miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Galletas para despedir el año!


¡Hola a todos! Esta es mi última entrada del año, siiii, ¡¡adios 2014, hola 2015!! Y qué mejor despedida le puedo hacer yo a este año tan importante en mi vida, que regalándole mis últimas horas en él horneando estas deliciosas galletas glaseadas, decoradas especialmente para la ocasión, por supuesto. 


Es que este año ha sido muy intenso, y muy importante en mi vida, por tantísimas cosas que si me pusiera a escribirlas tendríamos aquí entrada para leer durante todo el 2015. Tanto en el terreno personal, como en el profesional, ha sido un auténtico torbellino, y un año de muchísimas emociones. De risas y llantos, de despedidas y bienvenidas. Pero en general ha sido un buen año, y viendo cómo está el mundo, no me puedo quejar, nada en absoluto.


Esta entrada va a ser breve, más que nada porque es tarde y quiero que la podáis disfrutar antes de que den las campanadas. Y porque no creo que necesitéis mucho más que saber que estoy encantada con el nuevo rumbo que está tomando el blog, y que es en gran medida por vosotros, los que lo leéis, que estáis ahí aunque no os vea, pero que sé que lo apoyáis de corazón. Y para todos los que habéis ido comentando en los últimos posts, me encanta poder comunicarme con vosotros y hablar de lo que más nos gusta: la cocina.

Por eso, esta entrada también os la quiero dedicar, para daros las gracias por estar ahí detrás, leyéndome y viendo mis creaciones. Sin vosotros el blog no sería lo mismo. Gracias de corazón. 

Y ya que estamos haciendo declaraciones, aunque a lo mejor no lo lea, quiero agradecer a mi hermana todo su apoyo en la cocina, por su experiencia en los fogones, sus maravillosas recetas y su paciencia. Y a mi madre por todo su apoyo y amor, que haga lo que haga está ahí siempre dándome ánimos. A mi cuñado, tanto de lo mismo (y que me deja usar su súper cámara de fotos, sin la que el blog estaría muuuucho peor, creedme!). Y a mis amigos, especialmente a Jeny, que además de gran catadora de postres es una genial compañera en todo. Gracias a todos chicos por este año genial que me habéis dado :). ¡Este brindis os lo dedico a vosotros!


Sin mucho más que decir, que ya he dicho suficiente, os dejo con la receta, de unas galletas muy festivas para despedir el año y dar la bienvenida a uno nuevo que viene. Son galletas de mantequilla sin gluten, y por lo tanto aptas para celíacos, con un glaseado de frambuesa riquísimo que no dejará indiferente a nadie.


Receta de galletas de mantequilla glaseadas (sin gluten)
- 100 gr de harina de arroz*
- 90 gr de harina de espelta*
- 60 gr de harina de maíz*
- 100 gr de azúcar blanco
- Una pizca de sal
- 175 gr de mantequilla pomada
- Una yema de huevo

*Ver anotaciones finales

En un bol, mezclamos las harinas, junto con el azúcar y la sal. Hacemos un hueco en el medio, como si fuese un volcán, y echamos la yema de huevo. Amasamos bien (podemos hacerlo a mano o con la amasadora, yo lo hice a mano). Echamos la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente, y la integramos bien hasta que obtengamos una masa lisa y compacta. 

Partimos la masa a la mitad, y hacemos dos bolas con cada cacho. Estiramos cada una sobre un papel de horno, hasta que tenga un grosor de unos 4 milímetros, y las metemos al frigorífico durante una hora aproximadamente. Transcurrido ese tiempo, las sacamos y con un cortador circular, o un vaso de cristal, cortamos círculos con la masa del mismo tamaño. Las ponemos sobre un papel sulfurizado y las metemos al horno, precalentado a 180º con calor arriba y abajo, durante 15-18 minutos. Las galletas aumentan un poco su tamaño, pero no pierden demasiado la forma, aunque recomiendo no usar esta receta para cortadores demasiado complejos, sólo para formas básicas. Transcurrido ese tiempo, o cuando veamos que se empiezan a dorar por los bordes, las sacamos y las dejamos enfriar sobre una rejilla. No las manipuléis hasta que no se hayan enfriado, o se os romperán. 

En total, salen unas 25 galletas de buen tamaño.


Receta para el glaseado de frambuesa
- Una clara de huevo
- 1/3 tsp de crémor tártaro*
- 200 gr de azúcar glass
- Aroma de frambuesa

*Ver anotaciones finales

En un bol amplio, echamos la clara de huevo y el crémor tártaro. Los mezclamos con la ayuda de una batidora de varillas hasta que empiecen a espumar. 

En otro bol, tamizamos el azúcar glass. Lo vamos añadiendo a cucharadas a la mezcla anterior, sin dejar de batir a velocidad media. Cuando lo hayamos echado todo, añadimos unas tres gotas de aroma de frambuesa, y mezclamos bien.

Separamos dos cucharadas soperas de este glaseado, que será nuestra glasa de delineado, es decir, con la que dibujaremos los bordes de nuestra galleta con la ayuda de una manga y una boquilla de nuestra elección. Al resto de nuestro glaseado le iremos añadiendo unas cucharadas de agua fría y mezclaremos bien, para licuarlo y que nos sirva para el relleno.

Dejamos secar unas 8 horas (dependiendo de la humedad de vuestra casa). Decoramos como más nos guste.


Para la decoración: con la ayuda de un sténcil, pintamos la superficie de la galleta con un pincel. Yo he usado colorante dorado líquido de Rainbow Dust y lo he diluido un poco con alcohol para repostería de Sugarflair. Lo dejamos secar unos 20 minutos, y ya tenemos listas nuestras galletas.

*Ver anotaciones finales

Consejos/Variaciones:
  • Aunque esta receta está adaptada para celíacos, y por tanto no tiene gluten, los que no tengáis esta intolerancia podéis hacerla igualmente usando harina normal. Bastará con usar 250 gr de harina de trigo blanca en lugar de la mezcla de harinas que os pongo en la receta, que por cierto es una adaptación de las "Cookies lluvia de color", del libro Cookies y pastas paso a paso, de María Ballarín (pág. 18).
  • El crémor tártaro ayuda a que las claras no suban y se consiga la consistencia adecuada en el glaseado. Yo he usado 1/3 de teaspoon, es decir, sobre 1,5 ml. Si no lo tenéis, no pasa nada, podéis prescindir de él. Simplemente id añadiendo el azúcar a las claras sin haber batido éstas con anterioridad, y podéis obtener igualmente buenos resultados.
  • Yo he usado una boquilla bastante más ancha de lo que quería, porque no fui capaz de encontrar la que uso en estos casos, que suele ser una número 3 o 4 de Wilton. Vosotros usad la que mejor os funcione, aunque pensad que cuanto más ancha sea, más glaseado usaréis para el delineado, y puede que luego no os llegue para el relleno.
  • En cuanto al stencil, para los que no lo hayáis usado nunca, o incluso si nunca lo habéis visto, es una plantilla que se usa en repostería, tanto para galletas como para fondant, y la verdad es que da buenos resultados si la usas bien (se nota que yo aún soy novata, jeje). El mío tiene un reloj dibujado, me costó 3,95€ y lo compré aquí
  • Es MUY IMPORTANTE que no manipuléis las galletas una vez han salido del horno. Dejadlas que se enfríen del todo, porque si no se os romperán en las manos nada más tocarlas. Esto ocurre porque tiene una elevada proporción de grasa (mantequilla en este caso) para la harina que lleva, pero le da también una textura muy rica a la hora de comerlas, ya veréis.
  • La receta del glaseado la he adaptado de esta de El rincón de Bea, y en ella os explica todo lo que necesitáis saber para conseguir una buena glasa.
  • La decoración es opcional, podéis comeros las galletas tal cual, o cambiar el glaseado (colorearlo, añadir sprinkles o nonpareils, etc), ya sabéis, ¡imaginación al poder! 


