viernes, 10 de abril de 2015

Un libro y un dulce, con "denominación de orixe"


Siempre he sido un poco ratón de biblioteca. Me enseñaron a leer con tres años, y desde entonces no he podido parar. Empecé con cuentos y sobre todo poesías, de la mano de Gloria Fuertes sobre todo, y de los libros de fábulas que heredé de mis hermanas mayores. Después me pasé al cómic: Mortadelo y Filemón y Zipi y Zape se convirtieron en mis compañeros de aventuras durante gran parte de mi infancia, junto con 13, Rue del Percebe, Carpanta, Las hermanas Gilda y El botones sacarino (recordad, me crié con dos hermanas criadas en los años 80), aunque estos últimos nunca consiguieron apasionarme tanto como los personajes estrella de Ibáñez y Escobar. Luego me pasé a la novela, y aunque nunca le hice ascos a ningún género en especial (bueno, sí, a la novela romántica, pues nunca he leído ninguna, la verdad), me atraían especialmente las historias de intriga y detectivescas (soy fan de Conan Doyle hasta la muerte) y las novelas históricas. Y hoy el 90% de mis lecturas son especializadas, fundamentalmente en historia, y desde hace un año también en didáctica y educación, pero sigo intentando dejar un espacio para disfrutar con alguna novela que cae en mis manos o, por supuesto, un buen cómic (sí, soy muy friki en este sentido).


Con el paso de los años, fui desarrollando la pasión que hoy tengo por la cocina. Empecé por los postres y, aunque siguen siendo los platos que mejor se me dan y sobre los que más práctica tengo, ahora también disfruto muchísimo con todo tipo de recetas.


Pronto mi estantería se llenó de nuevos libros, pero todos apuntaban en una misma dirección: la comida, tanto la tradicional como la más contemporánea, y abarcando todas las cocinas del mundo que estén a mi alcance. 


Pero tanto en literatura como en cocina, hay un elemento más que me caracteriza, y muchos lo conocen: la presencia de mis raíces, mi tierra, Galicia. Desde pequeña he leído muchas obras de literatura gallega, y actualmente la comida tradicional de Galicia ocupa un lugar especial en mi recetario, sobre todo gracias a mi madre y a mi abuela, que han conseguido conservar durante muchísimos años el legado culinario de mi familia y de mi zona. 


En resumen: cocinar y leer van de la mano en mi día a día (y si no me creéis preguntádselo a mi madre, que ya no sabe cómo hacerme sitio en la estantería para tanto libro de cocina). 

Así que cuando vi la propuesta para este mes de La Cocina Typical Spanish, #entrelibrosandaelguiso, no me pude resistir y me lancé a la búsqueda de una buena obra que me inspirase para una nueva creación. 


Quería que fuese, por supuesto, una obra española, ya que de lo que se trata es de reivindicar la literatura y la cocina de nuestro país, pero además me hacía ilusión que tuviese algún vínculo con Galicia. Así que no tardé mucho en decidirme por la obra de Camilo José Cela, gallego de nacimiento, gran literato, y que refleja en muchas de sus obras la sociedad y el entorno de nuestra querida “terriña”. 


La obra escogida, en concreto, ha sido “La familia de Pascual Duarte”, publicada en 1942. Y muchos ya estaréis pensando: ¿qué tiene que ver esto con Galicia, si en la novela Pascual Duarte, el protagonista, es extremeño? Pues tiene que ver, porque en la boda de este personaje, se describe un banquete en el que Cela, no sé si intencionadamente o por casualidad, incluye varios ejemplos de platos y preparaciones culinarias muy típicas en Galicia. Os dejo con el fragmento concreto para que lo entendáis mejor: 

Cuando acabó la función de iglesia -cosa que nunca creí que llegara a suceder- nos llegamos todos, y como en comisión, hasta mi casa, donde, sin grandes comodidades, pero con la mejor voluntad del mundo, habíamos preparado de comer y de beber hasta hartarse para todos los que fueron y para el doble que hubieran ido. Para las mujeres había chocolate con tejeringos, y tortas de almendra, y bizcochada, y pan de higo, y para los hombres había manzanilla y tapitas de chorizo, de morcón, de aceitunas, de sardinas en lata... Sé que hubo en el pueblo quien me criticó por no haber dado de comer; allá ellos.
La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela (convite de la boda de Pascual y Lola)


De todos estos manjares, el elegido ha sido nada más y nada menos que la bizcochada, un postre que se hace aquí en Galicia y que resulta muy sencillo de preparar y muy sabroso. Es un bizcocho sin levadura, que además no lleva demasiada harina, pero sí una cantidad considerable de huevos, que lo hacen muy esponjoso. El limón es el que da ese toque de sabor tan fresco y que acompaña estupendamente un buen café tanto en el desayuno como después de una buena comida. Aunque podemos hacer variaciones añadiendo, como he probado yo, algo de zumo de naranja o un toque de vainilla, ya os digo desde este momento que no es necesario cambiarle nada para obtener un postre delicioso que hará las delicias de todos. 


La receta original que os traigo está extraída del libro La Cocina Gallega, de Álvaro Cunqueiro, otro de los grandes de la literatura gallega, excelente narrador y creador de historias, con una imaginación desbordante y una calidad extraordinaria para mi gusto. Así que, como veis, ¡hasta la receta misma tiene que ver con los libros!


