jueves, 29 de enero de 2015

Pan Tigre (y una historia para el recuerdo)


Una vez más, aquí estamos con el reto del mes de Bake the World, esta vez con un pan que no sólo ha hecho las delicias de la casa, sino que me ha hecho muchísima ilusión preparar por una historia personal que tiene detrás (si es que siempre hay cosas que contar tras una receta, ¿no creéis?).

En este caso, le ha tocado el turno al Pan Tigre, un pan de origen holandés, pero que se popularizó en Reino Unido (que es donde yo lo probé por primera vez). De hecho, aunque se le conoce como Tiger Bread, o Jiraffe Bread, por su corteza “a manchas”, en muchos blogs y webs inglesas lo llaman Dutch Crunch bread, por su característica cobertura que se consigue gracias al baño de agua, harina de arroz, aceite y otros ingredientes que os detallo en la receta. 


Originalmente, se hace con aceite de sésamo tostado, pero coincidió que yo no tenía, así que decidí sustituirlo por aceite de girasol, y quedó igualmente rico, así que si os ocurre como a mí ya sabéis la alternativa.


Como os contaba al principio, me encantó la propuesta que Clara y Virginia nos lanzaron este mes, ya que era un pan que conocía por su sabor, pero que nunca se me había ocurrido hacer (no me preguntéis por qué). 

El caso es que hace tres años estuve en Londres y por aquel entonces mi novio y yo decidimos hacer juntos un curso de inglés y aprovechar para conocer mejor la ciudad, ya que nos quedábamos bastante tiempo. Uno de los sitios por los que me moría de ganas de visitar eran los almacenes Harrods, en los que había estado cuando fui de viaje con el instituto, pero que apenas había disfrutado. La razón: en lugar de bajar al food hall, me confundí y me puse a subir pisos como una loca, y aunque me gustó la estética y la decoración de todo el centro comercial, tampoco es que me lo pasase muy bien, teniendo en cuenta que no soy precisamente una aficionada a la moda. Imaginaos mi cara cuando descubrí aquella noche en el hotel que había un piso dedicado exclusivamente a la comida… ¡casi me da algo! Pero ya era tarde, porque no volveríamos en los días sucesivos. Así que cuando volví hace unos años tuve que ir, y esta vez no me moví de la planta del food hall. Madre mía… qué espectáculo de lugar… me pasé el tiempo corriendo de un lado a otro flipando por colores con toda la comida que había allí, aunque no me atrevía a comprar nada por miedo al sablazo que me darían en la cartera (entendedme, soy estudiante con beca y mi presupuesto para esas cosas es bastante ajustado…). 

Pero todo cambió cuando llegué a la sección de panadería. Oh my god. Decidí al momento que no podría marcharme de allí con las manos vacías. ¿Qué mejor recuerdo puede haber de Harrods que la sensación de haber comido pan recién hecho? Recuerdo que había muchísimo donde elegir, pero de repente mis ojos se detuvieron en un pan que me llamó mucho la atención por su característica corteza, y recuerdo que pensé: esto tiene que estar bueno a narices, sí o sí.

Ostras que si lo estaba.

De Harrods salí con una sonrisa en la cara y un pan bajo el brazo.

Y más feliz que una perdiz (ni que hubiera comprado un Chanel, oye…).

He aquí la prueba del delito...
Lo más gracioso de todo es que supuestamente el pan era para la noche, porque aún no sabíamos dónde íbamos a cenar. Pero una servidora no podía aguantarse y tenía que probarlo. Y cuando lo probé no pude parar. 

Adivinad quién se quedó sin cena… (luego me sentí fatalmente culpable, conste)

¿Os hacéis ahora una idea de por qué significaba tanto este pan?

(confieso que me morí de risa mientras hacía la receta)


Bueno, el caso es que no sólo me gustó hacerlo, sino que salió súper bueno. He seguido fundamentalmente la receta de El foro del pan, aunque con algunas modificaciones. He añadido algo de miel porque creo que le concede un sabor más suave, y he prescindido de la sal y el azúcar en el baño del pan. Después de probarlo, puedo asegurar que no lo necesitaba, al menos para mi gusto, claro.

Bueno, ¿a qué esperáis para hacerlo? Os dejo la receta, ya veréis qué sencilla.

Receta de Pan Tigre
Para la masa:
- 300 gr de harina panificable (10 gr de proteína)
- 180 gr de agua templada
- 6 gr de levadura fresca
- 5 gr de sal gruesa
- Una cucharadita (5 ml) de miel

Para la cobertura:
- 40 gr de harina de arroz
- 40 gr de agua templada
- 5 gr de sémola
- 5 gr de aceite de girasol
- 2 gr de levadura fresca

En un bol, echamos la harina y dejamos un hueco en el medio. En un lado, ponemos la sal, y en el contrario colocamos la levadura fresca. Echamos el agua en el centro, y dejamos reposar 10 minutos. Amasamos con las manos hasta que la mezcla comience a homogeneizarse y añadimos la miel. Seguimos amasando; yo lo hice con la ayuda de mi amasadora, con el accesorio de gancho, pero lo podéis hacer a mano, ya que no me pareció una masa demasiado pegajosa.

Hacemos una bola con nuestra masa y la echamos en un bol amplio previamente engrasado. Vamos a dejarla leudar en un lugar templado sin corrientes de aire (yo suelo meterla en el horno, apagado), y tapada con papel film o un paño. Tenemos que esperar hasta que doble su tamaño; el tiempo variará mucho dependiendo de la temperatura y humedad de vuestra casa; normalmente tarda entre una hora y media y dos horas. 

Vamos preparando mientras la pasta de cobertura. Para ello, mezclamos el agua templada con la harina de arroz, la levadura fresca, la sémola y el aceite. Originalmente se usa aceite de sésamo tostado (no valdría el aceite de sésamo de primera presión en frío, que es el que se suele vender en tiendas ecológicas, y el que tenía yo, por eso opté por aceite de girasol, que en este caso es el mejor sustituto). Dejamos reposar nuestra pasta en un lugar templado, aproximadamente durante una hora.

Cuando nuestra masa haya crecido, la volcamos sobre una superficie ligeramente enharinada (digo ligeramente porque no es una masa pegajosa, así que apenas necesita que añadamos harina para manejarla), y la desgasificamos con las manos. Ahora el siguiente paso sería el formado: en mi caso, dividí la masa en dos porciones más o menos iguales y les di forma de bollo, pero podéis hacer una barra, dos, o lo que queráis. Las colocamos en una bandeja de horno sobre papel sulfurizado, bien separadas la una de la otra, ya que van a aumentar de tamaño. Las cubrimos con nuestra pasta de cobertura: para ello, vamos a ir echando cucharadas sobre los bollos de pan, sin manipularlos demasiado, hasta terminar toda la pasta. Con la ayuda de un pincel, la repartimos bien por los laterales, procurando evitar la parte superior del pan, así conseguiremos una corteza más uniforme. Podéis retirar, con ayuda de una cuchara, la pasta que se os haya caído por los bordes hasta el papel de horno.


Ahora los dejaremos leudar una vez más, hasta que doblen su tamaño, durante aproximadamente una hora (en mi caso tardaron 45 minutos).