Bueno, ahora sí que me despido. Os deseo a todos un feliz año nuevo, que el que venga sea mejor que el que se va, y que nos traiga a todos muchas alegrías y salud para disfrutarlas con nuestros seres queridos.

Bueno, vale, sí. ¡¡¡Y muchas nuevas recetas con las que disfrutar de la cocina!!!

¡¡¡FELIZ AÑO 2015 A TODOS!!!

Un besazo (el último y más especial del año)

Lucía

Información nutricional de las Galletas de mantequilla con glaseado de frambuesa:
Calorías totales: 3379 kcal
Calorías por ración (25 galletas/raciones): 135,16 kcal

martes, 23 de diciembre de 2014

¡Calentando motores prenavideños! Receta de Pandoro di Verona


¿Qué, cómo marcha la cosa? ¿Todo a punto para la cena de Nochebuena y la posterior comilona de Navidad? En mi casa está la cosa que echa humo, pero no por nada malo, sino porque andamos a cien con los preparativos! Además los niños no tienen cole, y aprovechando que estos días el tiempo ha decidido ponerse de nuestro lado con un sol radiante, que seguramente poco durará, estamos de aquí para allá de una a otra actividad. Me encanta esta época, porque siempre hay algo que hacer :)

Aun así, sigo a tope de trabajo. Pero a tope de verdad. Este viernes mismo es la fecha tope para enviar uno de los muchos estudios para el máster, y sigo redactando la memoria de prácticas. Además de estudiar, que el 8 tengo examen. Vamos, que si alguien piensa a estas alturas que puedo aburrirme… ¡desde luego que se equivoca!


Pero estoy contenta, las cosas sean dichas eh. Porque a pesar de estar hasta arriba de chollo esta época no deja de sorprenderme año tras año. Lo siento, pero soy de ese grupo de gente a la que les flipa la Navidad. Y digo lo siento porque como veis contagio ese sentimiento en el blog, y sé que habrá gente a la que le parezca algo cansina (veeenga… que total sólo dura dos semanitas de nada…). Conste que sí hay algo que no me hace ilusión, aunque al resto sí, y son las super cenas/comidas/megabanquetes que se organizan en estas fechas. A mí es obvio que me gusta cocinar, y me encanta preparar canapés, los dulces y todo eso. Pero creo que llegado a un punto nos pasamos. Y mucho. ¡¡¡Pero si en casa de mi abuela tenemos turrones, polvorones y hojaldrinas hasta marzo!!! Yo, que soy más de cenar ligerito y comer bien, pero sano, acabo hecha polvo las primeras semanas de enero.

El caso es que llevo ya unos cuantos días mentalizándome con la que se me viene encima y he decidido este año tomar conciencia e intentar controlar la situación en la medida de lo posible. Hemos reducido cantidades dentro de un margen razonable (por supuesto, hablo de las cosas de las que nos encargamos nosotros, porque del resto… ¡ay de quien se le ocurra meter mano en la cocina de mi abuela!), y hemos procurado ir a lo seguro, cosas que gustan a todos y que después no estemos rogando con ellas hasta Semana Santa (que nos veo venir…). Por supuesto, esto es lo de siempre: una cosa es el plan, otra el resultado… Ya os contaré en qué acaba. 


Y es que no hay fiesta en la que no surjan imprevistos. Uno de ellos es el reto de Bake the World de este mes, en el que por supuesto participo. Porque, ¿quién podría resistirse a preparar un hermoso y rico Pandoro en estas fechas? Sí, queridos, esta es la propuesta de Clara y Virginia este mes, y sin dudarlo dos veces me he puesto manos a la obra con esta nueva creación. Y digo nueva porque lo es para mí, no había oído hablar de este dulce hasta principios de noviembre, cuando comencé a verlo por la red, y me pareció una alternativa genial al típico Panettone al que casi ya estamos acostumbrados. Pero lo que de verdad me cautivó fue su forma, estrellada, taaan navideña a la que no podía resistirme, de verdad. En mi casa se dieron cuenta, y no tardaron en aprovechar la ocasión de mi Santo, el 13 de diciembre, para regalarme el molde de aluminio original con el que hacer este dulce. 

Aunque he de confesar que esta receta ha dado lugar a más de un momento de desesperación por mi parte. El prefermento se salió por los bordes del bol, después el segundo levado llevó más tiempo que el que había previsto y tuve que enviar a mi madre a casa a que lo metiera a la nevera (no me vuelve a pasar lo del pan del jamón, el sobrefermento es cosa del pasado amigos!), y después descubro que el tercer levado puede durar hasta ¡¡12 horas!! Esto, sin duda, ha sido lo peor: metí la masa en el molde a las 15:45h, y tenía que mandar las fotos y la entrada antes de las 23:59h!!!! ¡No tenía 12 horas para esperar! Vamos, que lo he pasado un poco mal por momentos, pero sólo un poquito. Y creo que el resultado ha merecido la pena, ¿no creéis?


Conste que también me ha servido para hacer algo que sabéis que me encanta, y es indagar sobre la historia y cultura que rodean este postre. Hay webs maravillosas que lo explican, así que no voy a aburriros contándoosla. Lo que sí os diré es que he descubierto que en Verona, aunque suele ser un postre que está presente en la mayoría de los hogares por Navidad, no es típico prepararlo en casa. Resulta que, siendo un dulce tan laborioso, hay una serie de pastelerías ya conocidas en la ciudad que están especializadas en la elaboración del mismo y la gente suele encargarlos allí. Creo que esto nos da una idea del nivel de dificultad del mismo, jeje. A ver, no os asustéis: complicado, lo que se dice complicado, no es. Al menos no si sigues los pasos, y conoces bien los tiempos. En mi caso, he decidido dejaros todos los pasos en la receta lo más claros posibles, indicando el tiempo de cada uno, aunque no es típico que yo haga eso en el blog, pero lo creo necesario para planificar bien el pandoro.

Me parece un postre maravilloso para sorprender a la familia por Nochebuena. Yo desde luego es lo que tengo pensado hacer, no sé vosotros. Y además, como esta receta da para dos pandoros, he congelado la mitad de la masa para hornearla en Navidad. ¿Cómo lo veis?


Bueno, que sé que el tiempo es oro (y en estas fechas más), y no quiero enrollarme más. Os dejo con la receta, explicada paso a paso para que podáis lanzaros sin problema a probarla y os salga a la primera.

Receta de Pandoro (adaptada de esta de Unodedos)
INGREDIENTES
Ingredientes para el prefermento:
- 15 gr de levadura fresca
- 60 ml de agua templada
- 10 gr de azúcar
- 1 yema de huevo
- 50 gr de harina de fuerza

DÍA 1
21:00h Echamos en un bol el agua tibia, donde disolveremos la levadura desmenuzada. Dejamos que repose 5 minutos. En otro recipiente amplio, echamos la harina, y añadimos la mezcla de agua y levadura. Mezclamos bien con la ayuda de una espátula. Añadimos el azúcar y lo integramos a la mezcla. Batimos un poco la yema de huevo y la integramos también. Removemos para asegurarnos que la mezcla es homogénea. La dejamos reposar de 10 a 15 minutos (si en vuestra cocina tenéis una temperatura más bien templada, con 10 minutos será suficiente), hasta que veamos que empieza a burbujear. Tapamos con papel film y lo metemos en la nevera hasta el día siguiente.

