Mostrando entradas con la etiqueta Panes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Panes. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de mayo de 2015

Un viaje a Marruecos... ¡con mucha miga! Pan batbout o mkhamer


Hoy el reto de Bake the World nos hace viajar de nuevo, y a un lugar que a mí me fascina y al que tengo muchísimas ganas de ir: el norte de África, y concretamente, Marruecos. 


En general, soy muy fan de la comida árabe y la tradición gastronómica oriental, así que con estos retos me lo paso genial tanto buscando información sobre, en este caso, el pan elegido, como haciendo la receta, y posteriormente degustándola, por supuesto.


Este mes le tocó el turno a un pan que por las fotos ya os sonará. Se trata del pan batbout o pan mkhamer, muy típico de estos países del norte de África y fundamentalmente de Marruecos. A muchos seguro que os recuerda a otros panes del estilo, y estoy convencida de que algunos pensasteis que se trataría del pan de pita. 


Lo cierto es que el batbout es un pan plano similar al pita, al pan pide turco, o también al pan naan. La diferencia, además de la procedencia de los panes (el batbout es marroquí, mientras que el pita es más típico del Mediterráneo oriental, el pan pide es de origen turco, y el naan es típico de la India), estriba también en los ingredientes y su forma de cocinarlo. El batbout es un pan con miga, al contrario que el pan de pita, que por dentro es hueco, así como el pan naan. Y aunque el pan pide, como el batbout, también lleva levadura y no está vacío en su interior, no tiene un ingrediente que es esencial en el pan que os traigo hoy: la sémola de trigo. Es lo que hace que el batbout sea un pan único, crujiente por fuera y muy tierno por dentro. A mí me recordó un poco a esa textura que tiene la masa de la pizza (¡la de verdad, eh!) en los bordes.


Está buenísimo y es muy versátil, ya que se puede degustar tanto sólo, como acompañado de un plato salado, o bien relleno. También es muy típico en Marruecos tomarlo con un acompañamiento dulce de mantequilla tostada o derretida y unas cucharadas de miel. Os recomiendo que lo probéis, ¡tiene que estar tremendo!

Yo he optado por hacer una versión más tradicional, ya que nunca había probado este pan y quería hacerlo lo más parecido posible al original. Gracias a la receta de Gastronomía&Cía, creo que lo he conseguido bastante bien, a ver qué os parece a vosotros.


Pan batbout o mkhamer
Ingredientes para 8 panes
- 200 gr de harina de fuerza
- 50 gr de sémola de trigo
- 140 gr de agua tibia
- 3 gr de sal
- 6 gr de levadura fresca (o 3 gr de levadura seca)

En un recipiente amplio, echamos la harina y la sémola y hacemos un hueco en el centro. En un extremo añadimos la sal, y en el otro la levadura (si es fresca, la desmigamos con los dedos). Añadimos el agua, que debe estar tibia o a temperatura ambiente, pero no fría, en el hueco del centro, y comenzamos a amasar poco a poco. Si nos parece que ha quedado demasiado húmeda y se nos pega, podemos añadir un poco más de harina. Y si, al contrario, nos parece que queda demasiado seca, añadiremos un poco más de agua. Dependerá del tipo de harina que utilicéis y también de la temperatura y la humedad del ambiente.

Amasamos durante 5 minutos, hacemos con ella una bola y la dejamos reposar en el mismo recipiente, durante aproximadamente 15 minutos, tapada con un paño. Transcurrido este tiempo, cogemos nuestra masa y la partimos en varias porciones según el tamaño deseado. Yo hice 8 panecillos medianos, pero si queréis hacerlos rellenos, será mejor que cojáis porciones más grandes, unos 4 trozos.

Amasamos cada porción y la aplastamos con la ayuda de un rodillo. Debe quedar bastante fina, porque sube bastante, aproximadamente 1/3 de su tamaño. Iremos poniendo los panecillos sobre un papel sulfurizado (papel de horno) previamente enharinado, y los dejaremos leudar durante aproximadamente una hora, tapados con un paño de cocina.

Al cabo de este tiempo, calentamos una sartén o una plancha, a temperatura media-alta (yo en cocina de inducción, lo puse al 6 y medio de 9 puntos de calor). Echamos unas gotas de aceite en un papel de cocina y con ayuda de éste engrasaremos la sartén para que los panes no se peguen. Vamos añadiendo nuestros bollitos, y los cocinaremos durante unos 5 minutos, hasta que crezcan y adquieran un tono dorado, dándole vueltas para que se hagan uniformemente por ambas caras.

Los retiramos a una fuente y los dejamos templar. Lo ideal es comerlos cuando aún están calentitos, pero nunca inmediatamente después de sacarlos de la sartén, ya que el interior la miga concentra muchísimo calor y nos podemos quemar. También los podemos guardar para comer más tarde; para eso, los dejaremos enfriar completamente y después los guardaremos en un recipiente hermético. También es posible congelarlos, y así cuando nos apetezcan sólo tendremos que meterlos un rato en el tostador, y estarán riquísimos.


En serio, os los recomiendo al 100%. Están muy ricos y son perfectos para cualquier ocasión. A mi sobrino pequeño le vuelven loco y ya los he repetido varias veces. Él los toma solos, un poco tostados para que la corteza recupere esa textura crujiente como si estuviesen recién hechos, y están requetebuenos. 

Tengo ganas de probar a servirlos dulces como lo hacen en Marruecos, con un poco de miel y mantequilla. Una buena idea es organizar una pequeña “tea party” marroquí, es decir, servir un buen té moruno o un té a la menta, tan típico en estos países, acompañado de panecillos batbout y un puñado de frutas y frutos secos, como dátiles, pistachos y ciruelas, por ejemplo. A mí me parece la merienda perfecta, ¿y a vosotros?


Nos vemos pronto, que os quiero contar mi reciente experiencia como runner en mi primera carrera pedestre, y además traeros una nueva crítica gastronómica. Pero todo a su tiempo… 

Un besiño!

Información nutricional del pan batbout o mkhamer
Calorías totales: 918 kcal
Calorías por ración (8 raciones/panes): 114,75 kcal/pan

miércoles, 29 de abril de 2015

Despertando recuerdos... Tortas de aceite o tortas de anís


Sé que estas semanas he estado bastante desaparecida. Bueno, muy muy desaparecida. Alguno puede que ya comenzase a pensar que volvía a las andadas con eso de no actualizar. Pero ya veis que vuelvo a la carga y con una receta no, con una recetaza de esas que te suben la moral de lo sencilla y deliciosa que es. 


Este mes, Clara y Virginia de Bake the World nos proponen volcarnos en los sabores tradicionales del sur y lanzan este reto que, en mi caso, me transportó automáticamente a mi infancia, cuando, muy de vez en cuando, mi madre se permitía el caprichito y compraba para casa las deliciosas tortas de aceite o tortas de anís, de la marca Inés Rosales (las de tooooda la vida, básicamente), y nos las comíamos entre mis hermanas, mi madre y yo. Siempre duraban unos cuantos días, no porque no nos volviesen locas (que lo hacían, sobre todo a mis hermanas), sino porque nos gustaba estirarlas para que durasen lo máximo posible. Pensaréis que lo fácil sería simplemente comprar otro paquete cunado se terminaba el anterior; pero como ya he comentado en otras entradas, el tema del dulce en mi casa nunca se tomó como algo de nuestro día a día, más bien era algo especial que nos permitíamos de vez en cuando.