Precalentamos el horno a 220º, con calor arriba y abajo. Colocamos otra bandeja en la parte inferior de nuestro horno, que nos servirá a la hora de meter los panes para crear vapor, ahora os diré cómo. Introducimos los panes a media altura, y acto seguido llenamos un vaso con agua fría, que inmediatamente echaremos en la bandeja inferior que colocamos previamente. El agua, al contacto con la bandeja caliente y con el calor del horno, se evaporará poco a poco generando un vapor que hará que la textura de nuestro pan mejore considerablemente. Dejamos que el pan se hornee durante 10 minutos, y transcurrido este tiempo, retiraremos la bandeja inferior con el agua que haya quedado sin evaporarse, y bajamos la temperatura del horno a 200º. Horneamos durante otros 25 minutos. 
Sacamos del horno los panes y los dejamos enfriar sobre una rejilla.


Es un pan muy rico para tomar sólo, aunque como la miga es bastante compacta, se presta mucho para hacer rebanadas, calentarlas en la tostadora y acompañarlas de un poco de queso fresco con mermelada de tomate, por ejemplo, o con aceite de oliva y tomate, ¡las combinaciones son infinitas!

Podéis congelarlo si queréis conservarlo durante más tiempo, aunque no os garantizo que seáis capaces de que aguante más de dos días sin que os lo zampéis, de verdad que está rico, rico.  

Otra opción que estoy barajando, dada la sencillez de la elaboración y la facilidad de manejo de la masa, es hacer un poco más de cantidad y dividirla en más porciones, para conseguir bollitos del tamaño de una hamburguesa. De hecho, creo que será mi próximo experimento panarra en la cocina. ¡Ya os contaré qué tal sale!


Ahora os dejo, que tengo que ponerme a currar antes de que se me junte todo el trabajo del mes. Hemos retomado las clases del Máster con fuerza, pero de momento no me quejo, así que se puede decir que la cosa va bien. Y además me están llegando muy buenas notas de las asignaturas pasadas (yuju!!).

Os veo en breve con más recetas y novedades.

Un besiño enooorme!

Información nutricional del Pan Tigre
Calorías totales: 1200 kcal
Calorías por ración (2 bollos/raciones): 600 kcal/bollo

lunes, 26 de enero de 2015

El frío se avecina... Caldo ligero de verduras


Bueno, dije que volvería con una receta salada y aquí estoy, cumpliendo mi promesa. Como veis, el nuevo año de momento no afecta a mi ritmo de publicaciones (ojalá siga así por mucho tiempo… porque se avecina muuucho estrés).

Es que mañana mismo retomo las clases. Ya os comenté en anteriores entradas que este último mes he estado con exámenes y, sobre todo, trabajos finales, pero ahora le toca el turno a la rutina de las clases por la tarde y todo lo que eso conlleva: menos tiempo para buscar recetas, para cocinar, y en general para todo lo que no tenga que ver con la didáctica y la innovación pedagógica. Rezo de verdad por que, al menos, me gusten las nuevas materias (crucemos los dedos).


Pero no, venga, vamos a ser positivos. Además es menos tiempo que la otra vez, así que vamos a confiar en que se me pase rápido y, lo más importante: no nos saturen de trabajo, que ya bastante tenemos con el TFM (trabajo de fin de máster, para los que no estáis en la onda Bolonia; muchas veces os envidio…). 

En fin, que viendo lo que se me viene encima, y teniendo en cuenta que meteogalicia da lluvias y frío de aquí en una semana, me he puesto en plan previsora y he decidido traeros al blog una receta muy sana, rica y versátil. Vale tanto para tomar sola, como para servir de base a otros platos, que os detallo al final. 


La idea de hacer un caldo de verduras me rondaba por la cabeza hace tiempo. Pero la auténtica razón por la que he decidido hacerla es el concurso que organiza Canal Cocina junto con Aneto, al que por supuesto me he presentado con esta receta. Como veréis, requiere tiempo pero no es en absoluto difícil (es más, yo creo que es bastante facilona), y el resultado, si os soy sincera, no esperaba que fuese tan bueno… con deciros que la hice al mediodía y no llegó a la noche…  

Pero por si acaso, he hecho los deberes y os he traído una receta lo más detallada posible, para que no os surjan dudas a medida que la vais haciendo. De todas formas, en la página de Canal Cocina podéis consultar la receta que publiqué, donde añado un paso a paso fotográfico que os puede ser muy útil. Si queréis verlo, sólo tenéis que pulsar aquí.


Sin más, os dejo con la receta. Cualquier duda que tengáis, dejádmela en los comentarios y no tardaré en responderos, ¡palabra!

Receta de caldo de verduras
Ingredientes (para 1,5 litros de caldo):
- 1/2 cebolleta (de tamaño grande)
- 2 dientes de ajo
- 1 puerro
- 2 zanahorias
- 2 chirivías
- 2 nabos
- Unas hojas de grelos (unos 60 gramos)
- 1 brécol
- 1 tomate kumato
- 2 hojas de laurel
- Perejil fresco picado (podéis usar perejil seco si no tenéis)
- Sal 
- Pimienta negra molida
- Salsa de soja
- Aceite de Oliva Virgen Extra
- 2 litros de agua fría 


Lo primero que debemos hacer es lavar bien toda la verdura. Pelamos las zanahorias, el ajo, las chirivías y los nabos. Ahora pasaremos a cortar y picar todos los ingredientes: en rodajas finas la zanahoria, la chirivía, los nabos, los dientes de ajo y el puerro; la cebolleta la partiremos a la mitad; cortamos el brécol separando las cabezas, y el tallo lo cortamos en rodajas; el tomate lo cortaremos en trozos grandes; y por último, cortaremos la parte baja de los tallos de los grelos, que desecharemos, y con la parte tierna de los mismos y las hojas, cortaremos trozos grandes.

Tenemos ya nuestra verdura preparada. Ahora vamos con el siguiente paso: la cocción. 

En una olla amplia, echamos dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra, y calentamos a fuego medio-fuerte (en cocina de inducción, en el número 7). Añadimos la cebolla y la rehogamos hasta que se comience a dorar; acto seguido añadimos el puerro y sofreímos bien durante unos 4-5 minutos. Añadimos ahora el ajo y el resto de verduras excepto el tomate y los grelos, y rehogamos unos 4 minutos más; por último, añadiremos el tomate, y bajamos un poco el fuego. Transcurridos otros 4 minutos, añadimos una pizca de sal, removemos bien la mezcla, y echamos los dos litros de agua, que debe estar fría, en la olla. Volvemos a subir un poco el fuego, y esperamos a que empiece a hervir. Dejamos que se cueza unos 10-12 minutos.

Es muy importante que vigilemos la cocción llegados a este punto. Es muy probable que las verduras comiencen a liberar impurezas que formarán una espuma en la superficie del agua. Con ayuda de una cuchara, debemos ir retirando esta espuma (espumar el caldo), hasta que veamos que no queda ningún rastro de impurezas en nuestra olla. En mi caso, apenas tuve que espumarlo, supongo que aquí tuvo mucho que ver el que la verdura fuese ecológica.

Una vez hemos espumado el caldo, añadimos una pizca de perejil fresco, el laurel y los grelos. Bajaremos el fuego a mitad de potencia, y dejaremos que se cueza, tapado, durante media hora.