Os dejo dos versiones de la receta, en las que únicamente varían los ingredientes utilizados, por dos razones:
  • He querido traer al blog una receta apta para celíacos, y por eso he adaptado los ingredientes proponiendo así una versión sin gluten.
  • Hice esta bizcochada en dos ocasiones; en una de ellas me ceñí a la receta original, y en la otra probé a añadirle algo de naranja y vainilla, y también gustó mucho. Podéis probar cuál os gusta más, ya que ambas tienen exactamente la misma preparación.


Aquí os dejo la receta, animaos porque es sencilla y deliciosa. 


Receta de Bizcochada gallega (versión tradicional)
Ingredientes para un molde de 18 cm:
- 6 huevos medianos
- 250 gr de azúcar blanco
- 150 gr de harina de trigo
- 1 limón ecológico

Receta de bizcochada gallega (versión sin gluten y aromatizada)
Ingredientes para un molde de 18 cm:
- 6 huevos medianos
- 250 gr de azúcar blanco
- 50 gr de harina de arroz
- 50 gr de harina de maíz
- 50 gr de harina de espelta integral
- Medio limón ecológico
- 3 cucharadas de zumo de naranja natural
- 2 cucharaditas de agua de azahar
- 1 cucharada de extracto de vainilla

Precalentamos el horno a 200º.

En primer lugar, cascamos los huevos y separamos las yemas de las claras. 

Exprimimos el zumo de limón y rallamos la piel. En un bol, mezclamos las yemas con el azúcar, y añadimos el zumo y la ralladura. Batimos bien hasta que la mezcla blanquee.

En otro recipiente amplio, montamos las claras a punto de nieve. Cuando formen picos firmes, las incorporaremos a la mezcla de yemas y azúcar. Integramos bien la mezcla con ayuda de una espátula o lengua, con movimientos envolventes.

Tamizamos la harina y la añadimos poco a poco a la mezcla, integrándola también con movimientos envolventes para evitar que se nos bajen las claras. 

OPCIÓN 2: Añadimos dos cucharadas de zumo de naranja, el agua de azahar, el extracto de vainilla, y mezclamos.

Forramos con papel de horno un molde redondo de unos 18 cm, o bien podemos engrasarlo con mantequilla y harina, para evitar que se nos pegue el bizcocho. Echamos dentro nuestra masa, y lo metemos al horno durante unos 45 minutos, hasta que la superficie se haya dorado bien y al pincharlo con un palillo éste salga limpio.

Desmoldamos y dejamos enfriar.


Como habréis comprobado, una receta sencilla, rápida y rica, pero rica de verdad. Os animo a que la hagáis en casa, y la compartáis con vuestros familiares y amigos, que es lo típico aquí en Galicia con un dulce como este. 

El bizcocho es bastante grande y da para bastantes raciones. En mi familia, lo solía preparar mi bisabuela, que lo horneaba en una olla (era como se hacía tradicionalmente), y con el desayunaba toda la familia. Vosotros si queréis podéis reducir las cantidades fácilmente, por ejemplo usando 3 huevos en lugar de 6 y dividiendo las cantidades de los demás ingredientes a la mitad. También he probado a hacerlo y no supone ningún problema, ya que el bizcocho sale bueno igualmente. 


No os entretengo más, que seguro que estáis impacientes por conocer qué han cocinado mis compañeras de reto. Para ello sólo tenéis que clicar aquí, y ver el recopilatorio de recetas estupendas que os proponen, ¡no os las perdáis!

Nos vemos pronto, que os tengo que contar mi aventura castellana y mi aventura asturiana de estos últimos meses (¡me puse las botas, viva la cocina española!).

Un biquiño!

Información nutricional de la Bizcochada gallega
Calorías totales: 1975 kcal
Calorías por ración (25 raciones): 395 kcal/ración

domingo, 5 de abril de 2015

La inspiración más dulce: rocas de tres chocolates


Desde que tengo memoria, una de mis perdiciones, gastronómicamente hablando, siempre ha sido el chocolate. 


Sobre todo el chocolate con leche. Cuando era pequeña, me encantaba la combinación chocolate con leche+bollo de leche para la merienda. Era toda una rareza en mi casa, pero el día que me esperaba ese bollito relleno con unas onzas de chocolate tras salir del cole por la tarde… aish, eso era maná. 


Luego fui creciendo y empecé a tirar más por el chocolate negro. Sí, ese que te deja un sabor amargo al deshacerse en la boca, y que no empalaga tanto como el chocolate con leche. Y, aunque nunca fui demasiado devota del chocolate blanco, si venía combinado con algún otro dulce (galleta, bizcocho…), tampoco le hacía ascos eh.


Luego llegó la universidad… y con ella la perdición.


Ahora me cuido mucho y he restringido los dulces, sobre todo los procesados, de mi día a día, pero recuerdo que antes era capaz de pegarme unos atracones de chocolate en época de exámenes que no sé cómo no se me ponía cara de tableta. 