Esta receta es genial no sólo por el maravilloso resultado final, unas tortas crujientes y muy sabrosas, sino también por lo sencilla que resulta de hacer, y lo rápido de su elaboración. 


Podéis encontrar en la red muchas otras recetas de las tortas de aceite igual de válidas, pero yo me he decantado por esta de El horno de Isa básicamente por una cuestión de tiempo: era la única que no requería tiempos de levado y por lo tanto me aseguraba tener la receta lista en poco tiempo. Es que estos días he estado a tope de trabajo. Pero a tope de verdad. Y nunca tanto trabajo me había hecho tan feliz. ¿Vais entendiendo ahora el por qué de mi ausencia? Aunque eso es algo de lo que os hablaré con más calma en próximos capítulos bloguiles.


Con respecto a la receta original, he hecho algunos cambios. Básicamente he dividido las cantidades a la mitad, me parecía excesiva la original teniendo en cuenta que en casa somos poquitos. Con los ingredientes que os detallo, os saldrán unas 18 tortas pequeñas (7 cm de diámetro aproximadamente). También he reducido mucho la cantidad de levadura, y, sinceramente, si la repito probaré a prescindir de ella directamente. Al no dejarla levar, creo que la masa no la necesita en absoluto; quizás lo podríamos substituir por media cucharadita de bicarbonato, pero tengo que probar primero. Y, por último, le he añadido ralladura de naranja y limón, porque lo había visto en otras recetas de la blogosfera y creo que le dan un toque más aromático y muy delicioso.


Aquí os la dejo, ¡ya me contaréis qué os parece!

Tortas de aceite o tortas de anís
Ingredientes para 18 tortas pequeñas
- 75 ml de aceite de oliva virgen extra
- 250 gr de harina normal
- 35 gr de azúcar moreno
- 15 gr de azúcar blanco
- 75 ml de agua
- 1 cucharada (tbsp) de anís en grano
- 1 cucharada (tbsp) de sésamo
- 1 cucharadita (tsp) de ralladura de limón
- 1 cucharadita (tsp) de ralladura de naranja
- Una pizca de levadura seca de panadería (aproximadamente 1,5 gr)
- ½ cucharadita (tsp) de canela molida 
- 1 cucharadita (tsp) de esencia de anís (podéis modificar la cantidad al gusto)

Para decorar las tortas: 
- Clara de huevo
- Azúcar blanco

Precalentamos el horno a 210ºC con calor arriba y abajo.

Calentamos el aceite en un cazo pequeño a fuego muy bajo (en vitrocerámica, en el 2 de 9). Cuando esté caliente, sin llegar a hervir, lo retiramos del fuego y añadimos el anís en grano, el sésamo y las ralladuras de limón y naranja, para que se infusione con los aromas. Dejamos que enfríe a temperatura ambiente.

En un cuenco amplio, hacemos un volcán con la harina. Echamos en el centro el aceite infusionado, y añadimos después el resto de los ingredientes. Mezclamos todo bien, a mano o con ayuda de una amasadora. Yo opté por amasarlo con la batidora para terminar antes, aunque podéis hacerlo a mano sin ningún problema ya que no se pega nada a las manos al tener bastante aceite. Cuando todos los ingredientes estén bien integrados, hacemos una bola con la masa y la colocamos sobre una encimera.

Vamos cogiendo porciones de masa del mismo tamaño, hacemos bolitas y las aplastamos con el rodillo. Si queréis darles un acabado más “limpio”, podéis usar un cortador redondo, como hice yo, para dar forma a las tortas. Cuanto más finas sean, más crujientes estarán después de hornearlas. 

Para decorarlas, pintamos la superficie con clara de huevo, y espolvoreamos azúcar por encima. Yo no tenía clara de huevo a mano y añadí simplemente el azúcar por encima, ya véis que también da resultado.

Bajamos la temperatura del horno a 200ºC e introducimos las tortas sobre una bandeja. Horneamos durante unos 12-15 minutos, o hasta que estén doradas. Las dejamos enfriar sobre una rejilla.


Ya veis que no os mentía: son muy sencillas, rápidas y lo más importante: para repetir, y repetir, y repetir… porque están ¡de vicio! Mi hermana dice que en el sabor no nota diferencia entre estas y las compradas. Así que, si queréis sorprender, con esta receta no falláis, confiad en mí.


Os dejo, que tengo que volver al trabajo. Probad las tortas, porfi, no os van a decepcionar. En breve volveré con una propuesta salada, que ya tocaba, ¿no?

Un besiño!

Información nutricional de las Tortas de aceite o tortas de anís
Calorías totales: 1695 kcal
Calorías por ración (18 raciones/tortas): 94,2 kcal/torta

viernes, 27 de marzo de 2015

¿Hambre de pan? Viajamos a la provenza con estas "mini fougasse"


Bueno, hoy vengo con una entrada un poco exprés, ya que en exactamente dos minutos tengo que salir a trabajar y necesito como sea llegar a tiempo a este nuevo reto de Bake the World. Estaba bastante impaciente porque, como sabéis, el mes pasado no hubo ninguna entrada dedicada al pan, como suele ser habitual, pero esta vez Clara y Virginia de nuevo se han puesto manos a la obra para proponernos un nuevo reto este mes de marzo, en el que por supuesto tenía que participar.


Así que aquí estoy un mes más con la propuesta de turno, que en este caso me ha hecho viajar en dos direcciones distintas.


Me refiero a Francia, por un lado, de donde proviene esta maravillosa Fougasse, un pan cuyo origen se encuentra en la región de la Provenza y que podemos encontrar igualmente en el resto del país galo, con múltiples variaciones.


Y por otro lado, a Italia y en general todo el mediterráneo, de dónde he decidido coger la inspiración para combinar los sabores que he integrado en esta nueva receta. En este caso, el orégano, el parmesano, la albahaca y un toque de ajo han conseguido un pan muy pero que muy sabroso y que puede tomarse tanto sólo como acompañado de aceite, paté o un buen queso.


La fougasse, además, entronca con la tradición panadera tanto de Italia como de España, pues es una pieza muy similar a la focaccia y a nuestra hogaza tradicional. Como dato curioso, decir que este pan se solía preparar como una prueba para controlar la temperatura del horno, que se medía en función del tiempo que tardaba en cocerse la masa, y así después hacer otro tipo de panes. 


El caso es que en algún momento a alguien se le debió de ocurrir probarlo (es lo que tiene el pan, que a no ser que lo hayamos calcinado o estropeado por error -pecado mortal- siempre apetece tomar un trozo), y quedaría encantado con el resultado, si no no se seguiría haciendo, digo yo. 


A mí siempre me había llamado la atención por su característica forma, pero nunca me había atrevido a hacerlo en casa, porque tenía la idea en mi cabeza (no sé por qué), de que sería un pan muy duro, tipo crostini. Pero en absoluto, no tiene nada que ver. Aunque tenga una apariencia de pan plano, la corteza es de una dureza media y la miga es muy esponjosa, así que nos puede valer tanto para acompañar una comida como para tomarla como base de una buena tosta de jamón, aceite, o lo que se nos ocurra. O, por supuesto, para tomarla sola, porque de verdad que está muy rica.


