muy típico como postre servir taquitos de queso tierno do país, acompañados de dulce de membrillo, casero o comprado, y algún fruto seco como nueces. También sirve como aperitivo dulce en cualquier mesa de picoteo, y creedme, triunfa siempre. Siempre, en serio. Es la combinación perfecta. 

Así que no me lo pensé dos veces, y elegí el postre que en la carta del restaurante Yayo Daporta se anuncia como “Mousse de queso de tetilla, espuma de membrillo y reducción de licor café”, y es el primero de la lista (todos tienen una pintaza, la verdad sea dicha). Estuve a punto de decantarme, por comodidad, por la sopa de chocolate blanco, pero finalmente aposté por algo gallego de verdad. Además, el queso de tetilla es uno de los quesos de Galicia reconocidos con Denominación de Origen (junto con el Arzúa-Ulloa, el San Simón y el queso del Cebreiro).


Además, había otra razón por la que la receta me llamaba especialmente, y es que en mi casa hacemos licor café casero (ri-quí-si-mo), y justamente en la receta Yayo incluye una reducción a modo de sirope que le va perfectamente a la mousse.

Es una combinación de sabores, como ya he dicho, muy equilibrada y suave. Por un lado, la acidez del queso de tetilla, contrasta a la perfección con el dulzor del membrillo. Además, también he querido jugar con las texturas y por eso he presentado por un lado una mousse al modo tradicional, es decir, con nata montada y posteriormente gelificado, y por otro una espuma, ligera pero potente de sabor, a base de claras de huevo y membrillo. Para ligar estos elementos, añadí una crema de membrillo como fondo, de manera que el conjunto de la receta estuviese bien integrado. Y para rematarlo, un toque de reducción de licor café, de sabor contundente, que combina con la mousse de queso, puesto que ésta no resulta demasiado dulzona al paladar.

Aunque pueda parecer a primera vista una receta complicada, no lo es en absoluto. Simplemente tenéis que seguir los pasos que os detallo abajo y os saldrá sin problemas. Eso sí, ya os adelanto que la hagáis con antelación, puesto que necesita tiempo de reposo en frío y además, cuanto menos apurados estemos, mejor nos saldrán las cosas.


Os dejo con la receta, a ver qué os parece.

Mousse de queso de tetilla con espuma de membrillo y reducción de licor café
Ingredientes para la mousse (4 raciones)
- 300 gr de queso de tetilla
- 400 ml de nata para montar (más del 30% de materia grasa)
- 3 hojas de gelatina neutra (cola de pescado)
- 60 gr de azúcar

Ingredientes para la espuma (4 raciones)
- 2 claras de huevo
- 50 gr de azúcar
- 350 gr de dulce de membrillo
- 60 ml de agua

Ingredientes para la crema de membrillo (4 raciones)
- 150 gr de dulce de membrillo
- 45 ml agua (tres cucharadas/tbsp)

Ingredientes para la reducción de licor café (4 raciones)
- 500 ml de licor café
- 6 cucharadas de azúcar moreno
- 30 ml agua (dos cucharadas/tbsp)

Mousse de queso de tetilla
En primer lugar, ponemos las hojas de gelatina a remojo en agua fría durante 10 minutos. Mientras, echamos 80 ml de la nata en un cazo, y añadimos el queso de tetilla troceado, sin la piel. Ponemos a fuego medio y vamos removiendo hasta que el queso se haya fundido totalmente. 

A esta crema añadiremos las hojas de gelatina que hemos hidratado previamente, bien escurridas, y seguimos removiendo la mezcla para que se diluyan. 

Colamos esta mezcla y reservamos.

Montamos el resto de la nata con el azúcar, y cuando esté lista, añadimos la crema de queso anterior. Integramos bien ambas mezclas con ayuda de una espátula, haciendo movimientos envolventes para que no pierda volumen.

Engrasamos 4 flaneras, yo recomiendo usar las desechables de papel de aluminio que venden en casi todos los supermercados, son sencillas de usar, rápidas a la hora de emplatar, y cómodas. Repartimos la mezcla en ellas y llevamos la mousse a la nevera durante toda la noche. Si disponéis de tiempo, dejadlas 24 horas, el resultado será infinitamente mejor.

Espuma de membrillo
En un cazo, calentamos el dulce de membrillo troceado con el agua. Removemos hasta que se funda y obtengamos una mezcla homogénea. Dejamos templar y reservamos.

Batimos las claras de huevo a punto de nieve, y añadimos el azúcar poco a poco. 