De verdad que era preocupante la cosa. Con la excusa de: “mi cerebro necesita glucosa para funcionar”, hacía más visitas al ultramarinos de la esquina de las que debía; el dependiente me veía más en época de exámenes que durante el resto del año. Pero es que, jolín, ya sabéis que mis estudios son muy importantes para mí, y como veis, el binomio sobresaliente-chocolate estaba asegurado. 

No, bromas aparte, no sé cómo no alcancé más picos de glucosa durante la carrera. 


La verdad, a quien me conozca no debería extrañarle mucho mi afición por el chocolate. Para empezar, es casi casi genética. Prácticamente toda mi familia se declara fan absoluta del chocolate, sobre todo negro. Después de panarras (el pan siempre es el número uno en casa, y de ahí no lo baja nadie), somos chocoadictos. Y si ya mezclamos pan y chocolate, esto es el acabose. 

Era de esperar que se desarrollase en mí esta pasión chocolatera desde muy pequeña, aunque tengo que decir que no lo comía muy a menudo. No porque no quisiera, pero mi madre me lo daba en ocasiones especiales, no todos los días ni mucho menos. Era casi como un pequeño regalo que me hacía a veces en las meriendas, y que yo apreciaba muchísimo. Todavía recuerdo alguna ocasión en que llegaba del cole a las seis y tenía esperándome el yogur de rigor, el petit-suisse y un bollito de pan con unas onzas de chocolate con leche (normalmente, era un bocadillo de pavo y queso). Madre mía, qué recuerdos. 


Así que en cuanto vi el nuevo reto para este mes de Cooking the Chef, no pude resistirme y me puse a buscar como una loca una receta que fuese dulce y cuyo protagonista fuese, por supuesto, el chocolate. 


Y es que este mes Aisha y April nos han propuesto a una cocinera que se declara públicamente fan incondicional de las recetas dulces, y que aun por encima cuenta con un libro en el mercado exclusivamente dedicado al chocolate. Vamos, que la ocasión bien lo merecía, ¿no?


Como algunos ya habréis adivinado, esta chef es nada más y nada menos que Samantha Vallejo-Nájera.


Debo confesar que no es uno de mis referentes principales a la hora de ponerme a cocinar o a buscar recetas. Es una cocinera que me gustaba cuando la veía en sus programas de Canal Cocina, con su estilo tan personal, su tono alegre y su sentido del humor en la cocina. Pero qué queréis que os diga… con Masterchef se me cayó bastante el mito. No es que no me guste, pero la veo con otros ojos, y únicamente sigo sus creaciones en El toque de Samantha, porque me sigue pareciendo entretenido y lo más importante: ofrece una grandísima variedad de recetas, de tradiciones gastronómicas muy distintas e interesantes.

Y si no me creéis, echad un vistazo al recopilatorio de recetas que han hecho mis compañeros y compañeras de reto pinchando aquí. ¡Las hay para todos los gustos!


Pero yo hoy no os traigo nada fuera de lo común. Es más, la receta que he escogido os resultará muy familiar, y apuesto lo que sea a que lo podéis encontrar en el escaparate de casi cualquier pastelería de vuestra zona.


Se trata de unas deliciosas rocas de tres chocolates, perfectas para acompañar cualquier merienda dulce, el café de la mañana o el de después de la comida, y una maravillosa idea para regalar a vuestros seres queridos en cualquier ocasión especial. ¡Y qué mejor ocasión que un día como hoy, en que celebramos la Pascua! Ale, todo el mundo a las cocinas, vuestros ahijados y ahijadas lo merecen, jeje.


La receta la he adaptado de dos que Samantha ha elaborado para su programa de Canal Cocina y que podéis consultar aquí y aquí

He variado un poco las cantidades para que me salieran menos de cada sabor y poder hacerlas variadas y pequeñas. Pero como siempre os digo, podéis adaptar esto en función de vuestros gustos, os aseguro que si respetáis las proporciones de la receta os saldrán igual de buenas.


No os entretengo más, que supongo que ya se os estará empezando a hacer la boca agua sólo de escuchar tanto la palabra CHO-CO-LA-TE (desde luego, a mí sí… ñaaaaam!). Aquí va la receta, tomad nota porque está de vicio…

Receta de rocas de tres chocolates
Ingredientes para media docena de rocas de chocolate negro:
- 60 gr de chocolate negro (cuanto mayor sea el porcentaje de cacao, mejor) 
- 15 gr de almendra crocanti
- 20 gr de almendra laminada

Ingredientes para media docena de rocas de chocolate blanco:
- 60 gr de chocolate blanco
- 20 gr de arroz inflado (yo usé arroz inflado ecológico con frutas del bosque, de ahí que tengan un ligero color rosado y violeta)

Ingredientes para media docena de rocas de chocolate con leche:
- 60 gr de chocolate con leche
- 30 gr de nueces picadas

En primer lugar, cortamos cada chocolate en pequeñas porciones, que más o menos sean del mismo tamaño para que se fundan uniformemente. Añadimos cada uno a un recipiente apto para el microondas. Pesamos el resto de ingredientes y los reservamos.