En este último caso, yo recomiendo jugar con los sabores y probar a añadirle diferentes ingredientes o especias. Tenéis multitud de recetas en la web para inspiraros, desde algunas más sencillas con romero y aceite de oliva, u orégano como hice yo, hasta otras más complicadas (aunque con una pinta estupendísima) con salmón, anchoas, tomate, e incluso rellenas de verduras (esta la tengo que probar en un futuro próximo...). 


Ya veis que no es muy complicado variar los sabores. Yo he decidido traeros tanto la propuesta original como una más personal que he llamado fougasse mediterránea, por los sabores que os comenté al principio de la entrada, y que a mí me transportan automáticamente a la toscana italiana. 

Decir también que la receta básica la he sacado del libro Pan con webos fritos, de Susana Pérez y Jesús Cerezo (página 44, sección "Masa básica"), y no tengo queja alguna. Me encanta este libro, que me dejaron los Reyes Magos este año en mi casa, y ha sido una grata sorpresa en cuanto a las ideas que trae, sus recetas, explicaciones (clarísimas y sencillas), y fotografías (te entra hambre sólo de mirarlas). Yo os lo recomiendo al 100%, sobre todo si estáis empezando en esto del mundillo panarra y queréis aprender de cero. Su os ayudará con todo, como siempre hace en sus recetas que podéis consultar en la web Webos Fritos, que seguramente todos conoceréis ya. Si no, ¡¿a qué estáis esperando para visitarla?! Para mí, es una referencia obligada en la blogosfera culinaria. Sus recetas, os lo aseguro, nunca fallan. Y en este caso no ha sido menos. Gracias Su!


Sin más, os dejo con la receta. Veréis que es muy pero que muy sencilla y que requiere poco tiempo para prepararla. ¿Qué más se puede pedir?

Fougasse
Ingredientes para 4 mini fougasse
- 300 gr de harina
- 185 gr de agua a temperatura ambiente
- 6 gr de levadura fresca
- 6 gr de sal

Para las fougasse mediterráneas:
- 2 cucharaditas de orégano
- 1 cucharadita de albahaca
- 1/2 cucharadita de ajo en polvo
- 1 cucharadita de queso parmesano en polvo
- Unas gotas de aceite de oliva virgen extra

En un cuenco, echamos la harina y desmenuzamos encima la levadura fresca. Añadimos la sal y el agua, y mezclamos bien con ayuda de una rasqueta o bien con las manos. Yo recomiendo usar una rasqueta porque es una masa muy húmeda. Una vez se integren bien los ingredientes, volcamos la masa sobre una encimera enharinada y seguimos amasando hasta formar una bola. Podemos añadir algo de harina pero no más de una cucharada, si no después os quedará un pan demasiado duro. 

Si queremos hacer la masa de varios sabores, como yo he hecho, en este momento la dividiremos en las porciones que queramos. Yo dividí la masa a la mitad, y en uno de los pedazos añadí el orégano, la albahaca, el ajo, el parmesano y el aceite. Volvemos a amasar todo muy bien para que se integren bien todos los ingredientes de forma homogénea.

Estiramos la masa con ayuda de un rodillo formando un rectángulo con cada porción (no tiene por qué ser un rectángulo exacto, más o menos), y dejamos que repose durante una hora aproximadamente.

Pasado ese tiempo, precalentamos nuestro horno a 250º con calor arriba y abajo. Cogemos cada lámina de masa, y las dividimos en dos rectángulos, cortándolas en sentido transversal. Pasamos cada porción de masa a una bandeja con papel de hornear, dejando un espacio entre cada pieza, y realizamos en el interior un corte a lo largo, y varios cortes laterales tal y como veis en las imágenes. Los abrimos bien con los dedos ya que durante el horneado crecerán un poco y tenderán a cerrarse. Podemos añadir algún ingrediente más sobre los panes, como hice yo con una de las piezas a la que le añadí tomate cherry en tiras.

Metemos la bandeja en el horno, a media altura, y echamos un vaso con agua en la parte inferior del horno para que se cree vapor y así conseguir una corteza más crujiente. Bajamos la temperatura a 230º y horneamos de 12 a 15 minutos, hasta que las piezas se doren. Cuando estén listas, apagamos el horno y las dejamos enfriar sobre una rejilla.



Como podéis comprobar, es un pan muy sencillo, perfecto para los que os estéis iniciando en esto de las masas y encima no requiere demasiado tiempo de espera. Al fin y al cabo, sólo tiene un tiempo de leudado y un horneado corto. Así que si empezáis por la mañana, podréis tener a la hora de comer una buena pieza de pan recién hecho para degustar. ¿Puede haber algo mejor? Yo no lo creo :)

Además permite muchísimas variaciones. Yo he tirado por sabores mediterráneos porque me gustan mucho pero podríamos rellenarlo con ingredientes mucho más potentes: desde bacon, hasta atún, aceitunas, jamón, queso curado, etc. Os animo a que saquéis partido a vuestra imaginación y probéis distintas variedades. ¡Incluso he visto varias recetas en la que se puede hacer dulce! En este caso, no está de más añadir algo de mantequilla a la masa y un huevo, pero eso ya depende mucho de la receta que sigáis. 

Vamos, que lo disfrutéis porque realmente es un pan que merece la pena probar (a hacerlo y a comerlo, por supuesto, jeje).

Os dejo, ahora sí, que tengo mucho mucho trabajo y muy poco tiempo para hacerlo. Espero que paséis un fin de semana genial y por mi parte volveré muy pronto con una nueva receta y muchas, muchas cosas que contaros (os dejo con la intriga...). 

Un besiño enorme!

Información nutricional de la Fougasse
Calorías totales: 1100 kcal
Calorías por ración (4 raciones/mini fougasse): 275 kcal/fougasse


jueves, 29 de enero de 2015

Pan Tigre (y una historia para el recuerdo)


Una vez más, aquí estamos con el reto del mes de Bake the World, esta vez con un pan que no sólo ha hecho las delicias de la casa, sino que me ha hecho muchísima ilusión preparar por una historia personal que tiene detrás (si es que siempre hay cosas que contar tras una receta, ¿no creéis?).

En este caso, le ha tocado el turno al Pan Tigre, un pan de origen holandés, pero que se popularizó en Reino Unido (que es donde yo lo probé por primera vez). De hecho, aunque se le conoce como Tiger Bread, o Jiraffe Bread, por su corteza “a manchas”, en muchos blogs y webs inglesas lo llaman Dutch Crunch bread, por su característica cobertura que se consigue gracias al baño de agua, harina de arroz, aceite y otros ingredientes que os detallo en la receta. 


Originalmente, se hace con aceite de sésamo tostado, pero coincidió que yo no tenía, así que decidí sustituirlo por aceite de girasol, y quedó igualmente rico, así que si os ocurre como a mí ya sabéis la alternativa.


Como os contaba al principio, me encantó la propuesta que Clara y Virginia nos lanzaron este mes, ya que era un pan que conocía por su sabor, pero que nunca se me había ocurrido hacer (no me preguntéis por qué). 