DÍA 2
Ingredientes para la primera masa (primo impasto):
- El prefermento del día anterior
- 5 gr de levadura fresca
- 25 gr de azúcar
- 1 huevo mediano
- 200 gr de harina de fuerza
- 30 gr de mantequilla pomada

09:00h En un vaso, echamos dos  cucharadas de agua tibia (unos 30 ml), y disolvemos en ella la levadura. Añadimos esta mezcla a la del prefermento anterior, y la integramos bien con ayuda de una espátula o lengua. Añadimos primero el azúcar, y mezclamos bien. A continuación, batimos el huevo y lo echamos a la mezcla integrándolo con movimientos envolventes. Por último, vamos añadiendo la harina poco a poco. En este punto es mejor dejar la espátula y amasar o bien a mano (como hice yo) o bien en nuestro robot de cocina con el accesorio de gancho. Cuando veamos que la masa ya tiene una textura homogénea, añadimos la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente, y la integramos a nuestra mezcla. Engrasamos un bol con aceite y echamos en él nuestra masa, la tapamos con film o con un paño y dejamos que repose aproximadamente una hora a temperatura ambiente.

Ingredientes para la segunda masa (secondo impasto):
- La primera masa
- 2 huevos medianos
- 1 cucharada y media (tbsp) de vainilla en pasta
- 2 cucharaditas (tsp) de agua de azahar
- Una pizca de sal
- 115 gr de azúcar
- 200 gr de harina de fuerza
- 140 gr de mantequilla a temperatura ambiente

10:30h Llegados a este punto, yo decidí cambiar el bol de trabajo, por lo que eché la masa que ya había preparado en el bol de la batidora o robot de cocina, con el accesorio de gancho. Añadimos en la masa previa los huevos batidos en primer lugar; cuando se hayan integrado, añadimos la vainilla y el agua de azahar; una vez se hayan integrado, añadimos la sal, luego la azúcar, y cuando la masa sea homogénea, echamos la harina poco a poco, y sin dejar de batir a velocidad media. Yo lo tuve amasando en el robot durante unos 10 minutos, hasta obtener una masa suave y elástica. Lo echamos en un bol, engrasado previamente, y lo dejamos que fermente hasta que doble su tamaño (a mí me tardo una hora y media). Cuando haya subido, podemos hacer dos cosas: o bien seguir con el proceso, o, como fue mi caso, meter la masa a la nevera y continuar más tarde. 

13:30h Enharinamos una superficie limpia, y en ella echamos nuestra masa. La desgasificamos y con ayuda de un rodillo le damos forma de rectángulo, estirándola bien (hasta obtener un rectángulo de aproximadamente 55 x 30 centímetros, o un grosor de medio centímetro como máximo). Vamos a empezar el proceso de hojaldrado. Cortamos la mantequilla en láminas y la colocamos en el centro de nuestro rectángulo de masa. Doblamos las esquinas cara el centro, asegurándonos que la mantequilla queda “encerrada” en su interior. La estiramos de nuevo para integrarla, y la doblamos en tres partes, como un libro, llevando cada extremo de la masa al centro. La envolvemos en film transparente y la metemos en la nevera media hora. Transcurrido este tiempo, la sacamos y repetimos la acción anterior dos veces más, dejando reposar siempre la masa 30 minutos entre cada vez. En total, desde que empezamos el proceso de hojaldrado, debe haber pasado como mínimo 1 hora y media. 

15:15h Sacamos la masa de la nevera tras el último reposo, estiramos la masa y la dividimos en dos partes. Una de ellas podemos usarla más tarde o bien congelarla, como yo hice, para otro día (aunque no puedo asegurar que se logren los mismos resultados). La otra, la vamos a bolear: vamos a coger los extremos y llevarlos al centro formando una bola, sin apenas amasar, ya que queremos que conserve la estructura hojaldrada. Engrasamos nuestro molde con mantequilla, y espolvoreamos con azúcar glas. Echamos la bola de masa en el molde, con la cara lisa hacia abajo. Tapamos el molde y lo dejamos reposar de nuevo, para que fermente, hasta que triplique su tamaño y la masa asome por fuera del borde. Puede tardar de unas 6 a 9 horas. En mi caso, estuvo listo a las 6 horas y media (de ahí mi miedo a no poder publicarla a tiempo…).

21:45h Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo y ventilador. Lo horneamos sobre una rejilla que pondremos en el segundo nivel más bajo (aunque yo, la próxima vez, la colocaré directamente en el fondo del horno, pues considero que en mi caso puedo conseguir mejores resultados; en vuestros hornos, dependerá mucho, aconsejo que os guiéis por el color dorado de la base). Lo horneamos así 10-12 minutos, y transcurrido este tiempo, bajamos la temperatura del horno a 150º y lo dejamos unos 20 minutos más. Si veis que se dora demasiado en la base, poned sobre ella papel de aluminio apto para el horno, pero aseguraros de que hayan pasado mínimo 15 minutos desde que lo introdujisteis el molde. 

22:15h Apagamos el horno y sacamos el molde. Dejamos que el pandoro repose en el molde unos 5 o 10 minutos, y transcurrido este tiempo lo echamos sobre una rejilla. Debería desmoldarse sin problema, si lo habéis engrasado lo suficiente simplemente se deslizará hasta la rejilla. Dejamos enfriar. A la hora de servirlo, lo espolvorearemos de azúcar glas.


Tiempo total: 24 horas
Previsión de tiempo de trabajo: 2 días

Bueno, lo sé, es una receta larga y trabajosa. Pero la recomiendo porque merece la pena el resultado, la verdad. Yo cuando lo vi hecho casi me emociono. Que digo casi, ¡¡me emocioné muchísimo!! Estoy deseando que sea Nochebuena para sorprender a la familia. Ya os contaré sus impresiones (y actualizaré con la foto de la presentación, así que estad atentos!), pero eso sí, en futuras entradas, que por ahora me voy a dar un descansito de unos días para disfrutar de la Navidad como Dios manda.

Que tengáis una semana maravillosa y disfrutéis al máximo de estas fiestas con vuestras familias, pareja y amigos. ¡Un saludo a todos!

Biquiños y… BO NADAL!!!!

Información nutricional del Pandoro
Calorías totales: 3841 kcal
Calorías por ración (15 raciones/pedazos): 256 kcal

sábado, 20 de diciembre de 2014

El sabor de Grecia en la antesala a la Navidad: Skordalià (FoodBloggers Ttm)


Bueno, después de unos días de descanso del blog (que no de descanso general), vuelvo de nuevo para dejaros una receta breve pero muy rica. 


Vais a tener que perdonarme, pero estoy justita de tiempo y esta entrada me temo que va a ser más rápida que otras anteriores. Llevo una semana muy intensa, pero también maravillosa, ya que estoy dando clase en un instituto y eso, aunque me ha dado mucho pero que mucho trabajo, me hace súper súper feliz. En posteriores posts más descansados ya os iré contando de qué va esto :)


El caso es que no he tenido casi nada de tiempo libre para ponerme a cocinar. Y ya veis por las fotos que tampoco demasiado para ponerme a mejorar la estética de mis creaciones… Pero bueno, oye, bajones bloguiles los tiene cualquiera no? 

Además, vengo también a alegraros porque pronto estaré de vuelta con una receta de lo más navideña. En serio, seguro que estáis hartos de verla esta semana por la red. Pero no diré más, el efecto sorpresa ya sabéis que me encanta, jeje!