Pasado este tiempo, rectificamos de sal, añadimos una pizca de pimienta negra, y un chorrito de salsa de soja (aproximadamente dos cucharadas). Es importante que probemos el caldo sobre todo para comprobar el punto de sal, pues así será mucho más fácil saber cuánta queremos añadir según el sabor que busquemos. A mí me gusta que quede suave, por eso apenas añado dos pizcas de sal, pero vosotros echadle al gusto. Removemos bien, volvemos a tapar la olla y lo dejamos cocer otros 10 minutos más.

Finalmente, apagamos el fuego y dejamos que el caldo repose en la olla, tapada, a temperatura ambiente durante unas 2-3 horas. Transcurrido este tiempo, lo vamos a colar. Usad un colador y un bol amplios, porque con esta receta obtendréis aproximadamente un litro y medio de caldo. ¡La verdura ni se os ocurra tirarla! Con ella se puede hacer una crema deliciosa, así que podéis guardarla en la nevera y prepararla sin problema.

Este caldo es perfecto para multitud de preparaciones: sirve como fondo para hacer risottos, o un delicioso tabulé de verduritas; también como base para una sopa; se puede tomar solo como consomé… vamos, que tenéis un millón de opciones. En casa, lo usamos de base para un estofado de carne y verduritas que está… ¡de vicio!

Y además se puede conservar de distintas formas. Si lo vamos a usar en un plazo de máximo una semana, podemos refrigerarlo en un bote hermético. Si queremos guardarlo para futuras elaboraciones, también se puede congelar. Para esto último, es importante que conservemos el caldo en bolsas al vacío o bien en bolsas de autocierre aptas para congelar. Cuando lo queráis usar, simplemente tendréis que sacarlo del congelador unas horas antes y lo tendréis listo para la hora de comer.


En cuanto a la perspectiva más nutricional, qué os voy a decir: este caldo es muy, pero que muy sano, ya que apenas tiene grasa en su elaboración, y la cantidad de sal que requiere es mínima. Además, las verduras utilizadas son estupendas para la salud:
  • La zanahoria es una fuente de vitaminas del grupo B y E, fundamentalmente, además de contener beta-caroteno, que es muy bueno para la vista. Es diurética y, al contrario de lo que se suele pensar, su contenido en fibra es muy recomendable para personas con gastritis o estreñimiento. Encima, aumenta la producción de melanina, que ayuda a proteger nuestra piel de la acción de los rayos solares.
  • La chirivía, similar a la zanahoria, tiene además vitaminas del grupo B, vitamina C, K y E, y contiene minerales como el calcio, el magnesio y el potasio, esenciales para nuestro organismo.
  • El nabo tiene un elevado contenido de vitaminas del grupo B y C, además de minerales como el calcio, el hierro, el potasio y el yodo.
  • La cebolla, además de disolver el ácido úrico, previene la osteoporosis por contener quercetina, además de fósforo, silicio y potasio. Se la considera un antibiótico natural que combate enfermedades tanto del aparato digestivo como el respiratorio, y cuenta con grandes beneficios para el sistema circulatorio.
  • El tomate es rico en vitaminas B1, B2 y B5, así como en vitamina C, de la que es una fuente esencial. Disminuye los niveles de colesterol y es un antiinflamatorio natural.
  • El puerro tiene propiedades diuréticas, por lo que es perfecto para personas que padecen retención de líquidos, y contiene vitaminas del grupo B, C y E. Además, tiene un elevado contenido en magnesio, potasio y calcio.
  • El ajo, como la cebolla, es un potente antibiótico natural, aunque sus propiedades disminuyen cuando se cocina. De todas formas, sus infinitas propiedades son muy efectivas para prevenir enfermedades como la diabetes mellitus, y reduce los niveles de colesterol de nuestro organismo.
  • Los grelos son muy ricos en vitamina A, B9 y K, y además tienen un muy bajo aporte calórico. Contribuyen a reforzar el sistema inmunitario y por su elevado contenido de ácido fólico resulta muy recomendable para mujeres embarazadas.
  • El brécol es un vegetal de gran contenido en fibra, y es muy rico en vitamina C, si bien es cierto que, como muchas otras verduras, pierde gran parte de sus propiedades una vez lo hervimos. Aun así, posee grandes beneficios, como su alto contenido en calcio y fósforo, además de estimular nuestro sistema inmunitario.

Como veis, se trata de un caldo de lo más saludable, que además puede ser muy eficaz en dietas para perder peso, al ser altamente diurético y depurativo. Admite numerosos cambios, y podéis adaptar los ingredientes según la temporada, o añadir otras verduras que os gusten. 

Vamos, que os lo recomiendo encarecidamente. Con un caldo tan versátil, sano y rico, ¿quién puede resistirse?


Bueno, que ya es muy tarde, y mañana me toca madrugar pero bien. Probad la receta y decidme qué os parece. Y como ya os he dicho antes, las dudas dejádmelas en los comentarios y os las respondo en un periquete.

Nos vemos pronto, ya os comentaré las impresiones de esta segunda parte del máster...

Un besiño!

Información nutricional del Caldo de verduras
Calorías totales: 160 kcal
Calorías por ración (4 raciones/375 ml): 40 kcal/ración

martes, 20 de enero de 2015

Muffins de turrón (alguno me va a odiar...)


Si algo caracteriza esta época es que el mundo se vuelve loco con los propósitos de año nuevo: que si cuidarse más, hacer más ejercicio, aplicarse en los estudios… Toooodo promesas llenas de intención pero muy poco realismo. Y no es porque no queramos conseguirlo, ojo! Es que nos obsesionamos demasiado con objetivos que queremos conseguir casi de inmediato.


Hombre, si quieres bajar esos cinco kilillos que has cogido en Navidades, no culpes a la báscula si sólo has conseguido perder medio kilo en una semana… Es que esa es otra, este debe ser el mes que más gente empieza las dietas, en parte para compensar los excesos navideños, y en parte como un plan anticipado de la operación bikini (que quedan aún 6 meses para el verano, relax everybody!!). Y eso no está mal, siempre que nos cuidemos y no hagamos locuras como dejar de comer carbohidratos, saltarnos comidas, o ir a trabajar sin desayunar (ya, ya sé que vosotros no lo hacéis y coméis con cabeciña, pero ya he escuchado a más de uno con estas cantinelas…). 


Por eso sé que muchos os echaréis a mi cuello por haber publicado esta receta. Sí, otra vez es dulce. Sí, lleva turrón. Sí, os recordará a esa época que ahora sólo queréis olvidar en la que ha habido (seguro) más de una indigestión. Pero a veeeer, os explico. 


Estoy convencida de que más de uno de vosotros tiene todavía por casa alguna que otra sobra de las Navidades; que si un cachito de panettone que no hubo valor a terminar, alguna que otra tableta de turrón, polvorones que a este paso seguirán intactos en diciembre de este año… En mi casa esto es una realidad, amigos, y ya os dejo claro que aquí NO SE TIRA NADA. Bueno, nada que no esté estropeado, por supuesto. Y esta receta de aprovechamiento es perfecta para que sorprendáis a vuestros familiares y amigos a la vez que le sacáis partido a ese turrón que quedó olvidado en el fondo del armario. Además, para vuestra alegría, he hecho unas cantidades bastante ajustadas, que tampoco queremos alimentar al ejército de tierra! (aunque en alguna casa por Navidad se da precisamente esa impresión…).