Echamos la crema de membrillo que hemos hecho sobre las claras, y lo mezclamos todo con ayuda de una espátula con movimientos envolventes, o bien con unas varillas pero a velocidad mínima. Reservamos en la nevera inmediatamente.

Crema de membrillo
Calentamos en un cazo el agua junto con el dulce de membrillo troceado. Removemos bien hasta que se haya fundido y obtengamos una crema homogénea. Apartamos del fuego y reservamos a temperatura ambiente.

Reducción de licor café
En un cazo, calentamos a fuego medio el licor café, junto con el azúcar y el agua. Dejamos que hierva ligeramente, durante unos 10 minutos, hasta que haya perdido el 25% de su volumen. Cuando tenga una consistencia de sirope, la pasamos a un biberón dosificador y lo dejamos reposar, e temperatura ambiente. 

Montaje del plato: en el fondo, ponemos una cucharada de la crema de membrillo, procurando extenderla de un extremo al otro del plato. Sobre ésta, a un lado, colocamos la mousse de tetilla. Un buen truco para desmoldarla es introducir el molde en agua tibia, sin llegar a la superficie de la mousse, y hacer un pequeño corte en la parte inferior del mismo, para que así entre aire y no haga efecto de vacío, facilitando el desmoldado. Al lado, colocamos la espuma de membrillo, bien con una cuchara, o como hice yo, con ayuda de una manga pastelera y una boquilla. Yo he querido jugar con las formas y le he intentado dar un aspecto de “tetilla” (más o menos). Por último, añadimos un chorrito de la reducción de licor café sobre la mousse. 


Para mi gusto, la mejor forma de acompañar este postre es con un buen café de pota, totalmente tradicional en Galicia, y que a mí me vuelve loca. También me gusta combinar la suavidad de un postre como este con el crujiente de, por ejemplo, unas galletas, como las que veis en las imágenes, que escogí por un lado porque están de vicio, con ese toque a anís y su textura crujiente, y por otro, obviamente, por la forma, que también recuerda al queso de tetilla.

Os animo a que lo hagáis, lo probéis y me digáis qué os parece. En mi casa ha sido todo un éxito en la sobremesa, ¡¡¡no ha quedado ni pizca!!! En fin, que mi pequeño homenaje particular a Yayo Daporta ha salido estupendamente, y sin duda repetiré.

Si tenéis curiosidad por ver lo que han cocinado mis compañer@s, simplemente haced clic en el siguiente enlace, donde podréis ver el recopilatorio de recetas del reto de este mes.

Me despido ya, espero que paséis un buen fin de semana, yo volveré en breve con una nueva receta. Eso sí, tiro de archivo, que estos días estoy al 125% con el tema del Trabajo de Fin de Máster, y encima dando clases particulares extra ahora que se acerca el final de curso en el instituto… Aiiins, quiero vacacioooones…

Un besiño!! 

Información nutricional de la mousse de tetilla, espuma de membrillo y reducción de licor café
Calorías totales: 5485,6 kcal
Calorías por ración (4 raciones): 1371,4 kcal/ración

lunes, 1 de junio de 2015

Una despedida muy especial... ¡con un toque dulce! mikados caseros


La entrada de hoy me hace especial ilusión. 


Como blogger, me encanta bucear todos los días por la blogosfera para descubrir recetas nuevas, otros blogs, o bien darle un repaso a los que ya conozco y de los que soy seguidora. Tengo mi lista de seguimiento llenísima en ese sentido, y muchas veces no alcanzo a visitarlos todos en semanas, pero aun así me encanta tenerlos a mano en cualquier momento.

Sin embargo, hay algunos blogs muy puntuales que son casi un must en mi día a día bloguil. Son esos cuyas recetas nunca (o casi nunca) fallan, cuyos textos da gusto leer, y con unas fotos espectaculares que dan ganas de ponerse a darle lametazos a la pantalla del portátil. Podría citar muuuchos ejemplos, pero hoy prefiero centrarme en uno en concreto: Tengo un plan B. Un blog chulísimo cuya creadora, Beatriz, además de ser una máquina como cocinera y repostera, y de tener una mano con la cámara de fotos admirable, nos cuenta en cada receta un pedacito de su día a día, con total sinceridad y mucho sentido del humor. Basta con leer sus posts para conocerla un poquito más y ver que es una blogger genial.


Por eso, cuando Aisha de La cocina de Aisha, decidió organizar un evento blogger para rendirle homenaje a Bea ahora que se marcha a los EEUU, no pude decir que no. 

Así que aquí estoy, poniendo mi granito de arena en esta despedida blogger colectiva que hoy le queremos dar a Bea, porque es una máquina, porque se lo merece y porque va a vivir una aventura maravillosa al otro lado del charco, ¡eso seguro!