El caso es que hace tres años estuve en Londres y por aquel entonces mi novio y yo decidimos hacer juntos un curso de inglés y aprovechar para conocer mejor la ciudad, ya que nos quedábamos bastante tiempo. Uno de los sitios por los que me moría de ganas de visitar eran los almacenes Harrods, en los que había estado cuando fui de viaje con el instituto, pero que apenas había disfrutado. La razón: en lugar de bajar al food hall, me confundí y me puse a subir pisos como una loca, y aunque me gustó la estética y la decoración de todo el centro comercial, tampoco es que me lo pasase muy bien, teniendo en cuenta que no soy precisamente una aficionada a la moda. Imaginaos mi cara cuando descubrí aquella noche en el hotel que había un piso dedicado exclusivamente a la comida… ¡casi me da algo! Pero ya era tarde, porque no volveríamos en los días sucesivos. Así que cuando volví hace unos años tuve que ir, y esta vez no me moví de la planta del food hall. Madre mía… qué espectáculo de lugar… me pasé el tiempo corriendo de un lado a otro flipando por colores con toda la comida que había allí, aunque no me atrevía a comprar nada por miedo al sablazo que me darían en la cartera (entendedme, soy estudiante con beca y mi presupuesto para esas cosas es bastante ajustado…). 

Pero todo cambió cuando llegué a la sección de panadería. Oh my god. Decidí al momento que no podría marcharme de allí con las manos vacías. ¿Qué mejor recuerdo puede haber de Harrods que la sensación de haber comido pan recién hecho? Recuerdo que había muchísimo donde elegir, pero de repente mis ojos se detuvieron en un pan que me llamó mucho la atención por su característica corteza, y recuerdo que pensé: esto tiene que estar bueno a narices, sí o sí.

Ostras que si lo estaba.

De Harrods salí con una sonrisa en la cara y un pan bajo el brazo.

Y más feliz que una perdiz (ni que hubiera comprado un Chanel, oye…).

He aquí la prueba del delito...
Lo más gracioso de todo es que supuestamente el pan era para la noche, porque aún no sabíamos dónde íbamos a cenar. Pero una servidora no podía aguantarse y tenía que probarlo. Y cuando lo probé no pude parar. 

Adivinad quién se quedó sin cena… (luego me sentí fatalmente culpable, conste)

¿Os hacéis ahora una idea de por qué significaba tanto este pan?

(confieso que me morí de risa mientras hacía la receta)


Bueno, el caso es que no sólo me gustó hacerlo, sino que salió súper bueno. He seguido fundamentalmente la receta de El foro del pan, aunque con algunas modificaciones. He añadido algo de miel porque creo que le concede un sabor más suave, y he prescindido de la sal y el azúcar en el baño del pan. Después de probarlo, puedo asegurar que no lo necesitaba, al menos para mi gusto, claro.

Bueno, ¿a qué esperáis para hacerlo? Os dejo la receta, ya veréis qué sencilla.

Receta de Pan Tigre
Para la masa:
- 300 gr de harina panificable (10 gr de proteína)
- 180 gr de agua templada
- 6 gr de levadura fresca
- 5 gr de sal gruesa
- Una cucharadita (5 ml) de miel

Para la cobertura:
- 40 gr de harina de arroz
- 40 gr de agua templada
- 5 gr de sémola
- 5 gr de aceite de girasol
- 2 gr de levadura fresca

En un bol, echamos la harina y dejamos un hueco en el medio. En un lado, ponemos la sal, y en el contrario colocamos la levadura fresca. Echamos el agua en el centro, y dejamos reposar 10 minutos. Amasamos con las manos hasta que la mezcla comience a homogeneizarse y añadimos la miel. Seguimos amasando; yo lo hice con la ayuda de mi amasadora, con el accesorio de gancho, pero lo podéis hacer a mano, ya que no me pareció una masa demasiado pegajosa.

Hacemos una bola con nuestra masa y la echamos en un bol amplio previamente engrasado. Vamos a dejarla leudar en un lugar templado sin corrientes de aire (yo suelo meterla en el horno, apagado), y tapada con papel film o un paño. Tenemos que esperar hasta que doble su tamaño; el tiempo variará mucho dependiendo de la temperatura y humedad de vuestra casa; normalmente tarda entre una hora y media y dos horas. 

Vamos preparando mientras la pasta de cobertura. Para ello, mezclamos el agua templada con la harina de arroz, la levadura fresca, la sémola y el aceite. Originalmente se usa aceite de sésamo tostado (no valdría el aceite de sésamo de primera presión en frío, que es el que se suele vender en tiendas ecológicas, y el que tenía yo, por eso opté por aceite de girasol, que en este caso es el mejor sustituto). Dejamos reposar nuestra pasta en un lugar templado, aproximadamente durante una hora.

Cuando nuestra masa haya crecido, la volcamos sobre una superficie ligeramente enharinada (digo ligeramente porque no es una masa pegajosa, así que apenas necesita que añadamos harina para manejarla), y la desgasificamos con las manos. Ahora el siguiente paso sería el formado: en mi caso, dividí la masa en dos porciones más o menos iguales y les di forma de bollo, pero podéis hacer una barra, dos, o lo que queráis. Las colocamos en una bandeja de horno sobre papel sulfurizado, bien separadas la una de la otra, ya que van a aumentar de tamaño. Las cubrimos con nuestra pasta de cobertura: para ello, vamos a ir echando cucharadas sobre los bollos de pan, sin manipularlos demasiado, hasta terminar toda la pasta. Con la ayuda de un pincel, la repartimos bien por los laterales, procurando evitar la parte superior del pan, así conseguiremos una corteza más uniforme. Podéis retirar, con ayuda de una cuchara, la pasta que se os haya caído por los bordes hasta el papel de horno.


Ahora los dejaremos leudar una vez más, hasta que doblen su tamaño, durante aproximadamente una hora (en mi caso tardaron 45 minutos).


Precalentamos el horno a 220º, con calor arriba y abajo. Colocamos otra bandeja en la parte inferior de nuestro horno, que nos servirá a la hora de meter los panes para crear vapor, ahora os diré cómo. Introducimos los panes a media altura, y acto seguido llenamos un vaso con agua fría, que inmediatamente echaremos en la bandeja inferior que colocamos previamente. El agua, al contacto con la bandeja caliente y con el calor del horno, se evaporará poco a poco generando un vapor que hará que la textura de nuestro pan mejore considerablemente. Dejamos que el pan se hornee durante 10 minutos, y transcurrido este tiempo, retiraremos la bandeja inferior con el agua que haya quedado sin evaporarse, y bajamos la temperatura del horno a 200º. Horneamos durante otros 25 minutos. 
Sacamos del horno los panes y los dejamos enfriar sobre una rejilla.


Es un pan muy rico para tomar sólo, aunque como la miga es bastante compacta, se presta mucho para hacer rebanadas, calentarlas en la tostadora y acompañarlas de un poco de queso fresco con mermelada de tomate, por ejemplo, o con aceite de oliva y tomate, ¡las combinaciones son infinitas!

Podéis congelarlo si queréis conservarlo durante más tiempo, aunque no os garantizo que seáis capaces de que aguante más de dos días sin que os lo zampéis, de verdad que está rico, rico.  

Otra opción que estoy barajando, dada la sencillez de la elaboración y la facilidad de manejo de la masa, es hacer un poco más de cantidad y dividirla en más porciones, para conseguir bollitos del tamaño de una hamburguesa. De hecho, creo que será mi próximo experimento panarra en la cocina. ¡Ya os contaré qué tal sale!