Pero hoy no os traigo nada navideño, ni festivo. Lo que no significa que sea malo. Es más: todo lo contrario. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de hacer algún plato de la cocina griega, que me tiene fascinada desde hace tiempo. Tengo pinterest a rebosar de fotos de islas griegas, de dulces griegos y los que me conocen saben, además, lo mucho que me gusta el arte griego antiguo. Vamos, que cuando vi que el último reto del año de FoodBloggers Trotamundos era precisamente preparar un plato griego, no me lo pensé dos veces. Las prisas y el poco tiempo libre que os comenté antes me obligaron a decantarme por una propuesta sencillita, sin demasiadas complicaciones, pero que supone una guarnición perfecta para infinidad de platos. Se trata de Skordalià, un puré o salsa de patata con ajo, perejil y nueces, que nos propone este mes Fran, que participa en el blog de Manu Cocinando con Catman. En su blog podéis ver su receta, y muchas otras propuestas que yo ya me he apuntado para preparar estos meses. Además, explica muchísimas cosas de la cultura griega, y eso siempre me ha encantado de la cocina: poder adentrarnos a través de los sabores en otros países y sus tradiciones. 


No os aburro mucho más. Aquí os dejo mi pequeña aportación al reto de diciembre de FoodBloggers Trotamundos, mi puré de patatas griego, Skordalià.


Receta de Skordalia (para dos personas)
- 4 patatas medianas
- 1 diente de ajo
- Perejil fresco
- Un puñado de nueces
- Aceite de oliva virgen extra

En una olla con agua hirviendo, cocemos las patatas peladas y cortadas por la mitad, y añadimos una pizca de sal. Cuando estén bien cocidas, las escurrimos y las echamos en un bol donde las haremos puré con la ayuda de un tenedor, o bien si queréis podéis triturarlas en vuestro  robot de cocina.

Cogemos nuestro diente de ajo y lo majamos bien: podemos usar un prensador de ajos, o picarlo muy finito con el cuchillo (que es lo que hice yo), o bien con la ayuda de un mortero. Hacemos lo mismo con las nueces. Es más tradicional molerlas, pero a mí, como me encanta encontrármelas en trozos, opté por picarlas con un cuchillo. 

Lavamos y secamos bien el perejil fresco. Yo usé unas cuantas ramitas del manojo que compré (creo que cuatro). Incorporamos al puré de patatas el ajo, las nueces y el perejil, y removemos todo para que se integre bien. Por último, echamos un chorrito de aceite de oliva y volvemos a mezclar. Debe quedar una textura cremosa.

Emplatamos como más nos guste.


Es perfecto para acompañar a un buen pescado a la plancha, como he hecho yo con este gallo que preparó mi hermana. Es una combinación maravillosa que os recomiendo que probéis.

Os digo lo de siempre: probadlo y dejadme vuestras impresiones en los comentarios. O simplemente pasad a saludarme!! Hablamos en breve, con un aire más navideño, ya veréis!

Un besiño!

Información nutricional:
Calorías totales: 880 kcal
Calorías por ración (dos raciones): 440 kcal/ración

sábado, 13 de diciembre de 2014

Porque hoy es día de fiesta: Lussekatter o bollos suecos de Santa Lucía


En mi casa siempre hemos sido partidarios de celebrar los Santos. A ver, tampoco hacemos un fiestón ni nada parecido, pero sí que nos regalamos algún detallito y hacemos algún postrecillo especial para la ocasión. De todo mi entorno, soy la única persona que tiene esta costumbre en la familia, por lo que sé que a muchos os podrá extrañar. Pero para mí, qué queréis que os diga, es algo tan común como celebrar el cumpleaños.

Y como en cuestión de festividades me gusta estar al día, no podía dejar pasar la oportunidad para traer al blog un poquito de esa felicidad que nos inunda a todos cuando celebramos algo. Y es que hoy, 13 de diciembre, ¡es mi santo!


¡Sí! Hoy es Santa Lucía, y desde muy pequeñita se convirtió para mí en un día muy especial, era una especie de antesala de la Navidad. Y siempre me ha encantado poder celebrarlo en familia. Pero no sólo es importante por eso, ya que el 13 de diciembre es para muchas culturas un momento esencial del año, al coincidir según el calendario Juliano, con el solsticio de invierno, siendo así el día más corto del año a partir del cual se alargan los días. Y es que ya se dice aquí en Galicia: Santa Lucía, saca da noite e mete no día (Santa Lucía, saca de la noche y mete en el día). Para muchos países nórdicos, este hecho es importantísimo: pensad que el día por lo general tiene muy pocas horas de luz para ellos en invierno, y a partir de esta fecha se consideraba que empezaban a aumentar, así que es una fecha que respetan mucho, y que por supuesto celebran.

Yo, como ya he dicho, os he traído al blog mi pequeño homenaje particular al día de Santa Lucía, haciendo para la ocasión unos Lussekatter o bollos de Santa Lucía, típicamente suecos. Resulta que buscando información en internet, me encontré con una leyenda muy bonita que os resumo: se dice que hace muchos años, ocurrió un milagro en Suecia, una noche próxima a la Navidad, en una época de mucha hambre. Se apareció de repente una niña con luces en el pelo, y repartió dulces entre los niños. Desde entonces, en Suecia se celebra una fiesta anual y las niñas se visten de Santa Lucía, pues asociaron a este milagro su figura, hacen bollos de azafrán y beben vino caliente especiado. ¡Incluso organizan un desfile y todo!


Estos bollitos suecos de azafrán, Lussekatter, Lussebuller, Lussekuse o cómo prefiráis llamarlo (tiene como veis muchos nombres distintos), están hechos sin azúcar y la receta es bastante sencilla de hacer. Sólo necesitáis un poquillo de paciencia en los leudados, y por lo demás estará rodado. La masa es sencilla de manejar y no me ha dado ningún problema, así que de verdad os la recomiendo. He adaptado la receta de esta y he hecho algunas modificaciones, espero que os guste, y celebréis horneando a gusto el día de Santa Lucía.


Receta de Lussekatter, bollos de Santa Lucía o bollos de azafrán
- 1 tsp de hebras de azafrán
- 175 ml de leche
- 50 gr de queso quark
- 50 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 2 huevos
- 30 gr de sirope de agave
- 490 gr de harina de trigo todo uso
- ½ tsp de sal
- 12 gr de levadura fresca
- Un puñadito de pasas

En un cazo, calentamos la leche con el azafrán y el sirope de agave. Llevar casi a ebullición removiendo continuamente para integrar bien el agave. Apartamos del fuego y dejamos templar. Después, añadimos la levadura fresca desmenuzada y esperamos 5-10 minutos. 

En un bol, mezclamos la harina y la sal. Hacemos un hueco en el medio y añadimos la leche, el queso, un huevo entero y medio huevo batido (el otro medio lo reservaremos para barnizar después nuestros panecillos). Mezclamos todo bien, ya sea con ayuda de una batidora o robot de cocina (recomiendo usar palas, no varillas), y cuando veamos que la mezcla se hace una bola, amasamos sobre una superficie ligeramente enharinada, o, como hice yo, seguimos amasando en el robot de cocina con el accesorio de gancho. Es una masa que debe quedar jugosa, pero no pegajosa.

Engrasamos con aceite otro bol, donde echaremos nuestra masa para dejar que levede, cubierta con papel film, de 1 a 2 horas hasta que doble de tamaño (yo la dejé 1 hora y 40 minutos, pero dependerá de la temperatura de vuestra casa y de la humedad). Cuando veamos que ha crecido, la echamos sobre un papel sulfurizado y la desgasificamos dándole pequeños golpecitos a la masa. Con un cuchillo o una rasqueta, cortamos piezas del mismo peso (yo hice 10 en total, pero os recomiendo que hagáis más, porque salen unos bollos muy grandes; cortad unas 14 o 15). Estiramos la masa en tiras de unos 30 centímetros, y las enrollamos. Colocamos los bollitos en papel de horno sobre una bandeja, con suficiente separación entre ellos, porque crecen bastante. Cubrimos la bandeja con un plástico o papel film y las dejamos levedar de nuevo de 30 minutos a 1 hora (yo los dejé 35 minutos), hasta que doblen de nuevo su tamaño.