Están muy buenos, la verdad, aunque ganan mucho recién hechos. Así que, ¿a qué esperáis, os atrevéis con estos deliciosos muffins de turrón?

Receta de Muffins de turrón de almendras 
- 50 gr de turrón de Jijona (turrón de almendra o turrón “del blando” de toda la vida)
- 25 gr de azúcar blanco
- 30 gr de azúcar moreno
- 110 gr de harina
- 4 gr de levadura
- 20 gr de almendra laminada
- 1 huevo
- 40 gr de mantequilla
- 50 ml de leche semidesnatada

En primer lugar, necesitamos que todos los ingredientes estén a temperatura ambiente. El huevo debéis sacarlo de la nevera con una hora de antelación, aproximadamente, y lo mismo ocurre con el turrón, si lo guardáis en frío. La mantequilla no es necesario, porque la vamos a derretir.

Precalentamos el horno a 200 º.

Preparamos primero los ingredientes secos. En un bol, echamos la harina, los dos tipos de azúcar y la levadura. Desmigamos el turrón con las manos, o con ayuda de un tenedor, si no queremos mancharnos, y lo añadimos al recipiente. Con ayuda de un mortero, majamos ligeramente la almendra laminada, para que nos quede crujiente una vez la añadamos a la masa. La echamos al bol con el resto de ingredientes secos. Mezclamos todo bien con una cuchara.

En otro bol, vamos a mezclar los líquidos: batimos el huevo y añadimos primero la mantequilla derretida (20 segundos al microondas), y después la leche. Mezclamos todo muy bien con la ayuda de unas varillas. 

Ahora echaremos la mezcla líquida sobre los ingredientes secos. Con ayuda de una lengua de cocina mezclaremos bien la masa hasta que sea homogénea, pero sin sobrebatirla demasiado: debe quedar jugosa, no esponjosa. Con unas 10 vueltas será suficiente. Dejamos reposar esta masa unos 5-10 minutos, y mientras prepararemos nuestras cápsulas para muffins. A mí me gusta emplear cápsulas de papel por lo cómodas que son a la hora tanto de servirlos como de hornearlos, porque nos ahorran el estar lavando moldes después de hacerlos. Yo decidí combinar un poco los tamaños, y por eso veis que tengo muffins de tamaño normal y mini muffins. Vosotros podéis hacer como queráis; eso sí, tened en cuenta que es poca masa, y para estas cantidades yo recomiendo hacerlos pequeños. 

Rellenamos las cápsulas, bajamos la temperatura del horno a 180º y horneamos durante 10-15 minutos. Antes de sacarlos, comprobamos con un palillo que al clavarlo este salga seco.

Dejamos templar sobre una rejilla.


Como veis, con esta receta salen unos 25 minimuffins, aunque yo decidí hacer 14 pequeños y tres más grandes, para el desayuno. 


Están muy ricos recién hechos, yo es como más recomiendo tomarlos, una vez se hayan templado. Son perfectos para acompañar el café ya que tienen un sabor a almendra muy agradecido que combina perfectamente. En mi casa tuvieron mucho, mucho éxito, así que de verdad os los recomiendo.

Yo para esta receta me he inspirado en esta de Le parfum de la cuisine, aunque con muchos cambios, como podréis comprobar. Las cantidades las podéis doblar perfectamente, y también admite substituciones; por ejemplo, podéis hacerlos con harina de arroz y que sean aptos para celíacos. La receta suele hacerse con harina de trigo, pero yo usé una mezcla de harinas casera que tenía trigo fundamentalmente, pero también espelta integral, maíz y avena. Podéis adaptarla a vuestro gusto.


Ahora creo que lo mejor es que vuelva al trabajo, que tengo pendiente la entrega de un ensayo y teniendo en cuenta que mañana es el día límite… más me vale ponerme a ello. Además, el resto de la semana la tendré libre para poder experimentar un poquito más en la cocina, y ya tengo pensada mi próxima receta. Esta vez sí, salada. Así os doy un poco de tregua con los dulces, seguro que lo agradeceréis eh? :)

Probad los muffins y contadme con qué os gustaría acompañarlos, o qué le añadiríais, ya sabéis que me encantan vuestros comentarios ¡no os cortéis!

Un besiño!

Información nutricional de los Muffins de turrón 
Calorías totales: 1125,5 kcal
Calorías por ración (25 raciones/minimuffins): 45 kcal

sábado, 10 de enero de 2015

Croquetas de marisco light, o croquetas milagro (#croqueteandoTS)


Bueno, hoy toca entrada-express básicamente porque esta semana estoy a tope de trabajo y apenas he podido sacar tiempo para nada que tuviera que ver con la cocina. Quería hacer una entrada para enseñaros todo lo que me han traído los Reyes este año, casi al 100% regalitos gastronómicos, pero me da que va a tener que quedar para otro día. 


Y es que se me termina el plazo para que presente el reto de La Cocina TS, en el que este mes la receta estrella ha sido la de las croquetas. Y la verdad, apenas he tenido tiempo para dedicárselo. ¿Alguna vez os ha pasado eso de que preparáis una receta con días de antelación, compráis todos los ingredientes expresamente para cocinarla, usáis toda la cacharrada necesaria, y al final sale un desastre, o directamente no os sale nada a derechas? Pues oye, a mí hoy todo lo contrario. Iba a tirar la toalla, pensando que ya no tendría tiempo para prepararlas, y al final, en el único cuarto de hora libre que he tenido en el día, me puse a improvisar una receta de croquetas lights a partir de varias ideas que había visto en internet, ¡y salieron! ¡Y no sólo eso, estaban buenas, muy buenas! Vamos, que ha sido un milagro corquetil en toda regla. Así que con ellas participo en el reto de este mes de La Cocina Typical Spanish.


Ya sé que muchos pensaréis: jo, croquetas, con lo ricas que están, ¿cómo ibas a dejar pasar esta oportunidad? Pues qué queréis que os diga, a mí las croquetas bien hechas me gustan, pero soy bastante especialita: no me gusta que el relleno sepa todo a bechamel; tampoco que chorreen de aceite; y creo que se pueden contar con los dedos de una mano las veces en mi vida que he podido probar unas croquetas de jamón buenas de verdad (y creedme, he probado muchas). A esto sumadle que la bechamel me destroza el estómago, y que debo de comer como mucho dos veces al año alimentos fritos, pues ya tenemos un veredicto: croquetas+Lucía en la cocina= fracaso total. Y encima, no había manera de encontrar recetas que fueran realmente ligeras. ¿¿Veis como es un milagro que haya llegado esta entrada al blog?? 


Espero que os animéis a probarlas: son croquetas de marisco muy ligeras, porque no están hechas ni con nata ni con mantequilla, y no llevan harina tostada. Tampoco están fritas: son croquetas al horno. Así que las calorías se reducen considerablemente, como podréis deducir. He elegido este relleno básicamente porque, como buena gallega que soy, me gusta el sabor a mar en cada plato e intento transmitir eso en mi receta, aunque sea con ingredientes comprados como ha sido el caso. Es una receta con la que podéis salir del paso si andáis algo apuradillos o no tenéis ganas de complicaros mucho la vida y conseguir de forma fácil unas croquetas ricas de verdad.