Fundimos cada chocolate por separado en el microondas: los chocolates negro y con leche a máxima potencia, durante 30 segundos. Removemos bien con una cuchara para que se funda con el calor residual, y si aún queda algún pedazo sin fundir, lo volvemos a introducir al microondas en intervalos de 5 segundos. El chocolate blanco lo fundimos también en el microondas a máxima potencia, pero en este caso lo dejaremos sólo 15 segundos, removemos bien, e iremos introduciéndolo en intervalos de 5 segundos hasta que se termine de fundir.

Añadimos en cada recipiente los ingredientes previamente pesados, y según la textura y consistencia que deseemos, podemos variar las cantidades añadiendo más frutos secos o cereales.

Preparamos una lámina de papel de horno (sulfurizado) sobre una bandeja. Con ayuda de una cuchara pequeña, vamos cogiendo porciones de nuestro chocolate y haciendo pequeños montoncitos sobre el papel. A mí me gusta que los dulces de este tipo sean más bien pequeños y se puedan degustar en máximo un par de bocados, creo que así se consigue que no empalaguen tanto y se pueda repetir y probar otros sabores. Pero vosotros ponedlos del tamaño que queráis, aunque pensad que si queréis unas rocas más grandes, en lugar de 6 obtendréis 4 de cada chocolate. 

Una vez colocadas en la bandeja, la introduciremos en el frigorífico durante 15 minutos, hasta que se hayan endurecido. Las separamos del papel, y las servimos a temperatura ambiente.

Para conservar las rocas más días, podéis dejarlas a temperatura ambiente en un recipiente hermético. Otra opción es que las dejéis en un cuenco, tapadas con papel de cocina, dentro de la nevera, como ha sido mi caso, ya que en mi casa la temperatura es bastante templadita (es que fuera hace frío…), y no me gusta que se derritan al comerlas.


Es una receta fácil, rápida y deliciosa. Si te gusta el chocolate, claro está. Y sí, conozco a gente a la que no le gusta el chocolate, os lo aclaro por si os estabais preguntando si eso era posible.

Rarezas aparte, las rocas de chocolate son un dulce súper versátil y que permite múltiples variaciones. Podéis añadir otros frutos secos, cereales, o incluso fruta deshidratada. También os recomiendo que probéis qué chocolate os funciona mejor, pensad que debe fundirse correctamente y tener una textura firme en frío. Y lo más importante: estar rico de sabor. Obviamente una tableta de chocolate que normalmente no os comeríais sola no va a cambiar su sabor por presentarla de este modo. Pensad que todo lo que le añadáis no variará el sabor de la base, cuyo protagonista indiscutible es el chocolate. Podéis comprar chocolate especial para postres si os gusta especialmente, pero yo para estos casos prefiero usar tabletas normales, creo que dan mejores resultados. Y el chocolate negro, cuanto mayor proporción de cacao tenga, mejor que mejor. 


En cuanto al grado de dificultad de la receta, ya veis que es sencilla, sencilla. Lo único que os puede dar problemas es el fundido del chocolate, para eso os recomiendo que vayáis poco a poco con los tiempos en el microondas. Así podréis vigilar que no se os pase, sobre todo con el chocolate blanco que es el que suele dar más quebraderos de cabeza. Yo por ejemplo siempre solía quemarlo, hasta que empecé a probar temperatura, tiempos y tamaños de onzas para el fundido, y finalmente creo que la clave está en cortar el chocolate en trozos pequeños y más o menos iguales, y emplear tiempos cortos. Si seguís estos consejos no deberíais tener problema y conseguiréis unos dulces maravillosos para cualquier ocasión. 


Qué, estáis ya haciendo la lista de la compra para tener a mano cuanto antes los ingredientes para preparar esta receta, ¿a que sí? Pues os aconsejo que compréis más cantidad porque la mitad os las comeréis vosotros cuando vuestra cocina empiece a oler a chocolate por todos los rincones… avisados estáis…

Yo ahora os dejo, que tengo que deshacer las maletas. Acabo de llegar de una maravillosa escapada a tierras asturianas y tengo toooodo el equipaje sin recoger. Ya os contaré si puedo en otra entrada de forma resumida el balance de este viaje y alguna que otra referencia gastronómica, que conociéndome no podía faltar :) 

Un beso enorme a todos, y que disfrutéis de este último día de Semana Santa. Que vuestros padrinos y madrinas sean generosos y os atiborren a chocolate (¡viva la Pascua!).

Información nutricional de las rocas de tres chocolates:
Calorías totales: 1572 kcal
Calorías por ración (18 raciones/rocas): 83,3 kcal/roca

viernes, 27 de marzo de 2015

¿Hambre de pan? Viajamos a la provenza con estas "mini fougasse"


Bueno, hoy vengo con una entrada un poco exprés, ya que en exactamente dos minutos tengo que salir a trabajar y necesito como sea llegar a tiempo a este nuevo reto de Bake the World. Estaba bastante impaciente porque, como sabéis, el mes pasado no hubo ninguna entrada dedicada al pan, como suele ser habitual, pero esta vez Clara y Virginia de nuevo se han puesto manos a la obra para proponernos un nuevo reto este mes de marzo, en el que por supuesto tenía que participar.


Así que aquí estoy un mes más con la propuesta de turno, que en este caso me ha hecho viajar en dos direcciones distintas.