Por eso, he tirado de inspiración y he cogido prestada la idea de una receta de su blog, la de mikados caseros, la he tuneado y traído para vosotros. He tenido que cambiar los ingredientes porque la receta de Bea lleva huevo y yo no tenía, pero aun así veréis que salen muy ricos. Bea los decora con frutos secos y sprikles con ayuda de sus niñas, lo que es una idea genial si tenéis hijos, sobrinos, o en general cualquier pequeñajo que ande por la casa. 

La receta es sencilla y pueden ayudaros los peques perfectamente, tanto a hacer los palitos de masa como a bañarlos con chocolate (eso sí, vigilad que no os hagan como mi sobrino, que reparte una cucharada para la masa, otra para él, y en nada te das cuenta de que no queda chocolate en el cuenco…). Yo he prescindido de la decoración porque, al ser la primera vez que los hacía, quise ser todo lo fiel que podía al aspecto original de los mikado. Y creo que ha dado resultado, ¿no molan un montón?


Y encima, están riquísimos, os lo aseguro. Si no me creéis, probad a hacerlos, os dejo la receta.

Mikados de chocolate caseros
Ingredientes para 30 unidades
- 130 gr de harina de trigo
- 20 gr de mantequilla a temperatura ambiente (mantequilla pomada)
- 20 gr de azúcar glass
- 50 ml de agua
- 1 pizca de sal
- Chocolate negro de cobertura (chocolate para postres)

Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo.

En primer lugar, mezclamos con ayuda de una batidora de varillas, o un robot amasador, la mantequilla con el azúcar, hasta obtener una mezcla cremosa. 

Tamizamos y añadimos la mitad de la harina, y seguimos mezclando bien. Añadimos el agua, sin dejar de batir, y cuando la masa tenga un aspecto más o menos homogéneo, echamos el resto de la harina tamizada, la sal y mezclamos bien. Podemos cambiar las varillas por una espátula en este punto para terminar de mezclarla.

Pasamos la masa a una superficie ligeramente enharinada. Amasamos unos minutos, añadiendo un poco más de harina si es necesario. No debe pegársenos nada a las manos. De todos modos, es mejor que vayáis añadiendo la harina en pequeñas cantidades, para no pasaros (y que no os queden ladrillo-mikados). Cuando la masa sea lisa y nada pegajosa, la estiramos en nuestra superficie de trabajo con ayuda de un rodillo hasta que tenga un grosor de aproximadamente medio centímetro, y cortamos tiras del mismo grosor (más o menos 1 cm). Amasamos cada una para darles forma de bastón, y las vamos colocando sobre papel de horno. 

Cuando las tengamos todas (lleva algo de tiempo, no os lo voy a negar), pasamos la lámina de papel sulfurizado a una rejilla, y horneamos los palitos durante 10 minutos, o hasta que se doren.

En un cuenco apto para microondas, fundimos el chocolate troceado. Yo he usado chocolate negro pero podéis elegir el que más os guste (o el que más guste a vuestros peques). Debe quedar todo fundido y bastante líquido.

Sacamos los bastones del horno cuando ya estén en su punto y los dejamos enfriar sobre una rejilla. Cuando estén templados, iremos bañándolos uno a uno en el chocolate (nos podemos ayudar de una cuchara para que nos resulte más fácil). Los colocamos sobre el papel de horno y los dejamos enfriar en la nevera durante unos 20 minutos. Cuanto más los dejéis enfriar, más aguantará después el chocolate sin derretirse en nuestras manos (y menos os pringaréis).

Los comemos sin remordimientos.


Veis que se trata de una receta sencilla, rápida, rica y vistosa. Vamos, todo un acierto, como todo lo que hace Bea en su blog. No dudéis en visitarlo y disfrutar de sus creaciones, merecen muchísimo la pena.

Así que aquí me despido: Bea, muchísima suerte en tu nueva aventura, espero que tengas un viaje maravilloso y que todo te vaya genial al otro lado del océano. Y que nos sigas deleitando, aunque sea en la distancia, de tus fantásticas recetas. ¡¡Te mandamos todas las bloggers un beso enorme!!

Y me despido también de vosotros, hasta mi próxima entrada, que me parece que será muuuy dulce…

Un besiño!

Información nutricional de los mikados de chocolate caseros
Calorías totales: 1032 kcal
Calorías por ración (30 raciones/palitos): 34,4 kcal/palito

martes, 26 de mayo de 2015

Un viaje a Marruecos... ¡con mucha miga! Pan batbout o mkhamer


Hoy el reto de Bake the World nos hace viajar de nuevo, y a un lugar que a mí me fascina y al que tengo muchísimas ganas de ir: el norte de África, y concretamente, Marruecos. 