Os voy a dejar ya con la receta, porque estoy a tope de trabajo (auguro una noche laaarga frente al ordenador) y encima este fin de semana voy a estar poco o nada disponible: a la vuelta os contaré por qué :)

Receta de croquetas de marisco lights (media docena)
- 250 ml de leche semidesnatada (un vaso lleno)
- 2 cucharadas de café de fécula de maíz (maicena)
- ½ cucharadita de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharadita de cebolla molida
- ½ cucharadita de ajo picado
- 1 pizca de nuez moscada
- 3 palitos de surimi
- 4 cucharadas de salvado de avena
- 1 cucharada de semillas de lino dorado

En primer lugar, preparamos nuestra “falsa bechamel”. En un cazo, echamos el aceite, el ajo y la cebolla y los tostamos ligeramente. Disolvemos en la leche fría las dos cucharadas de maicena, y lo vertemos en el cazo. Lo cocemos todo a fuego alto, sin dejar de remover, hasta que comience a espesar. Echamos también la nuez moscada (al gusto, a mí con una pizca me fue suficiente). Ahora, paciencia: no dejéis de remover si queréis que espese. Si no lo hacéis, la masa seguirá siendo líquida y será imposible dar forma a las croquetas. Tardará en coger la consistencia adecuada unos 15 minutos. Podéis mantener el fuego fuerte y si veis que se os tuesta mucho la crema en la base, lo bajáis a fuego medio unos minutos, y luego lo volvéis a subir. Alternad las temperaturas pero procurad no apartar del fuego la mezcla en ningún momento. Cuando esté lista, la retiramos del calor. Picamos bien finitos los palitos de marisco o surimi, y los añadimos a la mezcla. Removemos para integrarlo bien y reservamos. En cuanto se temple, lo metemos a la nevera durante aproximadamente media hora. 

Precalentamos el horno a 200º.

En un plato o un bol amplio, echamos el salvado de avena junto con las semillas de lino. Sacamos la masa de la nevera y con la ayuda de dos cucharas damos forma a la masa (podemos hacer bolitas, o más aplanadas, eso al gusto de cada uno). Las rebozamos bien, y las colocamos sobre un papel de horno en una rejilla. Las metemos al horno unos 10-12 minutos, con calor arriba y abajo y ventilador. Si vemos que transcurrido ese tiempo no se han tostado mucho por la superficie, podemos poner el grill, pero vigiladlas bien para que no se os pasen.
Sacamos del horno y servimos.

Sé qué no tienen una súper pintaza pero de verdad os digo que están muy buenas. Y yo soy muy exquisita con el sabor de las croquetas. La corteza queda muy crujiente, y al no freírse no quedan nada grasientas, lo que potencia todavía más su sabor.

Si queréis ver qué otras recetas se han preparado para el reto de este mes, no dudéis en ver el recopilatorio pulsando aquí.

Os animo, como siempre, a que las preparéis y me contéis qué tal os han salido. Ahora os dejo que tengo que entregar un trabajo antes de que me empiece a caer de sueño frente al portátil... Aiinsss qué duro es el mes de enero para el estudiante universitario... 

Volveré pronto y con muchas cosas que contar, os lo prometo, además de alguna sorpresilla de año nuevo que os contaré en primicia. 

Un besiño enorme!

Información nutricional de las croquetas de marisco:
Calorías totales: 242 kcal
Calorías por ración (6 croquetas/raciones): 40,3 kcal/ración

miércoles, 31 de diciembre de 2014

¡Galletas para despedir el año!


¡Hola a todos! Esta es mi última entrada del año, siiii, ¡¡adios 2014, hola 2015!! Y qué mejor despedida le puedo hacer yo a este año tan importante en mi vida, que regalándole mis últimas horas en él horneando estas deliciosas galletas glaseadas, decoradas especialmente para la ocasión, por supuesto. 


Es que este año ha sido muy intenso, y muy importante en mi vida, por tantísimas cosas que si me pusiera a escribirlas tendríamos aquí entrada para leer durante todo el 2015. Tanto en el terreno personal, como en el profesional, ha sido un auténtico torbellino, y un año de muchísimas emociones. De risas y llantos, de despedidas y bienvenidas. Pero en general ha sido un buen año, y viendo cómo está el mundo, no me puedo quejar, nada en absoluto.


Esta entrada va a ser breve, más que nada porque es tarde y quiero que la podáis disfrutar antes de que den las campanadas. Y porque no creo que necesitéis mucho más que saber que estoy encantada con el nuevo rumbo que está tomando el blog, y que es en gran medida por vosotros, los que lo leéis, que estáis ahí aunque no os vea, pero que sé que lo apoyáis de corazón. Y para todos los que habéis ido comentando en los últimos posts, me encanta poder comunicarme con vosotros y hablar de lo que más nos gusta: la cocina.

Por eso, esta entrada también os la quiero dedicar, para daros las gracias por estar ahí detrás, leyéndome y viendo mis creaciones. Sin vosotros el blog no sería lo mismo. Gracias de corazón. 

Y ya que estamos haciendo declaraciones, aunque a lo mejor no lo lea, quiero agradecer a mi hermana todo su apoyo en la cocina, por su experiencia en los fogones, sus maravillosas recetas y su paciencia. Y a mi madre por todo su apoyo y amor, que haga lo que haga está ahí siempre dándome ánimos. A mi cuñado, tanto de lo mismo (y que me deja usar su súper cámara de fotos, sin la que el blog estaría muuuucho peor, creedme!). Y a mis amigos, especialmente a Jeny, que además de gran catadora de postres es una genial compañera en todo. Gracias a todos chicos por este año genial que me habéis dado :). ¡Este brindis os lo dedico a vosotros!


Sin mucho más que decir, que ya he dicho suficiente, os dejo con la receta, de unas galletas muy festivas para despedir el año y dar la bienvenida a uno nuevo que viene. Son galletas de mantequilla sin gluten, y por lo tanto aptas para celíacos, con un glaseado de frambuesa riquísimo que no dejará indiferente a nadie.


Receta de galletas de mantequilla glaseadas (sin gluten)
- 100 gr de harina de arroz*
- 90 gr de harina de espelta*
- 60 gr de harina de maíz*
- 100 gr de azúcar blanco
- Una pizca de sal
- 175 gr de mantequilla pomada
- Una yema de huevo

*Ver anotaciones finales

En un bol, mezclamos las harinas, junto con el azúcar y la sal. Hacemos un hueco en el medio, como si fuese un volcán, y echamos la yema de huevo. Amasamos bien (podemos hacerlo a mano o con la amasadora, yo lo hice a mano). Echamos la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente, y la integramos bien hasta que obtengamos una masa lisa y compacta. 

Partimos la masa a la mitad, y hacemos dos bolas con cada cacho. Estiramos cada una sobre un papel de horno, hasta que tenga un grosor de unos 4 milímetros, y las metemos al frigorífico durante una hora aproximadamente. Transcurrido ese tiempo, las sacamos y con un cortador circular, o un vaso de cristal, cortamos círculos con la masa del mismo tamaño. Las ponemos sobre un papel sulfurizado y las metemos al horno, precalentado a 180º con calor arriba y abajo, durante 15-18 minutos. Las galletas aumentan un poco su tamaño, pero no pierden demasiado la forma, aunque recomiendo no usar esta receta para cortadores demasiado complejos, sólo para formas básicas. Transcurrido ese tiempo, o cuando veamos que se empiezan a dorar por los bordes, las sacamos y las dejamos enfriar sobre una rejilla. No las manipuléis hasta que no se hayan enfriado, o se os romperán. 