Ahora os dejo, que tengo que ponerme a currar antes de que se me junte todo el trabajo del mes. Hemos retomado las clases del Máster con fuerza, pero de momento no me quejo, así que se puede decir que la cosa va bien. Y además me están llegando muy buenas notas de las asignaturas pasadas (yuju!!).

Os veo en breve con más recetas y novedades.

Un besiño enooorme!

Información nutricional del Pan Tigre
Calorías totales: 1200 kcal
Calorías por ración (2 bollos/raciones): 600 kcal/bollo

martes, 23 de diciembre de 2014

¡Calentando motores prenavideños! Receta de Pandoro di Verona


¿Qué, cómo marcha la cosa? ¿Todo a punto para la cena de Nochebuena y la posterior comilona de Navidad? En mi casa está la cosa que echa humo, pero no por nada malo, sino porque andamos a cien con los preparativos! Además los niños no tienen cole, y aprovechando que estos días el tiempo ha decidido ponerse de nuestro lado con un sol radiante, que seguramente poco durará, estamos de aquí para allá de una a otra actividad. Me encanta esta época, porque siempre hay algo que hacer :)

Aun así, sigo a tope de trabajo. Pero a tope de verdad. Este viernes mismo es la fecha tope para enviar uno de los muchos estudios para el máster, y sigo redactando la memoria de prácticas. Además de estudiar, que el 8 tengo examen. Vamos, que si alguien piensa a estas alturas que puedo aburrirme… ¡desde luego que se equivoca!


Pero estoy contenta, las cosas sean dichas eh. Porque a pesar de estar hasta arriba de chollo esta época no deja de sorprenderme año tras año. Lo siento, pero soy de ese grupo de gente a la que les flipa la Navidad. Y digo lo siento porque como veis contagio ese sentimiento en el blog, y sé que habrá gente a la que le parezca algo cansina (veeenga… que total sólo dura dos semanitas de nada…). Conste que sí hay algo que no me hace ilusión, aunque al resto sí, y son las super cenas/comidas/megabanquetes que se organizan en estas fechas. A mí es obvio que me gusta cocinar, y me encanta preparar canapés, los dulces y todo eso. Pero creo que llegado a un punto nos pasamos. Y mucho. ¡¡¡Pero si en casa de mi abuela tenemos turrones, polvorones y hojaldrinas hasta marzo!!! Yo, que soy más de cenar ligerito y comer bien, pero sano, acabo hecha polvo las primeras semanas de enero.

El caso es que llevo ya unos cuantos días mentalizándome con la que se me viene encima y he decidido este año tomar conciencia e intentar controlar la situación en la medida de lo posible. Hemos reducido cantidades dentro de un margen razonable (por supuesto, hablo de las cosas de las que nos encargamos nosotros, porque del resto… ¡ay de quien se le ocurra meter mano en la cocina de mi abuela!), y hemos procurado ir a lo seguro, cosas que gustan a todos y que después no estemos rogando con ellas hasta Semana Santa (que nos veo venir…). Por supuesto, esto es lo de siempre: una cosa es el plan, otra el resultado… Ya os contaré en qué acaba. 


Y es que no hay fiesta en la que no surjan imprevistos. Uno de ellos es el reto de Bake the World de este mes, en el que por supuesto participo. Porque, ¿quién podría resistirse a preparar un hermoso y rico Pandoro en estas fechas? Sí, queridos, esta es la propuesta de Clara y Virginia este mes, y sin dudarlo dos veces me he puesto manos a la obra con esta nueva creación. Y digo nueva porque lo es para mí, no había oído hablar de este dulce hasta principios de noviembre, cuando comencé a verlo por la red, y me pareció una alternativa genial al típico Panettone al que casi ya estamos acostumbrados. Pero lo que de verdad me cautivó fue su forma, estrellada, taaan navideña a la que no podía resistirme, de verdad. En mi casa se dieron cuenta, y no tardaron en aprovechar la ocasión de mi Santo, el 13 de diciembre, para regalarme el molde de aluminio original con el que hacer este dulce. 

Aunque he de confesar que esta receta ha dado lugar a más de un momento de desesperación por mi parte. El prefermento se salió por los bordes del bol, después el segundo levado llevó más tiempo que el que había previsto y tuve que enviar a mi madre a casa a que lo metiera a la nevera (no me vuelve a pasar lo del pan del jamón, el sobrefermento es cosa del pasado amigos!), y después descubro que el tercer levado puede durar hasta ¡¡12 horas!! Esto, sin duda, ha sido lo peor: metí la masa en el molde a las 15:45h, y tenía que mandar las fotos y la entrada antes de las 23:59h!!!! ¡No tenía 12 horas para esperar! Vamos, que lo he pasado un poco mal por momentos, pero sólo un poquito. Y creo que el resultado ha merecido la pena, ¿no creéis?


Conste que también me ha servido para hacer algo que sabéis que me encanta, y es indagar sobre la historia y cultura que rodean este postre. Hay webs maravillosas que lo explican, así que no voy a aburriros contándoosla. Lo que sí os diré es que he descubierto que en Verona, aunque suele ser un postre que está presente en la mayoría de los hogares por Navidad, no es típico prepararlo en casa. Resulta que, siendo un dulce tan laborioso, hay una serie de pastelerías ya conocidas en la ciudad que están especializadas en la elaboración del mismo y la gente suele encargarlos allí. Creo que esto nos da una idea del nivel de dificultad del mismo, jeje. A ver, no os asustéis: complicado, lo que se dice complicado, no es. Al menos no si sigues los pasos, y conoces bien los tiempos. En mi caso, he decidido dejaros todos los pasos en la receta lo más claros posibles, indicando el tiempo de cada uno, aunque no es típico que yo haga eso en el blog, pero lo creo necesario para planificar bien el pandoro.

Me parece un postre maravilloso para sorprender a la familia por Nochebuena. Yo desde luego es lo que tengo pensado hacer, no sé vosotros. Y además, como esta receta da para dos pandoros, he congelado la mitad de la masa para hornearla en Navidad. ¿Cómo lo veis?


Bueno, que sé que el tiempo es oro (y en estas fechas más), y no quiero enrollarme más. Os dejo con la receta, explicada paso a paso para que podáis lanzaros sin problema a probarla y os salga a la primera.

Receta de Pandoro (adaptada de esta de Unodedos)
INGREDIENTES
Ingredientes para el prefermento:
- 15 gr de levadura fresca
- 60 ml de agua templada
- 10 gr de azúcar
- 1 yema de huevo
- 50 gr de harina de fuerza

DÍA 1
21:00h Echamos en un bol el agua tibia, donde disolveremos la levadura desmenuzada. Dejamos que repose 5 minutos. En otro recipiente amplio, echamos la harina, y añadimos la mezcla de agua y levadura. Mezclamos bien con la ayuda de una espátula. Añadimos el azúcar y lo integramos a la mezcla. Batimos un poco la yema de huevo y la integramos también. Removemos para asegurarnos que la mezcla es homogénea. La dejamos reposar de 10 a 15 minutos (si en vuestra cocina tenéis una temperatura más bien templada, con 10 minutos será suficiente), hasta que veamos que empieza a burbujear. Tapamos con papel film y lo metemos en la nevera hasta el día siguiente.