En general, soy muy fan de la comida árabe y la tradición gastronómica oriental, así que con estos retos me lo paso genial tanto buscando información sobre, en este caso, el pan elegido, como haciendo la receta, y posteriormente degustándola, por supuesto.


Este mes le tocó el turno a un pan que por las fotos ya os sonará. Se trata del pan batbout o pan mkhamer, muy típico de estos países del norte de África y fundamentalmente de Marruecos. A muchos seguro que os recuerda a otros panes del estilo, y estoy convencida de que algunos pensasteis que se trataría del pan de pita. 


Lo cierto es que el batbout es un pan plano similar al pita, al pan pide turco, o también al pan naan. La diferencia, además de la procedencia de los panes (el batbout es marroquí, mientras que el pita es más típico del Mediterráneo oriental, el pan pide es de origen turco, y el naan es típico de la India), estriba también en los ingredientes y su forma de cocinarlo. El batbout es un pan con miga, al contrario que el pan de pita, que por dentro es hueco, así como el pan naan. Y aunque el pan pide, como el batbout, también lleva levadura y no está vacío en su interior, no tiene un ingrediente que es esencial en el pan que os traigo hoy: la sémola de trigo. Es lo que hace que el batbout sea un pan único, crujiente por fuera y muy tierno por dentro. A mí me recordó un poco a esa textura que tiene la masa de la pizza (¡la de verdad, eh!) en los bordes.


Está buenísimo y es muy versátil, ya que se puede degustar tanto sólo, como acompañado de un plato salado, o bien relleno. También es muy típico en Marruecos tomarlo con un acompañamiento dulce de mantequilla tostada o derretida y unas cucharadas de miel. Os recomiendo que lo probéis, ¡tiene que estar tremendo!

Yo he optado por hacer una versión más tradicional, ya que nunca había probado este pan y quería hacerlo lo más parecido posible al original. Gracias a la receta de Gastronomía&Cía, creo que lo he conseguido bastante bien, a ver qué os parece a vosotros.


Pan batbout o mkhamer
Ingredientes para 8 panes
- 200 gr de harina de fuerza
- 50 gr de sémola de trigo
- 140 gr de agua tibia
- 3 gr de sal
- 6 gr de levadura fresca (o 3 gr de levadura seca)

En un recipiente amplio, echamos la harina y la sémola y hacemos un hueco en el centro. En un extremo añadimos la sal, y en el otro la levadura (si es fresca, la desmigamos con los dedos). Añadimos el agua, que debe estar tibia o a temperatura ambiente, pero no fría, en el hueco del centro, y comenzamos a amasar poco a poco. Si nos parece que ha quedado demasiado húmeda y se nos pega, podemos añadir un poco más de harina. Y si, al contrario, nos parece que queda demasiado seca, añadiremos un poco más de agua. Dependerá del tipo de harina que utilicéis y también de la temperatura y la humedad del ambiente.

Amasamos durante 5 minutos, hacemos con ella una bola y la dejamos reposar en el mismo recipiente, durante aproximadamente 15 minutos, tapada con un paño. Transcurrido este tiempo, cogemos nuestra masa y la partimos en varias porciones según el tamaño deseado. Yo hice 8 panecillos medianos, pero si queréis hacerlos rellenos, será mejor que cojáis porciones más grandes, unos 4 trozos.

Amasamos cada porción y la aplastamos con la ayuda de un rodillo. Debe quedar bastante fina, porque sube bastante, aproximadamente 1/3 de su tamaño. Iremos poniendo los panecillos sobre un papel sulfurizado (papel de horno) previamente enharinado, y los dejaremos leudar durante aproximadamente una hora, tapados con un paño de cocina.

Al cabo de este tiempo, calentamos una sartén o una plancha, a temperatura media-alta (yo en cocina de inducción, lo puse al 6 y medio de 9 puntos de calor). Echamos unas gotas de aceite en un papel de cocina y con ayuda de éste engrasaremos la sartén para que los panes no se peguen. Vamos añadiendo nuestros bollitos, y los cocinaremos durante unos 5 minutos, hasta que crezcan y adquieran un tono dorado, dándole vueltas para que se hagan uniformemente por ambas caras.