Me refiero a Francia, por un lado, de donde proviene esta maravillosa Fougasse, un pan cuyo origen se encuentra en la región de la Provenza y que podemos encontrar igualmente en el resto del país galo, con múltiples variaciones.


Y por otro lado, a Italia y en general todo el mediterráneo, de dónde he decidido coger la inspiración para combinar los sabores que he integrado en esta nueva receta. En este caso, el orégano, el parmesano, la albahaca y un toque de ajo han conseguido un pan muy pero que muy sabroso y que puede tomarse tanto sólo como acompañado de aceite, paté o un buen queso.


La fougasse, además, entronca con la tradición panadera tanto de Italia como de España, pues es una pieza muy similar a la focaccia y a nuestra hogaza tradicional. Como dato curioso, decir que este pan se solía preparar como una prueba para controlar la temperatura del horno, que se medía en función del tiempo que tardaba en cocerse la masa, y así después hacer otro tipo de panes. 


El caso es que en algún momento a alguien se le debió de ocurrir probarlo (es lo que tiene el pan, que a no ser que lo hayamos calcinado o estropeado por error -pecado mortal- siempre apetece tomar un trozo), y quedaría encantado con el resultado, si no no se seguiría haciendo, digo yo. 


A mí siempre me había llamado la atención por su característica forma, pero nunca me había atrevido a hacerlo en casa, porque tenía la idea en mi cabeza (no sé por qué), de que sería un pan muy duro, tipo crostini. Pero en absoluto, no tiene nada que ver. Aunque tenga una apariencia de pan plano, la corteza es de una dureza media y la miga es muy esponjosa, así que nos puede valer tanto para acompañar una comida como para tomarla como base de una buena tosta de jamón, aceite, o lo que se nos ocurra. O, por supuesto, para tomarla sola, porque de verdad que está muy rica.


En este último caso, yo recomiendo jugar con los sabores y probar a añadirle diferentes ingredientes o especias. Tenéis multitud de recetas en la web para inspiraros, desde algunas más sencillas con romero y aceite de oliva, u orégano como hice yo, hasta otras más complicadas (aunque con una pinta estupendísima) con salmón, anchoas, tomate, e incluso rellenas de verduras (esta la tengo que probar en un futuro próximo...). 


Ya veis que no es muy complicado variar los sabores. Yo he decidido traeros tanto la propuesta original como una más personal que he llamado fougasse mediterránea, por los sabores que os comenté al principio de la entrada, y que a mí me transportan automáticamente a la toscana italiana. 

Decir también que la receta básica la he sacado del libro Pan con webos fritos, de Susana Pérez y Jesús Cerezo (página 44, sección "Masa básica"), y no tengo queja alguna. Me encanta este libro, que me dejaron los Reyes Magos este año en mi casa, y ha sido una grata sorpresa en cuanto a las ideas que trae, sus recetas, explicaciones (clarísimas y sencillas), y fotografías (te entra hambre sólo de mirarlas). Yo os lo recomiendo al 100%, sobre todo si estáis empezando en esto del mundillo panarra y queréis aprender de cero. Su os ayudará con todo, como siempre hace en sus recetas que podéis consultar en la web Webos Fritos, que seguramente todos conoceréis ya. Si no, ¡¿a qué estáis esperando para visitarla?! Para mí, es una referencia obligada en la blogosfera culinaria. Sus recetas, os lo aseguro, nunca fallan. Y en este caso no ha sido menos. Gracias Su!


Sin más, os dejo con la receta. Veréis que es muy pero que muy sencilla y que requiere poco tiempo para prepararla. ¿Qué más se puede pedir?

Fougasse
Ingredientes para 4 mini fougasse
- 300 gr de harina
- 185 gr de agua a temperatura ambiente
- 6 gr de levadura fresca
- 6 gr de sal

Para las fougasse mediterráneas:
- 2 cucharaditas de orégano
- 1 cucharadita de albahaca
- 1/2 cucharadita de ajo en polvo
- 1 cucharadita de queso parmesano en polvo
- Unas gotas de aceite de oliva virgen extra

En un cuenco, echamos la harina y desmenuzamos encima la levadura fresca. Añadimos la sal y el agua, y mezclamos bien con ayuda de una rasqueta o bien con las manos. Yo recomiendo usar una rasqueta porque es una masa muy húmeda. Una vez se integren bien los ingredientes, volcamos la masa sobre una encimera enharinada y seguimos amasando hasta formar una bola. Podemos añadir algo de harina pero no más de una cucharada, si no después os quedará un pan demasiado duro. 

Si queremos hacer la masa de varios sabores, como yo he hecho, en este momento la dividiremos en las porciones que queramos. Yo dividí la masa a la mitad, y en uno de los pedazos añadí el orégano, la albahaca, el ajo, el parmesano y el aceite. Volvemos a amasar todo muy bien para que se integren bien todos los ingredientes de forma homogénea.

Estiramos la masa con ayuda de un rodillo formando un rectángulo con cada porción (no tiene por qué ser un rectángulo exacto, más o menos), y dejamos que repose durante una hora aproximadamente.