DÍA 2
Ingredientes para la primera masa (primo impasto):
- El prefermento del día anterior
- 5 gr de levadura fresca
- 25 gr de azúcar
- 1 huevo mediano
- 200 gr de harina de fuerza
- 30 gr de mantequilla pomada

09:00h En un vaso, echamos dos  cucharadas de agua tibia (unos 30 ml), y disolvemos en ella la levadura. Añadimos esta mezcla a la del prefermento anterior, y la integramos bien con ayuda de una espátula o lengua. Añadimos primero el azúcar, y mezclamos bien. A continuación, batimos el huevo y lo echamos a la mezcla integrándolo con movimientos envolventes. Por último, vamos añadiendo la harina poco a poco. En este punto es mejor dejar la espátula y amasar o bien a mano (como hice yo) o bien en nuestro robot de cocina con el accesorio de gancho. Cuando veamos que la masa ya tiene una textura homogénea, añadimos la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente, y la integramos a nuestra mezcla. Engrasamos un bol con aceite y echamos en él nuestra masa, la tapamos con film o con un paño y dejamos que repose aproximadamente una hora a temperatura ambiente.

Ingredientes para la segunda masa (secondo impasto):
- La primera masa
- 2 huevos medianos
- 1 cucharada y media (tbsp) de vainilla en pasta
- 2 cucharaditas (tsp) de agua de azahar
- Una pizca de sal
- 115 gr de azúcar
- 200 gr de harina de fuerza
- 140 gr de mantequilla a temperatura ambiente

10:30h Llegados a este punto, yo decidí cambiar el bol de trabajo, por lo que eché la masa que ya había preparado en el bol de la batidora o robot de cocina, con el accesorio de gancho. Añadimos en la masa previa los huevos batidos en primer lugar; cuando se hayan integrado, añadimos la vainilla y el agua de azahar; una vez se hayan integrado, añadimos la sal, luego la azúcar, y cuando la masa sea homogénea, echamos la harina poco a poco, y sin dejar de batir a velocidad media. Yo lo tuve amasando en el robot durante unos 10 minutos, hasta obtener una masa suave y elástica. Lo echamos en un bol, engrasado previamente, y lo dejamos que fermente hasta que doble su tamaño (a mí me tardo una hora y media). Cuando haya subido, podemos hacer dos cosas: o bien seguir con el proceso, o, como fue mi caso, meter la masa a la nevera y continuar más tarde. 

13:30h Enharinamos una superficie limpia, y en ella echamos nuestra masa. La desgasificamos y con ayuda de un rodillo le damos forma de rectángulo, estirándola bien (hasta obtener un rectángulo de aproximadamente 55 x 30 centímetros, o un grosor de medio centímetro como máximo). Vamos a empezar el proceso de hojaldrado. Cortamos la mantequilla en láminas y la colocamos en el centro de nuestro rectángulo de masa. Doblamos las esquinas cara el centro, asegurándonos que la mantequilla queda “encerrada” en su interior. La estiramos de nuevo para integrarla, y la doblamos en tres partes, como un libro, llevando cada extremo de la masa al centro. La envolvemos en film transparente y la metemos en la nevera media hora. Transcurrido este tiempo, la sacamos y repetimos la acción anterior dos veces más, dejando reposar siempre la masa 30 minutos entre cada vez. En total, desde que empezamos el proceso de hojaldrado, debe haber pasado como mínimo 1 hora y media. 

15:15h Sacamos la masa de la nevera tras el último reposo, estiramos la masa y la dividimos en dos partes. Una de ellas podemos usarla más tarde o bien congelarla, como yo hice, para otro día (aunque no puedo asegurar que se logren los mismos resultados). La otra, la vamos a bolear: vamos a coger los extremos y llevarlos al centro formando una bola, sin apenas amasar, ya que queremos que conserve la estructura hojaldrada. Engrasamos nuestro molde con mantequilla, y espolvoreamos con azúcar glas. Echamos la bola de masa en el molde, con la cara lisa hacia abajo. Tapamos el molde y lo dejamos reposar de nuevo, para que fermente, hasta que triplique su tamaño y la masa asome por fuera del borde. Puede tardar de unas 6 a 9 horas. En mi caso, estuvo listo a las 6 horas y media (de ahí mi miedo a no poder publicarla a tiempo…).

21:45h Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo y ventilador. Lo horneamos sobre una rejilla que pondremos en el segundo nivel más bajo (aunque yo, la próxima vez, la colocaré directamente en el fondo del horno, pues considero que en mi caso puedo conseguir mejores resultados; en vuestros hornos, dependerá mucho, aconsejo que os guiéis por el color dorado de la base). Lo horneamos así 10-12 minutos, y transcurrido este tiempo, bajamos la temperatura del horno a 150º y lo dejamos unos 20 minutos más. Si veis que se dora demasiado en la base, poned sobre ella papel de aluminio apto para el horno, pero aseguraros de que hayan pasado mínimo 15 minutos desde que lo introdujisteis el molde. 

22:15h Apagamos el horno y sacamos el molde. Dejamos que el pandoro repose en el molde unos 5 o 10 minutos, y transcurrido este tiempo lo echamos sobre una rejilla. Debería desmoldarse sin problema, si lo habéis engrasado lo suficiente simplemente se deslizará hasta la rejilla. Dejamos enfriar. A la hora de servirlo, lo espolvorearemos de azúcar glas.


Tiempo total: 24 horas
Previsión de tiempo de trabajo: 2 días

Bueno, lo sé, es una receta larga y trabajosa. Pero la recomiendo porque merece la pena el resultado, la verdad. Yo cuando lo vi hecho casi me emociono. Que digo casi, ¡¡me emocioné muchísimo!! Estoy deseando que sea Nochebuena para sorprender a la familia. Ya os contaré sus impresiones (y actualizaré con la foto de la presentación, así que estad atentos!), pero eso sí, en futuras entradas, que por ahora me voy a dar un descansito de unos días para disfrutar de la Navidad como Dios manda.

Que tengáis una semana maravillosa y disfrutéis al máximo de estas fiestas con vuestras familias, pareja y amigos. ¡Un saludo a todos!

Biquiños y… BO NADAL!!!!

Información nutricional del Pandoro
Calorías totales: 3841 kcal
Calorías por ración (15 raciones/pedazos): 256 kcal

sábado, 13 de diciembre de 2014

Porque hoy es día de fiesta: Lussekatter o bollos suecos de Santa Lucía


En mi casa siempre hemos sido partidarios de celebrar los Santos. A ver, tampoco hacemos un fiestón ni nada parecido, pero sí que nos regalamos algún detallito y hacemos algún postrecillo especial para la ocasión. De todo mi entorno, soy la única persona que tiene esta costumbre en la familia, por lo que sé que a muchos os podrá extrañar. Pero para mí, qué queréis que os diga, es algo tan común como celebrar el cumpleaños.

Y como en cuestión de festividades me gusta estar al día, no podía dejar pasar la oportunidad para traer al blog un poquito de esa felicidad que nos inunda a todos cuando celebramos algo. Y es que hoy, 13 de diciembre, ¡es mi santo!