Los retiramos a una fuente y los dejamos templar. Lo ideal es comerlos cuando aún están calentitos, pero nunca inmediatamente después de sacarlos de la sartén, ya que el interior la miga concentra muchísimo calor y nos podemos quemar. También los podemos guardar para comer más tarde; para eso, los dejaremos enfriar completamente y después los guardaremos en un recipiente hermético. También es posible congelarlos, y así cuando nos apetezcan sólo tendremos que meterlos un rato en el tostador, y estarán riquísimos.


En serio, os los recomiendo al 100%. Están muy ricos y son perfectos para cualquier ocasión. A mi sobrino pequeño le vuelven loco y ya los he repetido varias veces. Él los toma solos, un poco tostados para que la corteza recupere esa textura crujiente como si estuviesen recién hechos, y están requetebuenos. 

Tengo ganas de probar a servirlos dulces como lo hacen en Marruecos, con un poco de miel y mantequilla. Una buena idea es organizar una pequeña “tea party” marroquí, es decir, servir un buen té moruno o un té a la menta, tan típico en estos países, acompañado de panecillos batbout y un puñado de frutas y frutos secos, como dátiles, pistachos y ciruelas, por ejemplo. A mí me parece la merienda perfecta, ¿y a vosotros?


Nos vemos pronto, que os quiero contar mi reciente experiencia como runner en mi primera carrera pedestre, y además traeros una nueva crítica gastronómica. Pero todo a su tiempo… 

Un besiño!

Información nutricional del pan batbout o mkhamer
Calorías totales: 918 kcal
Calorías por ración (8 raciones/panes): 114,75 kcal/pan

domingo, 10 de mayo de 2015

De tomates va el asunto... y otras novedades


Hoy vengo con una entrada un poco “express”. Estos días no he parado de trabajar y lo cierto es que casi había tirado la toalla con el reto de La Cocina Typical Spanish de este mes. Entre la montaña de trabajos y exámenes que tenía (y todavía tengo) que corregir, los entrenamientos, y que encima ingresaron a un familiar y tuvimos que hacer unos días de niñeras en casa, apenas he tenido tiempo de pisar la cocina.


Además, el reto de este mes tenía como protagonista un elemento sencillo, común y rico, pero a mí no se me ocurría ninguna receta “typical” que lo tuviera como protagonista. Será que aquí en Galicia somos más de grelos y pimientos de Padrón…


El caso es que Vivi de Ó carón da lareira, fue la encargada de sugerirnos este mes el ingrediente secreto que debía ser la base de nuestras elaboraciones, y ha sido, nada más y nada menos que el tomate.

Muchos pensaréis que me quejo de vicio, porque es un ingrediente tan común, a lo largo y ancho de la Península, que es imposible que no esté presente en las recetas más típicas de todas las Comunidades españolas. Y sin embargo, os puedo decir que en Galicia muchos platos lo llevan, pero bien como guarnición o ingrediente secundario. Así que ya me podéis imaginar dándole a la cabeza sin parar con esto del reto #aquihaytomateTS.


Sin embargo, el jueves tuve una iluminación: había tenido la receta delante de mis narices toooodos estos meses, pero supongo que, por ser algo tan evidente, ni se me ocurrió pensar en ella. Y eso que está rica, no, lo siguiente. Está deliciosa, para repetir una, y otra, y otra vez… Reconozco que no soy imparcial aquí, porque la receta es de mi madre, pero…


… ¿quién puede decir que no a esto?


Sí, se trata de una empanada, típicamente gallega, y ya sabéis lo muchísimo que me gusta patrocinar la cocina de mi “terriña”. Para mí no hay otra igual, y es que en mi casa se cocina de forma muy tradicional desde siempre, por lo que he crecido con estos sabores toda mi vida.

La empanada, además, es muy típica en mi zona, en Noia, donde, y esto no es echarse flores, es la realidad, se hace la mejor empanada de maíz y berberechos de Galicia. Os animo a que la probéis si tenéis ocasión de acercaros, merece muuucho la pena.


Pero en este caso, mi empanada no lleva ningún producto de mar. Ni masa de maíz, no. Es una empanada de masa de trigo, con relleno de pavo y tomate. Y en este caso este último ingrediente es el auténtico protagonista. Sí, por encima de la carne. Está presente en el adobo del pavo, pues le echamos un poco de tomate rallado natural con aceite de oliva, también en el sofrito que se le añade al relleno, y por último se lo añadimos también en rodajas antes de cerrar la empanada, lo que le da un toque de sabor espectacular.

Como ya os adelanté antes, voy un poco justa de tiempo así que no me voy a entretener mucho más. Os dejo la receta, y juzgad vosotros mismos.