En total, salen unas 25 galletas de buen tamaño.


Receta para el glaseado de frambuesa
- Una clara de huevo
- 1/3 tsp de crémor tártaro*
- 200 gr de azúcar glass
- Aroma de frambuesa

*Ver anotaciones finales

En un bol amplio, echamos la clara de huevo y el crémor tártaro. Los mezclamos con la ayuda de una batidora de varillas hasta que empiecen a espumar. 

En otro bol, tamizamos el azúcar glass. Lo vamos añadiendo a cucharadas a la mezcla anterior, sin dejar de batir a velocidad media. Cuando lo hayamos echado todo, añadimos unas tres gotas de aroma de frambuesa, y mezclamos bien.

Separamos dos cucharadas soperas de este glaseado, que será nuestra glasa de delineado, es decir, con la que dibujaremos los bordes de nuestra galleta con la ayuda de una manga y una boquilla de nuestra elección. Al resto de nuestro glaseado le iremos añadiendo unas cucharadas de agua fría y mezclaremos bien, para licuarlo y que nos sirva para el relleno.

Dejamos secar unas 8 horas (dependiendo de la humedad de vuestra casa). Decoramos como más nos guste.


Para la decoración: con la ayuda de un sténcil, pintamos la superficie de la galleta con un pincel. Yo he usado colorante dorado líquido de Rainbow Dust y lo he diluido un poco con alcohol para repostería de Sugarflair. Lo dejamos secar unos 20 minutos, y ya tenemos listas nuestras galletas.

*Ver anotaciones finales

Consejos/Variaciones:
  • Aunque esta receta está adaptada para celíacos, y por tanto no tiene gluten, los que no tengáis esta intolerancia podéis hacerla igualmente usando harina normal. Bastará con usar 250 gr de harina de trigo blanca en lugar de la mezcla de harinas que os pongo en la receta, que por cierto es una adaptación de las "Cookies lluvia de color", del libro Cookies y pastas paso a paso, de María Ballarín (pág. 18).
  • El crémor tártaro ayuda a que las claras no suban y se consiga la consistencia adecuada en el glaseado. Yo he usado 1/3 de teaspoon, es decir, sobre 1,5 ml. Si no lo tenéis, no pasa nada, podéis prescindir de él. Simplemente id añadiendo el azúcar a las claras sin haber batido éstas con anterioridad, y podéis obtener igualmente buenos resultados.
  • Yo he usado una boquilla bastante más ancha de lo que quería, porque no fui capaz de encontrar la que uso en estos casos, que suele ser una número 3 o 4 de Wilton. Vosotros usad la que mejor os funcione, aunque pensad que cuanto más ancha sea, más glaseado usaréis para el delineado, y puede que luego no os llegue para el relleno.
  • En cuanto al stencil, para los que no lo hayáis usado nunca, o incluso si nunca lo habéis visto, es una plantilla que se usa en repostería, tanto para galletas como para fondant, y la verdad es que da buenos resultados si la usas bien (se nota que yo aún soy novata, jeje). El mío tiene un reloj dibujado, me costó 3,95€ y lo compré aquí
  • Es MUY IMPORTANTE que no manipuléis las galletas una vez han salido del horno. Dejadlas que se enfríen del todo, porque si no se os romperán en las manos nada más tocarlas. Esto ocurre porque tiene una elevada proporción de grasa (mantequilla en este caso) para la harina que lleva, pero le da también una textura muy rica a la hora de comerlas, ya veréis.
  • La receta del glaseado la he adaptado de esta de El rincón de Bea, y en ella os explica todo lo que necesitáis saber para conseguir una buena glasa.
  • La decoración es opcional, podéis comeros las galletas tal cual, o cambiar el glaseado (colorearlo, añadir sprinkles o nonpareils, etc), ya sabéis, ¡imaginación al poder! 


Bueno, ahora sí que me despido. Os deseo a todos un feliz año nuevo, que el que venga sea mejor que el que se va, y que nos traiga a todos muchas alegrías y salud para disfrutarlas con nuestros seres queridos.

Bueno, vale, sí. ¡¡¡Y muchas nuevas recetas con las que disfrutar de la cocina!!!

¡¡¡FELIZ AÑO 2015 A TODOS!!!

Un besazo (el último y más especial del año)

Lucía

Información nutricional de las Galletas de mantequilla con glaseado de frambuesa:
Calorías totales: 3379 kcal
Calorías por ración (25 galletas/raciones): 135,16 kcal

martes, 23 de diciembre de 2014

¡Calentando motores prenavideños! Receta de Pandoro di Verona


¿Qué, cómo marcha la cosa? ¿Todo a punto para la cena de Nochebuena y la posterior comilona de Navidad? En mi casa está la cosa que echa humo, pero no por nada malo, sino porque andamos a cien con los preparativos! Además los niños no tienen cole, y aprovechando que estos días el tiempo ha decidido ponerse de nuestro lado con un sol radiante, que seguramente poco durará, estamos de aquí para allá de una a otra actividad. Me encanta esta época, porque siempre hay algo que hacer :)

Aun así, sigo a tope de trabajo. Pero a tope de verdad. Este viernes mismo es la fecha tope para enviar uno de los muchos estudios para el máster, y sigo redactando la memoria de prácticas. Además de estudiar, que el 8 tengo examen. Vamos, que si alguien piensa a estas alturas que puedo aburrirme… ¡desde luego que se equivoca!


Pero estoy contenta, las cosas sean dichas eh. Porque a pesar de estar hasta arriba de chollo esta época no deja de sorprenderme año tras año. Lo siento, pero soy de ese grupo de gente a la que les flipa la Navidad. Y digo lo siento porque como veis contagio ese sentimiento en el blog, y sé que habrá gente a la que le parezca algo cansina (veeenga… que total sólo dura dos semanitas de nada…). Conste que sí hay algo que no me hace ilusión, aunque al resto sí, y son las super cenas/comidas/megabanquetes que se organizan en estas fechas. A mí es obvio que me gusta cocinar, y me encanta preparar canapés, los dulces y todo eso. Pero creo que llegado a un punto nos pasamos. Y mucho. ¡¡¡Pero si en casa de mi abuela tenemos turrones, polvorones y hojaldrinas hasta marzo!!! Yo, que soy más de cenar ligerito y comer bien, pero sano, acabo hecha polvo las primeras semanas de enero.

El caso es que llevo ya unos cuantos días mentalizándome con la que se me viene encima y he decidido este año tomar conciencia e intentar controlar la situación en la medida de lo posible. Hemos reducido cantidades dentro de un margen razonable (por supuesto, hablo de las cosas de las que nos encargamos nosotros, porque del resto… ¡ay de quien se le ocurra meter mano en la cocina de mi abuela!), y hemos procurado ir a lo seguro, cosas que gustan a todos y que después no estemos rogando con ellas hasta Semana Santa (que nos veo venir…). Por supuesto, esto es lo de siempre: una cosa es el plan, otra el resultado… Ya os contaré en qué acaba. 