Precalentamos el horno a 205º. Barnizamos los bollos con el huevo batido que habíamos reservado, ponemos una pasa en el centro de cada espiral, y las metemos en el horno, de 12 a 15 minutos, según lo doradas que las queramos. 

Dejamos enfriar y servimos.


Son unos bollitos muy agradecidos, que admiten combinaciones tanto dulces como saladas, y que permiten alterar el grado de dulzor en la medida en que queramos. Además, son preciosos, ¿no creéis? 

En mi casa sorprendieron, la verdad. Encima, al no llevar azúcar refinado, su índice glucémico es mucho menor, por lo que resulta apto para las personas con diabetes (siempre con moderación). Así que os animo, como siempre, a que los probéis, y me contéis cómo os han salido. De verdad que son bastante sencillos, es una de las masas más manejables con las que he trabajado, y permiten tantas posibilidades y variaciones... vamos, que no os extrañe volver a verla por el blog, con algún que otro cambio de sabor, porque esta la repito fijo!

Me despido no sin antes desearos a todos un muy feliz día de Santa Lucía, y que tengáis un fin de semana estupendo.

Uno no, ¡¡muchos besiños!!

PD: me han regalado un montón de detallitos para cocinar, entre ellos un molde de pandoro (sí, de pandoro; sí, estoy que no quepo en mí de felicidad), unos mini moldes redondos para hacer mini tartas, washi tape nuevo y gas para mi soplete nuevo (preparad el paladar para una buena crème brûlée, porque se postula como una muy próxima receta del blog... ¡estad atentos!). 

Información nutricional de los Lussekatter (Bollos de Santa Lucía) o bollos de azafrán:
Calorías totales: 3187'5 kcal
Calorías por ración (10 raciones/bollos): 318,75 kcal

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El sabor ibérico: tosta de jamón (#jamonTS)


El pasado domingo se abrió en casa de mi abuela un debate súper serio e interesante de los que me gustan a mí, con gente adulta opinando en base a la experiencia y al sentido común: caaarnes. 

Sé que mucha gente piensa, viendo mis compras semanales, mis visitas a la tienda vegana y lo que hay normalmente en mi nevera, que podría ser vegetariana. Pero nada más lejos de la realidad. Si bien no acostumbro a tomar carne por sistema en mi dieta, me gusta incluirla al menos un día a la semana, porque la verdad es que me gusta mucho. Sin embargo, respeto muchísimo a la gente que es vegetariana o vegana, me parece una forma de vida igualmente válida y lo cierto es que en el último año he introducido muchos cambios en mi alimentación influenciados precisamente por libros, blogs y en general recetas veganas y vegetarianas. 

Pues el otro día, discutiéndolo en familia, llegué a la conclusión que si existe alguna carne a la que no podría renunciar, o sin la que me costaría muchísimo vivir, es el jamón. Me encanta el jamón, asado, ahumado, a la plancha, a la parrilla… pero lo que más me gusta es el jamón curado. Se me hace la boca agua sólo de pensar en el jamón ibérico, curado, con un poco de aceite de oliva sobre un trozo de pan. Dioooooos.


Así que cuando desde La cocina Typical Spanish me mandaron el ingrediente para el reto de diciembre, no me pude alegrar más: era, por supuesto, ¡el jamón! Y como me pirro por el jamón curado, no me pude resistir a hacer una tosta como dios manda. 


Esta receta es una recreación personal que, la verdad, tiene bastante historia detrás. Tengo que empezar contando un dato importante, y es que aunque soy y vivo en Galicia, tengo familia en el sur. Gracias a esto, he viajado los últimos años con bastante asiduidad a Andalucía, concretamente a Granada y Almería, aunque también he podido visitar Málaga y Sevilla. Y he de reconocer que allí se comen las mejores tostadas de aceite, tomate y jamón que he probado nunca. Cómo se nota que se controla el producto, madre mía… Vale que también, gracias a mi cuñado, he podido ir a sitios en los que ya se sabe que tienen muy buena mano con el jamón y con una calidad reconocida, pero aun así en general puedo decir que la fama es merecida. Da la casualidad que en los últimos años, en Galicia, y concretamente en mi adorada Compostela, se han multiplicado los bares de tapas y los restaurantes en los que sirven tostas. Pero tostas de las buenas, que a veces te las sirven de plato único y llegas perfectamente a la cena sin picar durante la tarde. Yo, por supuesto, encantada: me encanta el pan, y mucho más si va acompañado de un buen aceite de oliva y, si puede ser, jamón recién cortado.


Con todo esto en mente, he querido adaptar mi idea de tosta ideal a partir de algunas que he tomado en Andalucía, y con elementos de la tierra al más puro estilo “typical spanish”. Esta tosta está hecha con pan de bolla galega, aceite de oliva virgen extra andaluz (de Málaga), centro de jamón serrano Torre de Núñez, paté casero de tomates secos, queso Arzúa-Ulloa, y espárragos trigueros. 


Es una receta sencilla y muy vistosa, y aunque está mal que sea yo quien lo diga, ¡está riquísima! Y es que hay sabores que no fallan. Os dejo con la receta, a ver qué os parece.

Receta de tosta de jamón ibérico 
- 4 raciones de buen pan. Yo he usado mini-bollas gallegas que venden en mi zona, pero por supuesto aquí se elige según el gusto de cada uno. Eso sí, que el pan sea de buena calidad mejora mucho el resultado final.
- 200 gr de jamón ibérico al corte. Yo he usado centro de jamón Torre de Núñez por dos razones: es de mi tierra, y además es una muy buena opción en relación calidad –precio. Está claro que con un jamón de mayor calidad podremos obtener resultados espectaculares, pero con este, sin gastarnos el sueldo del mes, acertamos seguro.
- 400 gr de paté de tomate seco, pesto de tomate seco o tumaca*.
- 250 gr de queso Arzúa-Ulloa. Yo he usado queso Bama porque, de nuevo, es un queso gallego muy rico, y además porque le aporta jugosidad a la tosta. Pero podéis optar por un queso más aromático, o un queso curado, por ejemplo*.
- Un manojo de espárragos trigueros (sobre 20 espárragos).
- Aceite de oliva virgen extra.
- Sal gorda.

* Ver anotaciones finales

Comenzamos lavando los trigueros y desechando los tallos. Calentamos una cucharada de aceite en una sartén, echamos los espárragos junto con una pizca de sal, y los rehogamos a fuego medio-alto durante 10 minutos. Queremos que estén cocinados, pero al dente, de manera que no requieren mucho más tiempo que este. Cuando estén listos, apagamos el fuego y los dejamos en la sartén tapados para que no pierdan el calor, o bien (si tenemos vitrocerámica o inducción), los dejamos a fuego muy bajo para que conserven la temperatura (yo en mi cocina bajé la temperatura al 2 y los dejé así).

Calentamos el horno, a 150º con calor arriba y abajo. Cortamos el pan según la forma deseada; en mi caso, que he usado bollas gallegas (de tamaño mini, por supuesto), las he cortado a la mitad para que la tosta de pan tuviera unos 2 centímetros de alto. Podéis hacerla más ancha o más fina, en mi caso quería aprovechar la buena miga que tienen estos panes y por eso escogí este tamaño, pero depende mucho del pan que utilicéis y del corte que hagáis. Una vez hemos cortado el pan en raciones, las colocamos en el horno sobre una rejilla y dejamos que se vayan calentando por ambos lados. Una vez observemos que empiezan a dorarse, pondremos el grill y los dejaremos unos 5 minutos más, controlando que el tostado sea el adecuado: debe quedar dorado por los bordes, y la miga jugosa por dentro. 