Pasado ese tiempo, precalentamos nuestro horno a 250º con calor arriba y abajo. Cogemos cada lámina de masa, y las dividimos en dos rectángulos, cortándolas en sentido transversal. Pasamos cada porción de masa a una bandeja con papel de hornear, dejando un espacio entre cada pieza, y realizamos en el interior un corte a lo largo, y varios cortes laterales tal y como veis en las imágenes. Los abrimos bien con los dedos ya que durante el horneado crecerán un poco y tenderán a cerrarse. Podemos añadir algún ingrediente más sobre los panes, como hice yo con una de las piezas a la que le añadí tomate cherry en tiras.

Metemos la bandeja en el horno, a media altura, y echamos un vaso con agua en la parte inferior del horno para que se cree vapor y así conseguir una corteza más crujiente. Bajamos la temperatura a 230º y horneamos de 12 a 15 minutos, hasta que las piezas se doren. Cuando estén listas, apagamos el horno y las dejamos enfriar sobre una rejilla.



Como podéis comprobar, es un pan muy sencillo, perfecto para los que os estéis iniciando en esto de las masas y encima no requiere demasiado tiempo de espera. Al fin y al cabo, sólo tiene un tiempo de leudado y un horneado corto. Así que si empezáis por la mañana, podréis tener a la hora de comer una buena pieza de pan recién hecho para degustar. ¿Puede haber algo mejor? Yo no lo creo :)

Además permite muchísimas variaciones. Yo he tirado por sabores mediterráneos porque me gustan mucho pero podríamos rellenarlo con ingredientes mucho más potentes: desde bacon, hasta atún, aceitunas, jamón, queso curado, etc. Os animo a que saquéis partido a vuestra imaginación y probéis distintas variedades. ¡Incluso he visto varias recetas en la que se puede hacer dulce! En este caso, no está de más añadir algo de mantequilla a la masa y un huevo, pero eso ya depende mucho de la receta que sigáis. 

Vamos, que lo disfrutéis porque realmente es un pan que merece la pena probar (a hacerlo y a comerlo, por supuesto, jeje).

Os dejo, ahora sí, que tengo mucho mucho trabajo y muy poco tiempo para hacerlo. Espero que paséis un fin de semana genial y por mi parte volveré muy pronto con una nueva receta y muchas, muchas cosas que contaros (os dejo con la intriga...). 

Un besiño enorme!

Información nutricional de la Fougasse
Calorías totales: 1100 kcal
Calorías por ración (4 raciones/mini fougasse): 275 kcal/fougasse


martes, 10 de marzo de 2015

Caldeirada de Bacalao (#teconozcobacalaoTS)


Aquí estamos, un mes más publicando para el Reto La Cocina Typical Spanish, al que le tenía muchas, pero que muchas ganas después de haberme sido imposible participar en el de febrero, cuyo elemento clave fue nada más y nada menos que la patata (podéis ver las recetas de mis compañeros en este enlace).


Esta vez, el ingrediente secreto me pareció maravilloso, por cercano, por rico y sobre todo porque es muy común en la tradición culinaria familiar. Se trata del bacalao, un pescado, para mi gusto, riquísimo, sano y encima muy de mi tierra, Galicia. Por eso no podía dejar escapar la ocasión para rendir tributo a la cocina gallega y traeros un plato típico de mi zona, con mucha pero que mucha tradición, que lleva presente en mi familia desde hace generaciones.


En los pueblos marineros de Galicia, hace décadas, además de la pesca de bajura, iban a Terranova y al Gran Sol a la captura del bacalao. Muchos pescadores marchaban durante meses a hacer la campaña (entre ellos mi abuelo), y al volver traían bacalao en salazón y maruca. Podréis deducir, por tanto, que se trataba de un elemento muy presente en la vida cotidiana de las familias de estos lugares, en cuyas casas se podía llegar a cocinar más de una vez por semana. Además, al traerlos en salazón, se conservaban durante todo el año.


La caldeirada es un tipo de cocido muy tradicional en la Galicia costera, así como en Portugal, que básicamente consiste en cocinar el pescado (ya sea bacalao, como en este caso, o bien merluza, verdel, o raya, entre otros) en una olla con abundante agua y una guarnición a base de patata, fundamentalmente. Recibe ese nombre porque antiguamente se cocía en un caldeiro (caldero), que solían ser de un tamaño considerable para abastecer a toda la familia.

Aunque se trata de un plato en esencia bastante humilde, también está presente en las mesas gallegas en fechas tan importantes como la Navidad, donde no suele faltar en las cenas como plato principal. 


Esta receta que os traigo es la que suele hacer mi abuela, que a su vez lo aprendió de su madre, y que por lo tanto lleva presente en mi familia varias generaciones. A nosotros nos encanta, y he preferido no variarla en absoluto para que podáis disfrutar de su sabor original. Aunque he de decir que admite modificaciones, como añadirle guisantes, por ejemplo, algo que ya hemos hecho más de una vez; y he de decir también que el hecho de que lleve batata o boniato es un “añadido” que hizo mi abuela hace no muchos años, cuando se empezó a introducir este tubérculo en nuestra zona (antiguamente, no lo había, así que simplemente se le echaba la patata, la coliflor y la cebolla).