¡Sí! Hoy es Santa Lucía, y desde muy pequeñita se convirtió para mí en un día muy especial, era una especie de antesala de la Navidad. Y siempre me ha encantado poder celebrarlo en familia. Pero no sólo es importante por eso, ya que el 13 de diciembre es para muchas culturas un momento esencial del año, al coincidir según el calendario Juliano, con el solsticio de invierno, siendo así el día más corto del año a partir del cual se alargan los días. Y es que ya se dice aquí en Galicia: Santa Lucía, saca da noite e mete no día (Santa Lucía, saca de la noche y mete en el día). Para muchos países nórdicos, este hecho es importantísimo: pensad que el día por lo general tiene muy pocas horas de luz para ellos en invierno, y a partir de esta fecha se consideraba que empezaban a aumentar, así que es una fecha que respetan mucho, y que por supuesto celebran.

Yo, como ya he dicho, os he traído al blog mi pequeño homenaje particular al día de Santa Lucía, haciendo para la ocasión unos Lussekatter o bollos de Santa Lucía, típicamente suecos. Resulta que buscando información en internet, me encontré con una leyenda muy bonita que os resumo: se dice que hace muchos años, ocurrió un milagro en Suecia, una noche próxima a la Navidad, en una época de mucha hambre. Se apareció de repente una niña con luces en el pelo, y repartió dulces entre los niños. Desde entonces, en Suecia se celebra una fiesta anual y las niñas se visten de Santa Lucía, pues asociaron a este milagro su figura, hacen bollos de azafrán y beben vino caliente especiado. ¡Incluso organizan un desfile y todo!


Estos bollitos suecos de azafrán, Lussekatter, Lussebuller, Lussekuse o cómo prefiráis llamarlo (tiene como veis muchos nombres distintos), están hechos sin azúcar y la receta es bastante sencilla de hacer. Sólo necesitáis un poquillo de paciencia en los leudados, y por lo demás estará rodado. La masa es sencilla de manejar y no me ha dado ningún problema, así que de verdad os la recomiendo. He adaptado la receta de esta y he hecho algunas modificaciones, espero que os guste, y celebréis horneando a gusto el día de Santa Lucía.


Receta de Lussekatter, bollos de Santa Lucía o bollos de azafrán
- 1 tsp de hebras de azafrán
- 175 ml de leche
- 50 gr de queso quark
- 50 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente
- 2 huevos
- 30 gr de sirope de agave
- 490 gr de harina de trigo todo uso
- ½ tsp de sal
- 12 gr de levadura fresca
- Un puñadito de pasas

En un cazo, calentamos la leche con el azafrán y el sirope de agave. Llevar casi a ebullición removiendo continuamente para integrar bien el agave. Apartamos del fuego y dejamos templar. Después, añadimos la levadura fresca desmenuzada y esperamos 5-10 minutos. 

En un bol, mezclamos la harina y la sal. Hacemos un hueco en el medio y añadimos la leche, el queso, un huevo entero y medio huevo batido (el otro medio lo reservaremos para barnizar después nuestros panecillos). Mezclamos todo bien, ya sea con ayuda de una batidora o robot de cocina (recomiendo usar palas, no varillas), y cuando veamos que la mezcla se hace una bola, amasamos sobre una superficie ligeramente enharinada, o, como hice yo, seguimos amasando en el robot de cocina con el accesorio de gancho. Es una masa que debe quedar jugosa, pero no pegajosa.

Engrasamos con aceite otro bol, donde echaremos nuestra masa para dejar que levede, cubierta con papel film, de 1 a 2 horas hasta que doble de tamaño (yo la dejé 1 hora y 40 minutos, pero dependerá de la temperatura de vuestra casa y de la humedad). Cuando veamos que ha crecido, la echamos sobre un papel sulfurizado y la desgasificamos dándole pequeños golpecitos a la masa. Con un cuchillo o una rasqueta, cortamos piezas del mismo peso (yo hice 10 en total, pero os recomiendo que hagáis más, porque salen unos bollos muy grandes; cortad unas 14 o 15). Estiramos la masa en tiras de unos 30 centímetros, y las enrollamos. Colocamos los bollitos en papel de horno sobre una bandeja, con suficiente separación entre ellos, porque crecen bastante. Cubrimos la bandeja con un plástico o papel film y las dejamos levedar de nuevo de 30 minutos a 1 hora (yo los dejé 35 minutos), hasta que doblen de nuevo su tamaño.

Precalentamos el horno a 205º. Barnizamos los bollos con el huevo batido que habíamos reservado, ponemos una pasa en el centro de cada espiral, y las metemos en el horno, de 12 a 15 minutos, según lo doradas que las queramos. 

Dejamos enfriar y servimos.


Son unos bollitos muy agradecidos, que admiten combinaciones tanto dulces como saladas, y que permiten alterar el grado de dulzor en la medida en que queramos. Además, son preciosos, ¿no creéis? 

En mi casa sorprendieron, la verdad. Encima, al no llevar azúcar refinado, su índice glucémico es mucho menor, por lo que resulta apto para las personas con diabetes (siempre con moderación). Así que os animo, como siempre, a que los probéis, y me contéis cómo os han salido. De verdad que son bastante sencillos, es una de las masas más manejables con las que he trabajado, y permiten tantas posibilidades y variaciones... vamos, que no os extrañe volver a verla por el blog, con algún que otro cambio de sabor, porque esta la repito fijo!

Me despido no sin antes desearos a todos un muy feliz día de Santa Lucía, y que tengáis un fin de semana estupendo.

Uno no, ¡¡muchos besiños!!

PD: me han regalado un montón de detallitos para cocinar, entre ellos un molde de pandoro (sí, de pandoro; sí, estoy que no quepo en mí de felicidad), unos mini moldes redondos para hacer mini tartas, washi tape nuevo y gas para mi soplete nuevo (preparad el paladar para una buena crème brûlée, porque se postula como una muy próxima receta del blog... ¡estad atentos!). 

Información nutricional de los Lussekatter (Bollos de Santa Lucía) o bollos de azafrán:
Calorías totales: 3187'5 kcal
Calorías por ración (10 raciones/bollos): 318,75 kcal

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El sabor ibérico: tosta de jamón (#jamonTS)


El pasado domingo se abrió en casa de mi abuela un debate súper serio e interesante de los que me gustan a mí, con gente adulta opinando en base a la experiencia y al sentido común: caaarnes. 

Sé que mucha gente piensa, viendo mis compras semanales, mis visitas a la tienda vegana y lo que hay normalmente en mi nevera, que podría ser vegetariana. Pero nada más lejos de la realidad. Si bien no acostumbro a tomar carne por sistema en mi dieta, me gusta incluirla al menos un día a la semana, porque la verdad es que me gusta mucho. Sin embargo, respeto muchísimo a la gente que es vegetariana o vegana, me parece una forma de vida igualmente válida y lo cierto es que en el último año he introducido muchos cambios en mi alimentación influenciados precisamente por libros, blogs y en general recetas veganas y vegetarianas. 

Pues el otro día, discutiéndolo en familia, llegué a la conclusión que si existe alguna carne a la que no podría renunciar, o sin la que me costaría muchísimo vivir, es el jamón. Me encanta el jamón, asado, ahumado, a la plancha, a la parrilla… pero lo que más me gusta es el jamón curado. Se me hace la boca agua sólo de pensar en el jamón ibérico, curado, con un poco de aceite de oliva sobre un trozo de pan. Dioooooos.


Así que cuando desde La cocina Typical Spanish me mandaron el ingrediente para el reto de diciembre, no me pude alegrar más: era, por supuesto, ¡el jamón! Y como me pirro por el jamón curado, no me pude resistir a hacer una tosta como dios manda. 