Mientras esperamos a que el pan termine de tostarse, presentamos los ingredientes: por un lado el jamón cortado en lonchas muy finas; el queso, que presentaremos cortado en raciones pequeñas pero con cuerpo, para que al colocarlo en la tosta se derrita por el centro; el paté o las rodajas de tomate; y los espárragos. 

Sacamos el pan del horno, lo ponemos en los platos donde vayamos a servir las tostas, y colocamos los ingredientes de la siguiente forma: de base tendremos el pan; después, untaremos el paté te tomate, o bien añadiremos rodajas de tomate sobre el pan; encima colocaremos el jamón, más o menos 2-3 lonchas por comensal; acto seguido colocaremos el queso, y encima los espárragos trigueros, bien calientes. Podemos terminar coronando nuestra tosta con un poco de aceite de oliva virgen extra, y estará lista para ser servida.


Consejos/Variaciones:
  • El paté de tomate seco es casero, lo hemos hecho esta semana a modo de “experimento”, y todavía necesita algunas correcciones de sabor. Es por eso que aún no he incluido la receta. De todas formas, tenéis infinitas propuestas en la red que os pueden inspirar, o podéis comprarlo hecho. Si no, es una tosta que va perfectamente con tumaca, tomate natural rallado con un poco de sal, o mismamente rodajas de tomate natural.
  • Igualmente, podéis poner el queso que prefiráis. Otra opción que barajé era usar queso San Simón (ahumado), porque le da una potencia de sabor a los platos que a mí me parece tremenda. Sin embargo, esto va un poco según lo que busquéis: si el jamón es el auténtico protagonista, no deberíais enmascararlo demasiado, por lo que un queso con mucho sabor desmerecería un poco el jamón de la tosta. Por eso finalmente me decidí por un Arzúa-Ulloa, porque es perfecto tanto por sabor (suave) y textura (jugoso y tierno, perfecto para preparaciones templadas, porque funde de lujo).
Y esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado mi tosta de jamón, a mí lo cierto es que me parece un clásico que triunfa siempre. Es un plato muy de la tierra, que admite variaciones tanto de sabor como en función de las intolerancias que se puedan parecer: por ejemplo, podemos cambiar el pan por pan sin gluten o pan de espelta en caso de que seamos celíacos; y si somos intolerantes a la lactosa, pues podemos emplear un queso de leche vegetal, o bien prescindir del mismo (cuando el jamón es bueno… ¡qué más podemos pedir!). 

Además, es un plato que podemos servir estas Navidades, tanto como entrante, si empleamos raciones medianas, ¡o se puede transformar en canapés!, algo que a mí me encanta hacer, y servirlo como aperitivo.

Si lo probáis, dejadme vuestras impresiones en los comentarios, me encantará saber qué os ha parecido. Y si queréis ver otras recetas del reto #jamonTS sólo tenéis que pulsar aquí

Besiños!

Información nutricional:
Calorías totales: 2795 kcal
Calorías por ración (4 raciones/tostas): 699 kcal

domingo, 7 de diciembre de 2014

Christmas is coming! Apfeltaschen o empanadillas de manzana (FoodBloggers Ttm)


Desde que empezó diciembre, mi sobrino pequeño nos manda a todos en casa a cantar villancicos por la noche antes de ir a cama. No es una opción: coge su batuta (improvisada, por supuesto), nos pone a todos en fila, y ale, a cantar todos. ¡Y ojito con equivocarse! Que como alguien diga una palabra más o termine a destiempo, hay que empezar de nuevo. En resumen: estoy del “arre borriquito” hasta el moño, y aun no estamos a mediados de mes.


Deduciréis, por tanto, que en mi casa el espíritu navideño ya ha empezado a hacer mella en todos. Y no me quejo: la Navidad es mi época favorita del año, la mejor fiesta de todas. Desde siempre. Así que, en el fondo, me gusta esto de empezar ya a pensar en recetas festivas, en galletas especiadas, en chocolate a la taza y roscón de Reyes.


Así que no me he quejado ni un poquitín cuando he visto las propuestas del Reto Foodbloggers Trotamundos para este mes, pues nos transportan nada más y nada menos que a Alemania, un país en el que hace tiempo que pienso automáticamente cuando alguien dice “compras” y “Navidad” en una misma frase. Y es que es ver en la televisión o en internet las imágenes de esos mercadillos navideños alemanes y me derrito por dentro. 

Si ya flipé el año que estuve en París la víspera de Navidad, con el mercado de los Campos Elíseos (que tuve que ver corriendo por motivos de horario, snif, snif), no quiero imaginar cuando tenga la oportunidad de viajar a Alemania en Navidad… aiiiiins, me sale una sonrisa sólo de pensarlo. 


Por eso, hoy os traigo una receta típicamente alemana, las apfeltaschen, que básicamente son una versión más individual del típico apfelstrudel, o pastel de manzana. Las apfeltaschen son empanadillas rellenas de manzana horneadas con almendra y pasas, aunque admite multitud de versiones, por lo que he podido ver en la red. Ya sabéis que yo soy dada a adaptar mucho las recetas, sobre todo para aligerarlas en carga calórica y para ajustarlas según las necesidades especiales de los que me rodean. Por eso, esta receta no lleva azúcar. Ni pizca. Y por tanto puede ser apta para diabéticos. 


Tengo que agradecer a Leila de La nueva cocina de Leila por ser la anfitriona del reto de este mes, y proponernos unas recetas tan fantásticas. Y también a Aisha de La cocina de Aisha, y Mon, de April’s kitch por administrar una comunidad tan genial como es la de Foodbloggers Trotamundos, y aceptarme en ella, por supuesto.



Sin más, os dejo con la receta. En mi casa ha gustado mucho, espero que a vosotros también. ¡A ver qué os parece!


Receta de Apfeltaschen (Empanadillas de manzana)
- 1 plancha de hojaldre
- 1 manzana red delicious (o del estilo, también vale la royal gala)
- Medio limón
- 1 cucharadita de edulcorante líquido (yo he usado aspartamo, pero la stevia vale también)
- 2 cucharaditas de harina de almendras
- 3 cucharadas de almendras laminadas
- 2 cucharadas de pasas
- 1 cucharada de naranja confitada en dados o picada
- 1 cucharadita de canela en polvo
- 2 cucharaditas de extracto de vainilla

Pelamos la manzana y la cortamos en dados muy pequeños (brunoise), procurando que sean más o menos del mismo tamaño, las echamos a un cuenco y añadimos el zumo de medio limón para evitar que se oxiden. Removemos bien y añadimos enseguida el edulcorante líquido (también se pueden añadir unas gotas de miel, aunque si se padece diabetes es mejor evitar aumentar demasiado el índice glucémico). Añadimos la harina de almendras, la almendra laminada, las pasas, la naranja confitada (si la tenemos en rodajas, habremos de cortarla en cubitos pequeños) y removemos muy bien la mezcla, procurando que todos los ingredientes queden bien integrados. Por último, añadimos la canela y la vainilla, y con ayuda de una cuchara removemos de nuevo para mezclar bien los sabores. Tapamos la mezcla con papel film y metemos a la nevera durante aproximadamente una hora (yo la dejé casi dos pero con una es suficiente). Así aseguraremos que la manzana absorba todos los aromas y quedará un relleno mucho más sabroso.

Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo. Sacamos el hojaldre de la nevera y la extendemos en una superficie lisa. Cortamos la plancha de masa de la forma que más nos guste: yo he hecho cuadrados grandes y con el hojaldre que me sobró hice rectángulos más pequeñitos, pero esto va según el gusto de cada uno. ¡Creatividad a tope!