Es muy típico también acompañar la caldeirada de bacalao con allada, una especie de salsa hecha a base de aceite de oliva, ajo y pimentón dulce. Está muy buena, pero como nosotros no la hacemos siempre, preferí quedarme con lo básico, y prescindir de ella. Aun así, si os apetece atreveros, su elaboración es bien sencilla, basta con freír el ajo en abundante aceite, y cuando se haya dorado bien, apagamos el fuego y añadimos el pimentón, que con el calor se irá tostando y desprenderá todo su aroma. 


Sin más, os dejo con la receta. Probadla y luego me contáis.

Caldeirada de bacalao
Ingredientes para 4 personas:
- 6 trozos de bacalao fresco limpio (opcionalmente se puede utilizar bacalao desalado)
- 4 patatas medianas
- 2 batatas medianas
- 1 coliflor grande
- 1 cebolla mediana
- 4 huevos
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal

En primer lugar, pelamos las patatas y las batatas, y las cortamos en rodajas gruesas. Echamos la patata en una olla grande, y la llenamos de agua hasta que quede sumergida. Añadimos también la cebolla entera. Ponemos la olla al fuego, a máxima potencia, y llevamos a ebullición. Cuando empiece a hervir, añadimos una pizca de sal; la cantidad de sal variará en función de si el bacalao es fresco o desalado. En este último caso, conviene quedarse corto antes que pasarse.

En un cazo aparte, cocemos los huevos en abundante agua hirviendo. Cuando estén listos, les quitamos la cáscara y los reservamos.

A media cocción, añadimos la batata en rodajas y la coliflor (previamente lavada y cortada en porciones grandes). En cuanto la coliflor comience a estar tierna, bajamos un poco el fuego (yo lo bajé del 9 al 7), y añadimos el pescado, que dejaremos cocer durante unos 5 minutos. 

Apagamos el fuego, y escurrimos el contenido de la olla. Servimos junto con el huevo cocido, y añadimos aceite de oliva virgen extra al gusto.


Es un plato sencillo, pero rico y muy sano. Encima acompaña muy bien a estos últimos días de invierno, que aunque el sol empieza ya a ganar presencia, las temperaturas siguen siendo bastante frías. Os prometo que con esta caldeirada entraréis en calor al momento, y os sentará de lujo, lo dijo de verdad. Si la probáis en vuestras casas, no dudéis en mandarme fotos con el resultado o dejadme vuestras impresiones en los comentarios, me encantará responderos y aclarar cualquier duda al respecto :)

Nos vemos pronto, ¡estoy ansiosa por ver lo que han cocinado mis compañeras del reto! Si vosotros también queréis descubrirlo, podéis hacerlo pinchando aquí.

Un biquiño! 

Información nutricional de la Caldeirada de bacalao
Calorías totales: 2234 kcal
Calorías por ración (4 raciones): 558,5 kcal/ración

jueves, 5 de marzo de 2015

¡Viajamos a Perú! Tabulé de quinoa


Vale, no, siento lo confuso del título, pero si os lo estabais preguntando, no me ha dado por cogerme ningún avión a Sudamérica (más quisiera yo...). Me refería a un viaje culinario, sí, un viaje de sabores gracias al nuevo reto de este mes de Cooking the Chef, que han organizado Aisha y April llevándonos a un país precioso como es Perú.


No es la primera vez que participo en este reto, pero hasta ahora me había sido imposible hacer mención a él en el blog. Así que hoy voy a aprovechar un poquito para contaros de qué va. Cooking the Chef busca rendir homenaje a cocineros y cocineras de todo el mundo, a través de la reproducción de sus platos y de la inspiración que nos suscita su trabajo.



Y este mes, el homenajeado es ni más ni menos que...


...¡Gastón Acurio!

Para los que no lo conozcáis como, he de reconocer, era mi caso hasta que me llegó el reto, os diré que se trata de uno de los más importantes cocineros de Latinoamérica, y quizás el más representativo de su tierra natal, Perú. Cuenta con más de 30 restaurantes a lo largo y ancho de todo el mundo, en los que refleja los sabores más tradicionales de su país, pero con una presentación moderna y muy cuidada.

Personalmente, nunca me había acercado a la cocina peruana, no tenía ni idea de cuáles eran sus ingredientes estrellas o sus platos más tradicionales. Dejando de lado el clásico ceviche, que se ha popularizado bastante hoy en día casi hasta el punto de perder su esencia inicial, estaba completamente en blanco en cuanto a este tipo de gastronomía. Por eso mi alegría al ver la propuesta de este mes fue doble: sabía que iba a aprender muchísimo con este nuevo reto, en el que me embarqué de inmediato.



El problema, que no es difícil de detectar, estaba por supuesto en los ingredientes de las recetas. Quizás para los que viváis en Madrid o Barcelona no sea tan complicado encontrar ciertos ingredientes que, bien gracias a las tiendas especializadas como a las grandes superficies, son algo más accesibles al público; pero para los que como yo vivimos en pueblos pequeños, la cosa cambia. Y, muy a mi pesar, tuve que contar desde un principio con esta limitación, que influyó mucho a la hora de escoger la receta que elaboraría.