Empanada gallega de pavo y tomate
Ingredientes para una empanada grande (10 raciones)
- 2 planchas de masa para empanada (las venden en supermercados) *
- 700 gr de pechuga de pavo en filetes finos
- 4 tomates kumato
- 200 gr de queso tierno en lonchas
- 100 gr de queso mozzarella rallado
- 250 gr de pisto o fritada (casero o comprado)
- 300 gr de tomate natural rallado
- Aceite de oliva virgen extra, pimienta negra, tomate natural rallado, cebolla molida, ajo en polvo, y los ingredientes que más nos gusten para el adobo

* Ver anotaciones finales

El día antes por la noche, adobamos la carne con el aceite de oliva, la pimienta negra, el tomate natural rallado, y las especias que queramos: cebolla molida, ajo molido, orégano, curry, etc. Dejamos reposar la carne en la nevera toda la noche, para que absorba bien los sabores.

Empezamos cortando los tomates en rodajas muy finas. Si preferimos hacer el pisto o la fritada casera, este será el momento de hacerlo. No incluyo receta porque, para ahorrar tiempo, nosotros solemos comprarlo de marca ecológica, nos encanta y lo usamos a menudo. 

Estiramos una plancha de masa de empanada sobre nuestra empanadera, previamente engrasada con unas gotas de aceite de oliva. Si no tenéis una, podéis usar una bandeja o recipiente con bordes altos, o bien un molde redondo grande. Presionamos bien en los bordes para que quede bien fijada. El exceso de masa que sobresalga no lo cortaremos, ya que nos servirá para cerrar después la empanada.

Ahora nos pondremos con el relleno. Sobre la masa, colocamos una capa fina de queso tierno en lonchas. Encima, colocamos la mitad de las rodajas de tomate natural que habíamos cortado. Añadimos algo más de queso, bien repartido. Sobre esta capa, pondremos otra con los filetes de pechuga de pavo adobados. Añadimos la mitad de la mozzarella rallada, y encima el resto del tomate en rodajas. Añadimos el resto de la mozarella, y finalmente cubrimos todo con el pisto o fritada.

Cogemos la otra mitad de la masa y tapamos nuestro relleno sellando muy bien los bordes. Tradicionalmente, con la masa sobrante de la capa inferior, se cubre bien el borde de la capa superior, tal y como se aprecia en las fotografías.

Hacemos un pequeño agujero en el centro de la masa (de un centímetro aproximadamente), para que "respire", y el relleno se cueza de manera uniforme, y horneamos durante 1 hora con el horno precalentado a 200º. Cuando veamos que la masa está dorada y bien tostadita, apagamos el horno y la dejamos reposar dentro del mismo unos 10 minutos. Pasado ese tiempo, la sacamos, cortamos en porciones triangulares y servimos.

Al cortarla, deben apreciarse todas las capas, que estarán bien cocidas y bañadas por la salsa.


Consejos/Variaciones:
  • La masa, como ya he dicho, la podéis comprar o hacerla casera. En mi casa la compramos en el horno de nuestra parroquia, que la hacen casera y para nosotros es inmejorable, pero por ejemplo mi abuela la hace ella y le queda bien. Si queréis atreveros con ella, os sugiero que probéis la receta de Pam de Unodedos.com, está muy bien explicada. Para verla, sólo tenéis que hacer clic aquí.
  • La empanada, sabemos que está bien cocida cuando, al cortarla, la masa de la base esté tierna pero no cruda, ni demasiado tostada.
  • El pisto habrá bañado todo el relleno y es probable que sobresalga por algunas partes de la masa, por lo que podría parecer que algunas partes están demasiado tostadas, pero tan sólo se debe al exceso de salsa.
  • Podemos cortarla en porciones del tamaño que queramos, pero normalmente se suele cortar en unas 10 raciones triangulares, para que todos los comensales puedan probar tanto de la parte central de la empanada como del borde, aunque esto varía en función de los gustos de cada uno.
  • La empanada aguanta de 2 a 3 días en la nevera. Para consumirla en los días sucesivos a su preparación, debemos calentarla en el horno, a 180º, durante unos 15 minutos. Nunca la debemos calentar en el microondas, ya que la masa se humedece y pierde todo su sabor.

Espero que os haya gustado mi aportación de este mes y que la probéis, porque si os soy sincera, es uno de los platos más ricos que he probado en mi vida. Tanto nos gusta en casa que, cuando comemos todos juntos los sábados, la comemos día sí y día también. Todos los sábados, palabra. Es que nos encanta, y es imposible que nos cansemos de ella. 