Sacamos la mezcla de la nevera. En cada cuadrado que hemos recortado, echamos una cucharada generosa de la mezcla. Debemos llenar bien la superficie del hojaldre dejando libres los extremos, pero sin miedo a echar demasiado (pensad que en el horno la masa se va a inflar mucho y no queremos que la proporción de masa supere a la del relleno). Así que sed generosos con el relleno, lo agradeceréis después. Cerramos cada empanadilla con otro cuadrado de igual tamaño, sobre el que haremos unos tres o cuatro cortes para que la masa respire en el horno. 

Colocamos las empanadillas en un papel sulfurizado, y las metemos al horno durante 20-22 minutos, o hasta que adquieran un tono dorado.

Consejos/Variaciones:
  • Si no sois diabéticos y queréis un relleno más dulce, podéis añadir una cucharada de azúcar moreno a la mezcla, le da un toque tostado muy rico y no enmascara demasiado el sabor de la manzana.
  • OPCIONAL: antes de meter las empanadillas al horno, podéis barnizarlas con un almíbar ligero. Os recomiendo calendar en un vasito unas cucharadas de agua y unos 20 gr de azúcar moreno. Removéis bien hasta que se haya disuelto y dejáis templar. Con ayuda de una brocha de cocina, pincelamos las empanadillas hasta haber cubierto de almíbar toda la masa y la metéis al horno. El aspecto no variará demasiado pero sí le aportará un sabor un poco más dulce a la masa de hojaldre.
  • Estas empanadillas permiten introducir numerosas variaciones en el relleno, pudiendo alterar la cantidad de especias, frutos secos o deshidratados en la medida en que prefiramos. Si os gusta mucho la canela, no hay problema en que en lugar de una cucharadita echéis dos o tres, y en lugar de pasas podemos poner arándanos, por ejemplo. ¡Vamos, que las adaptéis como más os gusten! :)

Recomiendo tomarlas templadas, cuando el relleno está todavía calentito, y el exterior crujiente. Pero no las comáis recién salidas del horno, el hojaldre podría estar todavía algo crudo y os puede sentar mal. Es mejor esperar a que se seque bien, la textura es infinitamente mejor.


Probadla y me contáis, ¡yo creo que no defrauda! Ahora os dejo, voy a aprovechar que tengo un puentecillo por delante para adelantar trabajo y así sacar tiempo libre para seguir horneando ;) En unos días, más y mejor, ¡nos vemos!

Un besiño!

Información nutricional de las empanadillas de manzana o Apfeltaschen
Calorías totales: 1238 kcal
Calorías por ración (6 empanadillas/raciones): 206 kcal

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Pan de Jamón (Reto Bake the World)


¡Ta-ta-ta-chán! Como ya avisé en la anterior entrada, traigo conmigo no sólo una nueva receta sino también un nuevo proyecto, o experiencia (no tengo muy claro cómo llamarlo todavía…), al que me he sumado con mucha ilusión. Y es que a partir de ahora voy a participar en los retos mensuales de Bake the World, un blog dedicado al pan en sus infinitas formas y variantes, capitaneado por Clara (www.missmigas.com/) y Virginia (http://sweetandsour.es/). Llevan ya mucho tiempo con este proyecto en marcha, que sigo desde que empecé el blog, y al que contribuyen cada mes multitud de bloggers con sus propuestas.

Este es mi primer aporte a la causa, y ya os aseguro que no será el último, pues espero poder participar en el reto cada mes siempre que mis obligaciones me lo permitan. De momento, estoy encantada, y por eso quiero agradecer a Clara su respuesta amable y la facilidad con la que nos presentan todas las propuestas, es una auténtica maravilla.


Este mes, toca una receta típicamente venezolana, el Pan de Jamón, que se suele preparar en Navidad para acompañar las hallacas, el pernil o la ensalada de gallina. La versión más tradicional lleva lonchas de jamón, panceta, pasas y aceitunas, pero como en Bake the World nos han animado a dar rienda suelta a nuestra imaginación (y ya sabéis que en este sentido no me puedo estar quieta, jeje), he decidido aportar mi toque personal al asunto. Por eso, este pan lleva pechuga de pavo en lugar de jamón, y también queso tierno, pasas, nueces, y queso de cabra desmenuzado. A mí el resultado me ha convencido, ¡espero que a vosotros también!


Además, he variado la receta de la propia masa de pan, reduciendo la cantidad de grasa, y cambiando el azúcar por miel. Por tanto, podemos decir que es un pan más sano, ya que contiene menos grasas saturadas tanto en el relleno como en el pan. También tengo que deciros que, a pesar de que opté aquí por mantenerme fiel al original, podéis intentar cambiar la harina de trigo por harina de espelta, o harina de arroz, y adaptarlo para celíacos, o incluso usar mitad harina normal, mitad integral, para añadir más fibra al pan. ¡Vamos, que ofrece un montón de posibilidades, por lo que lo recomiendo encarecidamente!


Receta de Pan de Jamón (adaptada de http://www.comedera.com/pan-de-jamon/)
- 300 gr de harina de trigo todo uso
- 9 gr de levadura fresca
- 105 gr de agua templada
- 60 gr de leche semidesnatada
- 7 gr de aceite de oliva suave
- 1 huevo batido
- 6 gr de sal
- 15 gr de miel
- 100 gr de pechuga de pavo en lonchas
- 100 gr de queso tierno en lonchas
- Una cuña pequeña de queso de cabra
- Un puñado de pasas
- Un puñado de nueces

En primer lugar, pondremos la harina en un bol haciendo un volcán. En un borde, colocamos la sal y la miel, y en el contrario, la levadura fresca. Vertemos el agua templada para activar la levadura, y dejamos reposar unos 10-12 minutos.

Añadimos unos ¾ del huevo batido, y reservamos el cuarto restante para barnizar el pan antes de meterlo al horno. Añadimos también la leche y amasamos hasta formar una masa homogénea. Aviso para navegantes: es muy pegajosa (como la de casi cualquier pan, vamos), así que paciencia. Por último, añadimos el aceite e integramos bien. Dejaremos reposar esta masa en un bol, en un lugar tibio, y lo dejamos leudar hasta que doble su volumen (yo precaliento el horno a 25 grados, lo apago e introduzco el bol, así me aseguro que tenga la temperatura adecuada y esté libre de corrientes de aire). Tarda aproximadamente una hora, pero dependerá de la temperatura a la que esté el pan y de la humedad que haya en vuestra casa.

Una vez haya doblado su tamaño, enharinamos una superficie lisa, la echamos encima y la desgasificamos aplanándola con las manos. Amasamos bien, añadiendo algo de harina si fuera necesario para que no se nos pegue (no debemos abusar, pensad que cuanta más harina añadamos, más compacta será la masa cuando la saquemos del horno, y no queremos comer una piedra verdad?). Estiramos la masa sobre un papel de horno, previamente enharinado, con la ayuda de un rodillo, hasta obtener un rectángulo de masa de aproximadamente medio centímetro de grosor. Ponemos una primera capa de pechuga de pavo, después otra de queso, el queso de cabra desmenuzado, y finalmente las pasas y las nueces, bien repartidas. 

Le damos forma al pan enrollándolo con cuidado, hasta llegar al borde, donde haremos presión para que no se nos abra durante el leudado. Un truco para esto, es voltear el pan, dejando el borde para abajo, así aseguramos que se selle bien con la presión que ejercerá el peso del propio pan. Volvemos a dejar leudar el pan hasta que doble de nuevo su tamaño, una hora aproximadamente, siguiendo las mismas instrucciones que os he dado antes (en un lugar templado sin corrientes de aire). Aviso: no os paséis con el leudado, sólo conseguiréis que vuestro pan se desparrame y se abra cuando lo metáis al horno. 