Finalmente, me decanté por este tabulé de quinoa, un plato que muchos de vosotros habréis visto en múltiples cocinas de todo el mundo (sobre todo en la tradición árabe), pero que a lo mejor no sabíais que está muy presente en la gastronomía peruana tradicional.



Tabbouleh, quinua, tabulé… distintas formas de llamar a un plato muy vistoso y lleno de sabor, que me ha sorprendido muy gratamente por lo sencillo de su elaboración y lo sano y nutritivo que es. La quinoa (o quinua) es un pseudocereal que aquí en España todavía no es demasiado popular, y cuando lo compramos en tiendas especializadas o grandes superficies, su precio suele ser elevado; sin embargo, en Perú se utiliza muchísimo, desde hace más de 5000 años. Por su bajo contenido en grasas es muy adecuada si estáis a dieta, ya que además es muy rica en fibra, proteínas, minerales y vitaminas. Os recomiendo que la probéis, porque en la cocina es súper versátil (podemos hacer con ella desde ensaladas, hasta hamburguesas, guarniciones o incluso desayunos tipo gachas), y muy pero que muy sana.


Pero entrando ya a comentar la receta, he de deciros que está saca del libro “Gastón Acurio en tu cocina”, concretamente del volumen 3, “Maíz, arroz y otros cereales” (pp. 20-21). Los cambios que he hecho, al margen de ajustar las cantidades, se resumen básicamente en dos aspectos: suprimir el huacatay (una planta aromática difícil de encontrar aquí) y substituir el ají (sí, lo sé, quizás el ingrediente más característico de la cocina peruana, ¡pero es que no fui capaz de encontrarlo!) por pimiento normal y por distintos tipo de tomates cherry.


Esta es mi propuesta, pero para aquellos que prefiráis optar por la receta original, os propongo dos alternativas: una es que busquéis los ingredientes originales, si os resulta posible, y hagáis la receta de Gastón tal cual (podéis acceder al libro de forma gratuita en ISSUU); y la otra es que probéis el plato directamente de su cocina. Sí, habéis oído bien, es posible degustar la cocina de Gastón, concretamente en Madrid y Barcelona, donde podemos encontrar uno de sus restaurantes, Tanta. En su carta veréis que mezcla el concepto de cocina tradicional peruana, con platos tan típicos como el ceviche o la causa limeña, pero con un espacio reservado para la cocina fusión, con guiños a la comida asiática, española, o incluso africana. Si no me creéis, consultad su carta, os sorprenderá.


Sin más, os dejo con la receta.

Tabulé de quinoa
Ingredientes para 4 personas:
- 100 gr de quinoa
- ½ pimiento amarillo o rojo
- 1 tomate
- 12 tomates cherry variados (amarillo, pera, kumato y amarillo pera)
- 1 cebolla morada
- 1 pepino
- 12 ramitas de cilantro
- 15 hojas de hierbabuena
- 12 ramitas de perejil
- 2 limas
- Pimienta blanca
- Sal
- Aceite de oliva

En primer lugar, lavaremos bien la quinoa bajo un chorro de agua fría. La añadimos a un cazo con más agua, y lo calentaremos hasta llevarlo a ebullición. Lo dejaremos hervir unos 3 minutos. Pasado este tiempo, bajamos la temperatura a fuego medio-bajo, y la cocinamos tapada unos 10 minutos más. Apagamos el fuego, colamos bien la quinoa, y la dejamos enfriar a temperatura ambiente.

Picamos el resto de ingredientes, en porciones pequeñas y más o menos iguales. Exprimimos las limas y vertemos el zumo en un cuenco, al que añadiremos los tomates, la cebolla y el pepino previamente picados. Echamos también las hierbas aromáticas, picadas muy finas, y removemos todo bien. En este punto podemos añadir aceite al gusto, aproximadamente una o dos cucharadas. Yo apenas añadí, porque me parecía que los sabores casaban bien sin echar demasiado. Dejamos macerar esta mezcla durante 10-15 minutos.

Transcurrido este tiempo, añadimos la quinoa y removemos todo muy bien. Refrigeraremos el tabulé entre media hora y una hora, dependiendo del tiempo de que dispongamos. Yo lo tuve en la nevera 40 minutos, y fue suficiente.

Rectificamos de sal, y añadimos la pimienta blanca molida. Servimos bien fría.


Es un plato que puede servir tanto de entrante, a modo de ensalada ligera, como de guarnición, dependiendo de la cantidad que hagamos. Yo lo serví como primer plato y funcionó muy bien, ya que tiene un sabor muy potente y además sacia bastante.


Puestos a hacer correcciones o cambios, para la próxima vez añadiría menos cebolla, y quizás probaría a disminuir la cantidad de zumo de lima, porque para mi gusto (he de decir que estoy muy poco acostumbrada a comidas o sabores con tanta potencia) resultaba demasiado fuerte.

Como siempre, os animo a cocinarlo y degustarlo, y a que después me contéis cómo os ha salido y qué os ha parecido. Igualmente, no os perdáis las recetas de mis compañeros de reto, ¡estoy segura de que no os defraudarán!


Nos vemos pronto, con nuevos sabores y nuevas noticias.

Un besiño!

Información nutricional del Tabulé de quinoa
Calorías totales: 620 kcal
Calorías por ración (4 raciones): 155 kcal/ración