Y es que no hay fiesta en la que no surjan imprevistos. Uno de ellos es el reto de Bake the World de este mes, en el que por supuesto participo. Porque, ¿quién podría resistirse a preparar un hermoso y rico Pandoro en estas fechas? Sí, queridos, esta es la propuesta de Clara y Virginia este mes, y sin dudarlo dos veces me he puesto manos a la obra con esta nueva creación. Y digo nueva porque lo es para mí, no había oído hablar de este dulce hasta principios de noviembre, cuando comencé a verlo por la red, y me pareció una alternativa genial al típico Panettone al que casi ya estamos acostumbrados. Pero lo que de verdad me cautivó fue su forma, estrellada, taaan navideña a la que no podía resistirme, de verdad. En mi casa se dieron cuenta, y no tardaron en aprovechar la ocasión de mi Santo, el 13 de diciembre, para regalarme el molde de aluminio original con el que hacer este dulce. 

Aunque he de confesar que esta receta ha dado lugar a más de un momento de desesperación por mi parte. El prefermento se salió por los bordes del bol, después el segundo levado llevó más tiempo que el que había previsto y tuve que enviar a mi madre a casa a que lo metiera a la nevera (no me vuelve a pasar lo del pan del jamón, el sobrefermento es cosa del pasado amigos!), y después descubro que el tercer levado puede durar hasta ¡¡12 horas!! Esto, sin duda, ha sido lo peor: metí la masa en el molde a las 15:45h, y tenía que mandar las fotos y la entrada antes de las 23:59h!!!! ¡No tenía 12 horas para esperar! Vamos, que lo he pasado un poco mal por momentos, pero sólo un poquito. Y creo que el resultado ha merecido la pena, ¿no creéis?


Conste que también me ha servido para hacer algo que sabéis que me encanta, y es indagar sobre la historia y cultura que rodean este postre. Hay webs maravillosas que lo explican, así que no voy a aburriros contándoosla. Lo que sí os diré es que he descubierto que en Verona, aunque suele ser un postre que está presente en la mayoría de los hogares por Navidad, no es típico prepararlo en casa. Resulta que, siendo un dulce tan laborioso, hay una serie de pastelerías ya conocidas en la ciudad que están especializadas en la elaboración del mismo y la gente suele encargarlos allí. Creo que esto nos da una idea del nivel de dificultad del mismo, jeje. A ver, no os asustéis: complicado, lo que se dice complicado, no es. Al menos no si sigues los pasos, y conoces bien los tiempos. En mi caso, he decidido dejaros todos los pasos en la receta lo más claros posibles, indicando el tiempo de cada uno, aunque no es típico que yo haga eso en el blog, pero lo creo necesario para planificar bien el pandoro.

Me parece un postre maravilloso para sorprender a la familia por Nochebuena. Yo desde luego es lo que tengo pensado hacer, no sé vosotros. Y además, como esta receta da para dos pandoros, he congelado la mitad de la masa para hornearla en Navidad. ¿Cómo lo veis?


Bueno, que sé que el tiempo es oro (y en estas fechas más), y no quiero enrollarme más. Os dejo con la receta, explicada paso a paso para que podáis lanzaros sin problema a probarla y os salga a la primera.

Receta de Pandoro (adaptada de esta de Unodedos)
INGREDIENTES
Ingredientes para el prefermento:
- 15 gr de levadura fresca
- 60 ml de agua templada
- 10 gr de azúcar
- 1 yema de huevo
- 50 gr de harina de fuerza

DÍA 1
21:00h Echamos en un bol el agua tibia, donde disolveremos la levadura desmenuzada. Dejamos que repose 5 minutos. En otro recipiente amplio, echamos la harina, y añadimos la mezcla de agua y levadura. Mezclamos bien con la ayuda de una espátula. Añadimos el azúcar y lo integramos a la mezcla. Batimos un poco la yema de huevo y la integramos también. Removemos para asegurarnos que la mezcla es homogénea. La dejamos reposar de 10 a 15 minutos (si en vuestra cocina tenéis una temperatura más bien templada, con 10 minutos será suficiente), hasta que veamos que empieza a burbujear. Tapamos con papel film y lo metemos en la nevera hasta el día siguiente.

DÍA 2
Ingredientes para la primera masa (primo impasto):
- El prefermento del día anterior
- 5 gr de levadura fresca
- 25 gr de azúcar
- 1 huevo mediano
- 200 gr de harina de fuerza
- 30 gr de mantequilla pomada

09:00h En un vaso, echamos dos  cucharadas de agua tibia (unos 30 ml), y disolvemos en ella la levadura. Añadimos esta mezcla a la del prefermento anterior, y la integramos bien con ayuda de una espátula o lengua. Añadimos primero el azúcar, y mezclamos bien. A continuación, batimos el huevo y lo echamos a la mezcla integrándolo con movimientos envolventes. Por último, vamos añadiendo la harina poco a poco. En este punto es mejor dejar la espátula y amasar o bien a mano (como hice yo) o bien en nuestro robot de cocina con el accesorio de gancho. Cuando veamos que la masa ya tiene una textura homogénea, añadimos la mantequilla, que debe estar a temperatura ambiente, y la integramos a nuestra mezcla. Engrasamos un bol con aceite y echamos en él nuestra masa, la tapamos con film o con un paño y dejamos que repose aproximadamente una hora a temperatura ambiente.

Ingredientes para la segunda masa (secondo impasto):
- La primera masa
- 2 huevos medianos
- 1 cucharada y media (tbsp) de vainilla en pasta
- 2 cucharaditas (tsp) de agua de azahar
- Una pizca de sal
- 115 gr de azúcar
- 200 gr de harina de fuerza
- 140 gr de mantequilla a temperatura ambiente

10:30h Llegados a este punto, yo decidí cambiar el bol de trabajo, por lo que eché la masa que ya había preparado en el bol de la batidora o robot de cocina, con el accesorio de gancho. Añadimos en la masa previa los huevos batidos en primer lugar; cuando se hayan integrado, añadimos la vainilla y el agua de azahar; una vez se hayan integrado, añadimos la sal, luego la azúcar, y cuando la masa sea homogénea, echamos la harina poco a poco, y sin dejar de batir a velocidad media. Yo lo tuve amasando en el robot durante unos 10 minutos, hasta obtener una masa suave y elástica. Lo echamos en un bol, engrasado previamente, y lo dejamos que fermente hasta que doble su tamaño (a mí me tardo una hora y media). Cuando haya subido, podemos hacer dos cosas: o bien seguir con el proceso, o, como fue mi caso, meter la masa a la nevera y continuar más tarde. 

13:30h Enharinamos una superficie limpia, y en ella echamos nuestra masa. La desgasificamos y con ayuda de un rodillo le damos forma de rectángulo, estirándola bien (hasta obtener un rectángulo de aproximadamente 55 x 30 centímetros, o un grosor de medio centímetro como máximo). Vamos a empezar el proceso de hojaldrado. Cortamos la mantequilla en láminas y la colocamos en el centro de nuestro rectángulo de masa. Doblamos las esquinas cara el centro, asegurándonos que la mantequilla queda “encerrada” en su interior. La estiramos de nuevo para integrarla, y la doblamos en tres partes, como un libro, llevando cada extremo de la masa al centro. La envolvemos en film transparente y la metemos en la nevera media hora. Transcurrido este tiempo, la sacamos y repetimos la acción anterior dos veces más, dejando reposar siempre la masa 30 minutos entre cada vez. En total, desde que empezamos el proceso de hojaldrado, debe haber pasado como mínimo 1 hora y media. 