Ahora os dejo, que tengo que vestirme si quiero salir a correr. Tengo las piernas machacadas y hoy casi no he dormido del dolor, así que las quiero mover un poco y estirar bien para hoy tenerlas un poco más relajadas. La verdad es que, a pesar del dolor, de una pequeña lesión que tengo en la pierna derecha (que ya empieza a curar), y que me puse un poco malita del estómago a la noche, ayer viví una experiencia fantástica de la que, espero, os hablaré con más calma en mi próximo post: corrí mi primera carrera popular, ¡y no morí en el intento! ¡Jajajajajaja!

Lo dicho, en mi próxima entrada, más detalles. Que hay mucho que contar :)

Un besiño!

Información nutricional de la empanada de pavo y tomate
Calorías totales: 3929 kcal
Calorías por ración (10 raciones): 392,9 kcal/ración

martes, 5 de mayo de 2015

Renovando la "Nouvelle Cuisine": ensalada niçoise o ensalada nizarda


A pesar de estar ya en la primera semana de mayo, aquí en Galicia la lluvia no nos deja un respiro… menudos días llevamos… pasados por agua es decir poco.

Así que, de nuevo, me resulta imposible seguir mi rutina de levantarme temprano para salir a correr, por lo que toca cuidarse. ¿Y qué mejor que una ensalada fresca para depurar nuestro cuerpo?


Pero esta ensalada tiene algo más… y es que con ella participo en el reto de este mes de Cooking the Chef, que en esta ocasión han dedicado a un cocinero estrella, un referente en la historia de la cocina contemporánea. 


Se trata, nada más y nada menos, de uno de los padres de la Nouvelle Cuisine, el chef francés Paul Bocuse.


Estoy segura de que muchos ya sabréis de qué va este asunto de la Nouvelle Cuisine. Se trató de un movimiento culinario que en los años 80 buscaba renovar el mundo de la cocina a través de nuevas formas de entender los platos y sus elaboraciones, aligerándolos y prestando una especial atención a su presentación. 

Sus orígenes los podemos encontrar ya a principios de la década de los 70 en París, si bien fue en los años 80 cuando se extendió al resto de países. Además de Paul Bocuse, hubo otros chefs que abanderaron este nuevo movimiento, alumnos todos ellos del cocinero Fernand Point, considerado padre de la cocina moderna. Los hermanos Jean y Pierre Troisgros, Bocuse y Michel Guérard pronto mostraron sus creaciones al resto del mundo siguiendo los principios de esa Nouvelle Cuisine que acababan de inaugurar, para la cual se llegó a establecer un decálogo completo de normas, en 1973. Estas eran:
  1. No cocerás demasiado
  2. Utilizarás productos frescos y de calidad
  3. Aligerarás tu carta
  4. Te iniciarás en las nuevas técnicas
  5. Quitarás adobos y fermentaciones
  6. No utilizarás el roux y las harinas en las salsas
  7. La mousse se vuelve fría, caliente o helada
  8. Las cocinas regionales serán revisadas
  9. Preservarás el sabor de los productos
  10. Te abrirás a las cocinas exteriores


Os habréis percatado de que no existen grandes diferencias entre este tipo de cocina y la actual, que bebe directamente de este cambio de tendencia culinaria. Y es que sobre la Nouvelle Cuisine se asientan las bases de la cocina contemporánea, esa que nos lleva a pensar en platos más bien minimalistas, ligeros, poco sobrecargados, que buscan el equilibrio de sabores, texturas y aromas.


A mí personalmente me ha encantado el reto de este mes por varias razones. La primera es que no conocía a Paul Bocuse. Sí, reconozco mi infinita ignorancia a este respecto. Había oído hablar en muchas ocasiones de la Nouvelle Cuisine y tenía una ligera idea de en qué consistía, pero nada que ver con lo que he aprendido a raíz de este nuevo reto. Y es que para eso sirve Cooking the Chef, ¿no?

La segunda razón por la que este reto me ha gustado mucho es que estoy casi al 100% de acuerdo con el decálogo de la Nouvelle Cuisine. Soy firme partidaria de aligerar los platos y hacerlos más sanos, tanto en mi día a día como en ocasiones especiales. Eso explica por qué nunca, nunca, soy capaz de seguir una receta exactamente al pie de la letra. 


Además, me encanta que se preste atención al emplatado, lo considero un elemento muy importante a la hora de presentar un plato, sea cual sea, ya que la vista, como un sentido más, juega un papel esencial cuando nos disponemos a comer. Ya no hablo de liarnos a usar aros, moldes, pipetas, y esas cosas (que también, más que nada porque mola mucho, jeje), sino de ser cuidadosos y prestar un poco de atención a nuestros platos para que parezcan todavía más apetitosos.