Esta receta es una recreación personal que, la verdad, tiene bastante historia detrás. Tengo que empezar contando un dato importante, y es que aunque soy y vivo en Galicia, tengo familia en el sur. Gracias a esto, he viajado los últimos años con bastante asiduidad a Andalucía, concretamente a Granada y Almería, aunque también he podido visitar Málaga y Sevilla. Y he de reconocer que allí se comen las mejores tostadas de aceite, tomate y jamón que he probado nunca. Cómo se nota que se controla el producto, madre mía… Vale que también, gracias a mi cuñado, he podido ir a sitios en los que ya se sabe que tienen muy buena mano con el jamón y con una calidad reconocida, pero aun así en general puedo decir que la fama es merecida. Da la casualidad que en los últimos años, en Galicia, y concretamente en mi adorada Compostela, se han multiplicado los bares de tapas y los restaurantes en los que sirven tostas. Pero tostas de las buenas, que a veces te las sirven de plato único y llegas perfectamente a la cena sin picar durante la tarde. Yo, por supuesto, encantada: me encanta el pan, y mucho más si va acompañado de un buen aceite de oliva y, si puede ser, jamón recién cortado.


Con todo esto en mente, he querido adaptar mi idea de tosta ideal a partir de algunas que he tomado en Andalucía, y con elementos de la tierra al más puro estilo “typical spanish”. Esta tosta está hecha con pan de bolla galega, aceite de oliva virgen extra andaluz (de Málaga), centro de jamón serrano Torre de Núñez, paté casero de tomates secos, queso Arzúa-Ulloa, y espárragos trigueros. 


Es una receta sencilla y muy vistosa, y aunque está mal que sea yo quien lo diga, ¡está riquísima! Y es que hay sabores que no fallan. Os dejo con la receta, a ver qué os parece.

Receta de tosta de jamón ibérico 
- 4 raciones de buen pan. Yo he usado mini-bollas gallegas que venden en mi zona, pero por supuesto aquí se elige según el gusto de cada uno. Eso sí, que el pan sea de buena calidad mejora mucho el resultado final.
- 200 gr de jamón ibérico al corte. Yo he usado centro de jamón Torre de Núñez por dos razones: es de mi tierra, y además es una muy buena opción en relación calidad –precio. Está claro que con un jamón de mayor calidad podremos obtener resultados espectaculares, pero con este, sin gastarnos el sueldo del mes, acertamos seguro.
- 400 gr de paté de tomate seco, pesto de tomate seco o tumaca*.
- 250 gr de queso Arzúa-Ulloa. Yo he usado queso Bama porque, de nuevo, es un queso gallego muy rico, y además porque le aporta jugosidad a la tosta. Pero podéis optar por un queso más aromático, o un queso curado, por ejemplo*.
- Un manojo de espárragos trigueros (sobre 20 espárragos).
- Aceite de oliva virgen extra.
- Sal gorda.

* Ver anotaciones finales

Comenzamos lavando los trigueros y desechando los tallos. Calentamos una cucharada de aceite en una sartén, echamos los espárragos junto con una pizca de sal, y los rehogamos a fuego medio-alto durante 10 minutos. Queremos que estén cocinados, pero al dente, de manera que no requieren mucho más tiempo que este. Cuando estén listos, apagamos el fuego y los dejamos en la sartén tapados para que no pierdan el calor, o bien (si tenemos vitrocerámica o inducción), los dejamos a fuego muy bajo para que conserven la temperatura (yo en mi cocina bajé la temperatura al 2 y los dejé así).

Calentamos el horno, a 150º con calor arriba y abajo. Cortamos el pan según la forma deseada; en mi caso, que he usado bollas gallegas (de tamaño mini, por supuesto), las he cortado a la mitad para que la tosta de pan tuviera unos 2 centímetros de alto. Podéis hacerla más ancha o más fina, en mi caso quería aprovechar la buena miga que tienen estos panes y por eso escogí este tamaño, pero depende mucho del pan que utilicéis y del corte que hagáis. Una vez hemos cortado el pan en raciones, las colocamos en el horno sobre una rejilla y dejamos que se vayan calentando por ambos lados. Una vez observemos que empiezan a dorarse, pondremos el grill y los dejaremos unos 5 minutos más, controlando que el tostado sea el adecuado: debe quedar dorado por los bordes, y la miga jugosa por dentro. 

Mientras esperamos a que el pan termine de tostarse, presentamos los ingredientes: por un lado el jamón cortado en lonchas muy finas; el queso, que presentaremos cortado en raciones pequeñas pero con cuerpo, para que al colocarlo en la tosta se derrita por el centro; el paté o las rodajas de tomate; y los espárragos. 

Sacamos el pan del horno, lo ponemos en los platos donde vayamos a servir las tostas, y colocamos los ingredientes de la siguiente forma: de base tendremos el pan; después, untaremos el paté te tomate, o bien añadiremos rodajas de tomate sobre el pan; encima colocaremos el jamón, más o menos 2-3 lonchas por comensal; acto seguido colocaremos el queso, y encima los espárragos trigueros, bien calientes. Podemos terminar coronando nuestra tosta con un poco de aceite de oliva virgen extra, y estará lista para ser servida.


Consejos/Variaciones:
  • El paté de tomate seco es casero, lo hemos hecho esta semana a modo de “experimento”, y todavía necesita algunas correcciones de sabor. Es por eso que aún no he incluido la receta. De todas formas, tenéis infinitas propuestas en la red que os pueden inspirar, o podéis comprarlo hecho. Si no, es una tosta que va perfectamente con tumaca, tomate natural rallado con un poco de sal, o mismamente rodajas de tomate natural.
  • Igualmente, podéis poner el queso que prefiráis. Otra opción que barajé era usar queso San Simón (ahumado), porque le da una potencia de sabor a los platos que a mí me parece tremenda. Sin embargo, esto va un poco según lo que busquéis: si el jamón es el auténtico protagonista, no deberíais enmascararlo demasiado, por lo que un queso con mucho sabor desmerecería un poco el jamón de la tosta. Por eso finalmente me decidí por un Arzúa-Ulloa, porque es perfecto tanto por sabor (suave) y textura (jugoso y tierno, perfecto para preparaciones templadas, porque funde de lujo).
Y esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado mi tosta de jamón, a mí lo cierto es que me parece un clásico que triunfa siempre. Es un plato muy de la tierra, que admite variaciones tanto de sabor como en función de las intolerancias que se puedan parecer: por ejemplo, podemos cambiar el pan por pan sin gluten o pan de espelta en caso de que seamos celíacos; y si somos intolerantes a la lactosa, pues podemos emplear un queso de leche vegetal, o bien prescindir del mismo (cuando el jamón es bueno… ¡qué más podemos pedir!). 

Además, es un plato que podemos servir estas Navidades, tanto como entrante, si empleamos raciones medianas, ¡o se puede transformar en canapés!, algo que a mí me encanta hacer, y servirlo como aperitivo.

Si lo probáis, dejadme vuestras impresiones en los comentarios, me encantará saber qué os ha parecido. Y si queréis ver otras recetas del reto #jamonTS sólo tenéis que pulsar aquí

Besiños!

Información nutricional:
Calorías totales: 2795 kcal
Calorías por ración (4 raciones/tostas): 699 kcal