15:15h Sacamos la masa de la nevera tras el último reposo, estiramos la masa y la dividimos en dos partes. Una de ellas podemos usarla más tarde o bien congelarla, como yo hice, para otro día (aunque no puedo asegurar que se logren los mismos resultados). La otra, la vamos a bolear: vamos a coger los extremos y llevarlos al centro formando una bola, sin apenas amasar, ya que queremos que conserve la estructura hojaldrada. Engrasamos nuestro molde con mantequilla, y espolvoreamos con azúcar glas. Echamos la bola de masa en el molde, con la cara lisa hacia abajo. Tapamos el molde y lo dejamos reposar de nuevo, para que fermente, hasta que triplique su tamaño y la masa asome por fuera del borde. Puede tardar de unas 6 a 9 horas. En mi caso, estuvo listo a las 6 horas y media (de ahí mi miedo a no poder publicarla a tiempo…).

21:45h Precalentamos el horno a 180º con calor arriba y abajo y ventilador. Lo horneamos sobre una rejilla que pondremos en el segundo nivel más bajo (aunque yo, la próxima vez, la colocaré directamente en el fondo del horno, pues considero que en mi caso puedo conseguir mejores resultados; en vuestros hornos, dependerá mucho, aconsejo que os guiéis por el color dorado de la base). Lo horneamos así 10-12 minutos, y transcurrido este tiempo, bajamos la temperatura del horno a 150º y lo dejamos unos 20 minutos más. Si veis que se dora demasiado en la base, poned sobre ella papel de aluminio apto para el horno, pero aseguraros de que hayan pasado mínimo 15 minutos desde que lo introdujisteis el molde. 

22:15h Apagamos el horno y sacamos el molde. Dejamos que el pandoro repose en el molde unos 5 o 10 minutos, y transcurrido este tiempo lo echamos sobre una rejilla. Debería desmoldarse sin problema, si lo habéis engrasado lo suficiente simplemente se deslizará hasta la rejilla. Dejamos enfriar. A la hora de servirlo, lo espolvorearemos de azúcar glas.


Tiempo total: 24 horas
Previsión de tiempo de trabajo: 2 días

Bueno, lo sé, es una receta larga y trabajosa. Pero la recomiendo porque merece la pena el resultado, la verdad. Yo cuando lo vi hecho casi me emociono. Que digo casi, ¡¡me emocioné muchísimo!! Estoy deseando que sea Nochebuena para sorprender a la familia. Ya os contaré sus impresiones (y actualizaré con la foto de la presentación, así que estad atentos!), pero eso sí, en futuras entradas, que por ahora me voy a dar un descansito de unos días para disfrutar de la Navidad como Dios manda.

Que tengáis una semana maravillosa y disfrutéis al máximo de estas fiestas con vuestras familias, pareja y amigos. ¡Un saludo a todos!

Biquiños y… BO NADAL!!!!

Información nutricional del Pandoro
Calorías totales: 3841 kcal
Calorías por ración (15 raciones/pedazos): 256 kcal

sábado, 20 de diciembre de 2014

El sabor de Grecia en la antesala a la Navidad: Skordalià (FoodBloggers Ttm)


Bueno, después de unos días de descanso del blog (que no de descanso general), vuelvo de nuevo para dejaros una receta breve pero muy rica. 


Vais a tener que perdonarme, pero estoy justita de tiempo y esta entrada me temo que va a ser más rápida que otras anteriores. Llevo una semana muy intensa, pero también maravillosa, ya que estoy dando clase en un instituto y eso, aunque me ha dado mucho pero que mucho trabajo, me hace súper súper feliz. En posteriores posts más descansados ya os iré contando de qué va esto :)


El caso es que no he tenido casi nada de tiempo libre para ponerme a cocinar. Y ya veis por las fotos que tampoco demasiado para ponerme a mejorar la estética de mis creaciones… Pero bueno, oye, bajones bloguiles los tiene cualquiera no? 

Además, vengo también a alegraros porque pronto estaré de vuelta con una receta de lo más navideña. En serio, seguro que estáis hartos de verla esta semana por la red. Pero no diré más, el efecto sorpresa ya sabéis que me encanta, jeje!


Pero hoy no os traigo nada navideño, ni festivo. Lo que no significa que sea malo. Es más: todo lo contrario. Hacía mucho tiempo que tenía ganas de hacer algún plato de la cocina griega, que me tiene fascinada desde hace tiempo. Tengo pinterest a rebosar de fotos de islas griegas, de dulces griegos y los que me conocen saben, además, lo mucho que me gusta el arte griego antiguo. Vamos, que cuando vi que el último reto del año de FoodBloggers Trotamundos era precisamente preparar un plato griego, no me lo pensé dos veces. Las prisas y el poco tiempo libre que os comenté antes me obligaron a decantarme por una propuesta sencillita, sin demasiadas complicaciones, pero que supone una guarnición perfecta para infinidad de platos. Se trata de Skordalià, un puré o salsa de patata con ajo, perejil y nueces, que nos propone este mes Fran, que participa en el blog de Manu Cocinando con Catman. En su blog podéis ver su receta, y muchas otras propuestas que yo ya me he apuntado para preparar estos meses. Además, explica muchísimas cosas de la cultura griega, y eso siempre me ha encantado de la cocina: poder adentrarnos a través de los sabores en otros países y sus tradiciones. 


No os aburro mucho más. Aquí os dejo mi pequeña aportación al reto de diciembre de FoodBloggers Trotamundos, mi puré de patatas griego, Skordalià.


Receta de Skordalia (para dos personas)
- 4 patatas medianas
- 1 diente de ajo
- Perejil fresco
- Un puñado de nueces
- Aceite de oliva virgen extra

En una olla con agua hirviendo, cocemos las patatas peladas y cortadas por la mitad, y añadimos una pizca de sal. Cuando estén bien cocidas, las escurrimos y las echamos en un bol donde las haremos puré con la ayuda de un tenedor, o bien si queréis podéis triturarlas en vuestro  robot de cocina.

Cogemos nuestro diente de ajo y lo majamos bien: podemos usar un prensador de ajos, o picarlo muy finito con el cuchillo (que es lo que hice yo), o bien con la ayuda de un mortero. Hacemos lo mismo con las nueces. Es más tradicional molerlas, pero a mí, como me encanta encontrármelas en trozos, opté por picarlas con un cuchillo. 

Lavamos y secamos bien el perejil fresco. Yo usé unas cuantas ramitas del manojo que compré (creo que cuatro). Incorporamos al puré de patatas el ajo, las nueces y el perejil, y removemos todo para que se integre bien. Por último, echamos un chorrito de aceite de oliva y volvemos a mezclar. Debe quedar una textura cremosa.

Emplatamos como más nos guste.


Es perfecto para acompañar a un buen pescado a la plancha, como he hecho yo con este gallo que preparó mi hermana. Es una combinación maravillosa que os recomiendo que probéis.

Os digo lo de siempre: probadlo y dejadme vuestras impresiones en los comentarios. O simplemente pasad a saludarme!! Hablamos en breve, con un aire más navideño, ya veréis!

Un besiño!

Información nutricional:
Calorías totales: 880 kcal
Calorías por ración (dos raciones): 440 kcal/ración