Y para que veáis que me ajusto, no sólo a las normas del reto por haber escogido una receta del chef, sino también al decálogo de la Nouvelle Cuisine, aquí os traigo un plato ligero, sencillo, rico de sabor y (creo) bien presentado.

Se trata de una ensalada nizarda o ensalada niçoise, típicamente francesa, concretamente de la región de Niza como ya nos indica su nombre. En esta ocasión, puedo decir que he seguido al 95% la receta tal cual especificaba el chef Bocuse en su libro “La Cocina del Mercado” (pág. 13). Os preguntaréis a qué corresponde ese 5% restante… bueno, que para el aliño en lugar de usar aceite, vinagre, sal y pimienta como se indicaba en la receta, he empleado crema de vinagre balsámico, pero por gusto personal, básicamente. El resto, clavadito a la original.


Ya os digo a los más gourmets y empollones culinarios que esta ensalada nizarda es la versión de Paul Bocuse, lo que significa que no tiene por qué ajustarse con exactitud a la ensalada nizarda que podemos encontrarnos en otras recetas de internet o en algún restaurante. 

Quiero dejarlo claro porque cuando me puse a investigar acerca de esta ensalada, he leído, por ejemplo, que tradicionalmente no lleva patata, mientras que la de Bocuse sí la incluye; que lleva algún encurtido como alcaparras o anchoas, y la de Bocuse no; que se le añade huevo; etc. 


Como una imagen vale más que mil palabras, creo que ya habréis intuido lo que lleva la receta de Bocuse, que es más sencilla: patatas, judías, tomates y cogollos de lechuga. Un poco de cebolla para decorar, y ¡listo! Rica, sana y fácil, ¿qué más se puede pedir? 

Venga, sacad papel y boli y tomad nota.

Ensalada niçoise o ensalada nizarda – Versión de Paul Bocuse
Ingredientes para 2 raciones
- 2 patatas medianas
- 2 tomates (yo usé tomates pera)
- 100 gr de judías verdes
- 1 cogollo de lechuga
- Perejil picado (si es fresco, mejor, yo no tenía y añadí seco)
- Un cuarto de cebolla (en mi caso, cebolla roja), para decorar
- Aceite de oliva virgen extra
- Crema de vinagre balsámico (o vinagre al gusto)
- Sal
- Pimienta

En primer lugar, ponemos abundante agua a hervir en una olla. Mientras, lavamos y pelamos las patatas. Cuando el agua rompa a hervir, añadimos las patatas enteras, y añadimos una pizca de sal. 

Limpiamos y cortamos en trozos medianos las judías. Limpiamos también los tomates y los cortamos en pequeñas porciones. 

Cortamos la cebolla en cubos pequeños, y el perejil muy fino si es fresco. Deshojamos el cogollo de lechuga y lo lavamos muy bien. Cortamos las hojas en pequeños trozos. 

Cuando estén listas las patatas, las retiramos de la olla para que enfríen y cambiamos el agua. La ponemos de nuevo en el fuego y cuando rompa a hervir añadimos las judías, que escaldaremos durante unos 3 minutos. Mientras, preparamos un recipiente con hielo o agua helada y cuando hayan transcurrido los 3 minutos retiramos las judías con ayuda de una espumadera y las pasamos al frío para cortar la cocción. Así conservarán un tono verde muy vivo y quedarán con una textura al dente. 

Cuando las patatas hayan enfriado lo suficiente, las cortamos en rodajas finas. En un bol amplio, mezclamos la patata, las judías, el tomate y el cogollo de lechuga cortado en porciones, junto con el aliño (cantidades al gusto). Lo metemos a la nevera y dejamos que enfríe durante más o menos 1 hora. 

A la hora de servirla, la acompañaremos de la cebolla que habíamos picado, y espolvorearemos un poco de perejil por encima.


Como veis, fácil y rico. Bueno, y encima sano. Lo cierto es que no esperaba que me gustase tanto, por lo que la repetiré pronto seguro.

Ahora os tengo que dejar, estos días estoy muy apurada terminando las prácticas y me gustaría terminar bien esta experiencia (aunque me da muuuuucha pena, por mí hubiese seguido otros dos o tres meses más, y tan feliz).

Ah, y si queréis ver lo que han cocinado mis compañeros, sólo tenéis que hacer click aquí.

¡Nos vemos pronto!

Un besiño!

Información nutricional de la Ensalada nizarda o niçoise
Calorías totales: 416 kcal
Calorías por ración (2 raciones): 208 kcal/ración