Precalentamos el horno a 180º, con calor arriba y abajo. Con el huevo batido que nos ha sobrado, y la ayuda de un pincel, barnizamos toda la superficie del pan, para que adquiera un tono dorado una vez esté cocido. Lo metemos al horno durante 20 minutos, o hasta que veamos que empieza a dorarse.


Espero que lo disfrutéis tanto como lo hemos disfrutado nosotros en casa. Aunque es un pan consistente, por el tamaño y el relleno, se puede hornear en cualquier momento ya que se puede congelar sin problema. Os recomiendo que lo cortéis en rebanadas (a mí me han salido unas 12), y las metáis en el congelador, así las tendréis disponibles en cualquier momento, sólo tendréis que meterlas en la tostadora unos 3-4 minutos. O también se puede descongelar a temperatura ambiente durante una hora, eso como veáis. A mí me gusta calentarlas en el tostador a la hora de cenar, calentitas y crujientes por fuera... En fin, que aun no he desayunado y ya estoy pensando en la cena...

Lo dicho, hacedlo, comedlo y luego me contáis. ¡Espero vuestras opiniones!

Un besiño!

Información nutricional del Pan de Jamón:
Calorías totales: 1800 kcal
Calorías por ración (12 raciones/rebanadas): 150 kcal

jueves, 20 de noviembre de 2014

Bizcocho de calabaza sin gluten


No suele ser lo normal en mí, pero me da la impresión de que este mes está pasando demasiado rápido. Y no será por despiste, que al fin y al cabo estoy harta de poner el día que es en los apuntes cada tarde. Pero es que no me cabe en la cabeza que estemos ya a 20 de noviembre.


¿¿Pero a dónde ha ido el resto del mes?? Si en una semana termino las clases ya, madre mía! Bueno, a ver, aclaración: termino con las clases teóricas, pero empiezo el período de prácticas, hacia las que tengo una mezcla de sentimientos que van desde la impaciencia, al nerviosismo y algo de temor. No por las prácticas en sí, sino porque es algo nuevo que siempre he tenido quizás demasiado idealizado en mi cabeza, y no sé… siempre pueden decepcionarme (o encantarme todavía más, quién sabe).
El caso es que aquí estoy yo ultimando preparativos y dejando a punto todos los trabajos que puedo para cuando llegue diciembre pueda dedicarme casi al 100% al Prácticum. Y claro, buscando huequecillos para relajarme y darle a la vena cocinillas.


Algunos estaréis pensando que esta receta tiene truco. Y no vais mal encaminados. Esta receta no es nueva, muchos la conoceréis de sobra, de hecho, ya que es la más visitada de todo el blog. Probablemente recordaréis este bizcocho de calabaza súper esponjoso que publiqué hace ya dos años (cómo pasa el tiempo, jolín). Y aquí he de hacer una confesión: este postre es una de mis elaboraciones estrella. Está rico, es muy versátil ya que tanto sirve como base para una tarta formal como para un desayuno de los buenos, y encima es bastante sencillo. Vamos, que los que no lo habéis hecho no sé qué estáis esperando, ahora que aún se puede encontrar alguna calabaza en el mercado.


Pero este bizcocho no es exactamente igual, y por eso merece una nueva entrada en el blog. Como ya dije en una entrada anterior, mi amiga Jeny me regaló hace casi un mes una preciosa calabaza de su huerta, natural 100%, de tamaño mediano, que en un principio sólo quería para una o dos recetas. Menuda sorpresa cuando me encuentro que la calabaza era prácticamente toda carne, vamos, que había allí materia aprovechable para alimentar a un regimiento. Pues allá fui yo, me embarqué en una nueva receta de galletas y después guardé dos raciones para hacerme unos revueltos con setas que estaban… en fin, riquísimos se quedan cortos. Y me quedaban aún dos raciones, así que, aprovechando que todavía no había postre para la comida del domingo en casa de mi abuela, decidimos repetir el tan alabado bizcocho de calabaza. Peeeero (siempre hay un pero últimamente…) no me valía esa receta, porque como os comenté ya, mi tío es celíaco y no puede por tanto tomar nada que contenga, entre otras cosas, harina de trigo. Como para los diabéticos ya se iba a encargar mi abuela de hacer una tarta de manzana, y esta receta tampoco lleva lácteos (mi madrina tiene intolerancia a la lactosa), lo vi claro: a adaptar se ha dicho! Pues justamente, dicho y hecho: os presento el nuevo bizcocho de calabaza sin gluten, apto para celíacos e intolerantes a la lactosa.

Bizcocho de calabaza (sin gluten ni lactosa)
-          3 huevos
-          200 gr de azúcar
-          70 gr de aceite de oliva suave (echar en hilo)
-          250 gr de calabaza rallada (pelada y sin pepitas)
-          45 gr de harina de garbanzo
-          155 gr de harina de arroz
-       16 gr de levadura (se podría usar un sobre de Royal pero no es apta para intolerantes a la lactosa; los que no tengáis este problema, podéis usar la que prefiráis)
-          Ralladura de medio limón
-          Una cucharada de canela
-          Una cucharadita de extracto de vainilla

Precalentamos el horno a 180º. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso.Si tenemos la calabaza entera, realizamos cortes profundos con la ayuda de un cuchillo en toda la superficie, llegando hasta el centro más o menos, e introducimos la calabaza en el horno para que se ase y después sea más sencillo quitarle la piel. La dejamos unos 20-30 minutos, dependiendo del horno, y después la dejamos templar. Cuando la temperatura sea la adecuada para que podamos manejarla sin riesgos, le quitamos la piel y la cortamos en rodajas. La pesamos y nos quedamos con 250 gr. Si ya tienes la calabaza congelada, o la has comprado fresca ya cortada, saltaos este paso. La rallamos y reservamos.

En un bol, batimos a velocidad baja los huevos, de uno en uno. Añadimos poco a poco el azúcar, sin dejar de batir, y cuando esté integrado echamos el aceite en hilo. Cuando la mezcla sea homogénea, echamos la calabaza rallada, poco a poco.

En otro bol, tamizamos la harina y la levadura juntas, y la añadiremos a la mezcla anterior en varias tandas. Integramos la masa siempre a velocidad baja, para que no se nos apelmace. Por último, añadimos la ralladura de limón, la canela y la vainilla.
Preparamos un molde apto para hornear, yo he utilizado uno redondo de 18 cm de diámetro, pero si usáis uno más pequeño os saldrá igual, aunque tened en cuenta que tendrá algo más de altura y tendréis que vigilarlo bien en el horno para que se os haga completamente por dentro. Horneamos 30 minutos, y transcurrido ese tiempo comprobamos con una brocheta o palillo que se haya hecho por dentro. Es muy importante que no abráis la puerta del horno si no han pasado mínimo 15 minutos desde que metisteis el bizcocho, porque se os puede hundir. Una vez esté hecho, lo dejamos enfriar en el molde. Desmoldamos y servimos.



 Y este es el resultado. Apetecible, no? En casa de mi abuela gustó mucho, y como era grande y había más postres, de lo que me sobró dieron buena cuenta mis compañeros de clase, especialmente Jeny, que recibió una porción con todas las de la ley (no iba a ser menos, teniendo en cuenta que el fruto de todo esto era su calabaza). Un éxito, queridos, un éxito.

Y con esto me despido. Próximamente, me tendréis publicando una receta para un proyecto nuevo al que me he sumado, probablemente muchos lo conozcáis pero para los que no... me guardo la sorpresa...

Un besiño!


Información nutricional:
Calorías totales: 2230 kcal
Calorías por ración (20 raciones): 111 kcal